martes, 15 de agosto de 2017

LA TÍA MAÍSA Y SUS SABIAS ENSEÑANZAS

         Hace tiempo, hasta aquél apartado lugar cuyo recuerdo aún me produce una profunda inquietud, iba a realizar su honesto trabajo diario, de asear los vestuarios y otros locales de la fábrica, una hacendosa y pulcra mujer, que dejaba tras su paso y el  de sus herramientas de trabajo la huella inconfundible de la limpieza y el olor saludable de la higienización. Pero el tiempo pasó y el de la señora Carmen también, y entonces cambiaron las cosas y como si vinieran conducidas por la mano de la Bruja Coruja, en su lugar se designaron a dos chicas mucho más jóvenes y vistosas, aunque a decir verdad, con muy poca vocación al oficio, pero muy obedientes y disciplinadas. Encargadas de cumplir la importantísima misión de modificar los hábitos empezaron su original labor cambiando el calendario de limpiezas, por lo que en lugar de ir todos los días de lunes a viernes, pensaron que era mejor ir un solo día a la semana que no fuese ni lunes ni viernes, y por supuesto, ni sábados, ni domingos, ni fiestas de guardar, a llevarse las bolsas de basura generada y a dedicarle un máximo de cinco minutos, a lo que ingeniosamente denominaron los que mandan, aseo y limpieza ecológica de los dos cuartos que usan los currantes, que no pueden tener el mismo tratamiento que los pulcros y fragantes despachos que utilizan los jefes de la factoría.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
El caso es que estaba yo un día pensando en las musarañas, que no es lo mismo que hacerlo en las arañas del retrete, porque de la inmensa fauna que puebla el reducido espacio interior de aquellos cuartos no toca hablar ahora, sino en su momento, cuando al mirar por la ventana vi acercarse una fuerte tormenta que amenazaba descargar por aquí todo lo que llevaba dentro de mala leche y mucho más.
Como era la hora de la digestión, la verdad, no estoy muy seguro de que la primera impresión que captaron mis sentidos no fuera producto de un espejismo circunstancial, pero lo cierto es que al volver a mirar las vi subir por las escaleras del cuarto de aseo, luciendo sus monísimos uniformes color rosa con grandes vetas verde manzana, que decoraba sutilmente un lacito en el pecho con los colores de la enseña nacional, de distinguida y patriótica empresa de servicios pulcra y formal, y provistas del delicado instrumental técnico necesario para poner en práctica el fabuloso invento tanto tiempo ensayado en este mismo sitio.
Por supuesto, las dos hermosas muchachas estaban decididas a dejar claro para qué estaban allí con su palmito, e inmediatamente comenzaron su labor, supuestamente aséptica, por los lugares menos agradables precisamente, el retrete, la ducha, los lavabos, y los vestuarios, y en no más de cinco minutos el trabajo estaba realizado en su totalidad, y se podía entrar allí a respirar el agradable aroma del ambientador que utilizan después de cada operación higiénica, que es mucho más fino, delicado y respetuoso con la profesión y las señoras técnicas en el oficio, que decir “Después de fregar los suelos”, cuya sola mención me consta que les produce náuseas incontenibles.
Subieron entonces al cuarto de arriba a continuar con su fatigosa actividad científica en este otro lugar de trabajo, cargadas nuevamente con las delicadas herramientas del oficio, además de la fregona y el cubo con el agua achocolatada que había quedado de la higienización del cuarto de aseo, y con este agua, sin lejía, sin amoniaco, ni otra sustancia cualquiera susceptible de degradar los suelos más de lo que ya estaban erosionados, por el efecto de la actividad intensiva a que se les había estado sometiendo cada ocho o diez días en los últimos tiempos, siempre dependiendo, claro está, de la disponibilidad de las señoras técnicas en el oficio. No obstante, alguna que otra vez llegaron a utilizar una pizquita de lejía o amoniaco, pero eso sí, sólo con la sana intención de estudiar las posibles diferencias que pudieran observarse del estudio comparativo entre el tratamiento tradicional y el ecológico, de ninguna manera había intención de volver a utilizar los métodos anteriores.
Foto: Francisco Atanasio Hernández
Con el nuevo método, los suelos se friegan con agua clara, eso sí, hasta que deja de estarlo y se convierte en un oscuro líquido pastoso de indefinida calificación séptica que mueve las impurezas de un sitio a otro con el fin de que no se encariñen con el lugar y echen raíces, y después entra en juego el ambientador, dando un toque de elegancia y distinción al invento ecológico más notable de la era moderna.
  Según algunos entendidos, si se analizara minuciosamente el revolucionario descubrimiento se observaría que alberga innumerables ventajas. Por un lado, al utilizar el mismo agua para fregar los dos cuartos, hay un notable ahorro de agua corriente, que en una tierra sedienta como la nuestra, siempre tiene que ser motivo de agradecimiento a los promotores. Por otro, al utilizar el agua y solamente el agua, para fregar, sin agentes que agredan los suelos y los degraden, éstos se conservan mucho más tiempo y mejor, pero sobre todo, se consigue el objetivo más importante, el más altruista, que es el de respetar el ecosistema, conservando vivos todos los insectos y virus del lugar, moscas, mosquitos, arañas, hormigas, cucarachas, cochinillas, avispas, etc.

Hay un par de moscas y un mosquito en particular que me gustaría cogerlos por mi cuenta, pero no puedo hacerlo, porque me expongo a que se engendre sobre mí una poderosa tormenta con rayos y truenos incluidos de impredecibles consecuencias para mi integridad física. Se diría que las dos moscas y el mosquito actúan coordinada y deliberadamente, pues mientras que cada una de las moscas me incordia por la cabeza, la cara, los brazos, y cualquier otra parte de mi cuerpo que se encuentre descubierta, el mosquito busca un hueco por donde introducir su fino aguijón y me chupa la sangre hasta que se harta y tiene que irse a un lugar tranquilo a reposar el banquete que cada día se da a mi costa. Pero siguiendo con las moscas, cuando de verdad se ponen irresistibles es el momento en que empiezo a desliar el bocadillo para almorzar, porque entonces una de ellas, me molesta con muy mala leche, propinándome picotazos en todo el cuerpo a una velocidad de vértigo, y mientras intento deshacerme de esa, la otra invade la zona de la merienda que está reservada para el ejercicio de mis mandíbulas, y a veces me resulta bastante difícil hincarle el diente sin correr el riesgo de llevarme también para dentro a la mosca en cuestión, que por otra parte, confieso que en ocasiones no me importaría en absoluto si eso solucionara el problema, total, ojos que no ven...
Foto: Francisco Atanasio Hernández
Las cochinillas y las cucarachas, son esos domésticos animalitos que tan mala reputación tienen entre las hacendosas amas de casa de ambos sexos, especialmente para quienes desarrollan su actividad laboral cotidiana en el dulce y cálido hogar familiar. En los hogares cuando aparece una cucaracha, o una cochinilla, paseando tranquilamente por la cocina, la galería, o  por cualquier otro lugar de la casa, enseguida se activa la alarma y se buscan todo tipo de insecticidas posibles con los que se las pueda eliminar a todas, incluso los huevos, porque su capacidad de reproducción es impresionante.
En cambio en el lugar de trabajo del que hablo, tanto el cuarto de control, como el aseo-vestuario, es transitado por unos y otros animalitos de los mencionados sin ningún tipo de trabas, y hacen sus posturas en los rincones que mejor les parece, porque a esos escondidos lugares nunca llegan las escobas ni las fregonas.
Justo en la misma puerta del cuarto de control hay varios hormigueros, de los que habitualmente y con toda normalidad salen los animalitos y cruzan el umbral de la puerta en ordenadas y finas hileras en busca de algo comestible que puedan transportar hasta sus domicilios subterráneos. La papelera, es también un lugar ideal donde las hormiguitas realizan permanentes incursiones a por las suculentas provisiones que suele contener, ya que algunos de los compañeros, sin duda influidos por el sano ambiente ecologista que se respira por allí, echan en ella todo tipo de restos, papeles, botellas, latas, pan, peladuras de frutas, etc., con el delicado propósito de que nuestras amiguitas lo utilicen de comedero, porque por estos lugares las papeleras sólo se vacían una o dos veces a la semana, ya que como se sabe las bolsas de plástico es material no biodegradable, y cuantas menos bolsas se retiren menos se contamina.
Todo ello a pesar de que a veces, las pobrecitas te molestan un poco, sobre todo cuando las notas subir por las piernas para arriba y alguna de ellas, más borde de lo normal, tiene la ocurrencia de probar la eficacia de sus poderosas mandíbulas justo cuando se encuentra en el testículo derecho, o cuando estás leyendo a Félix Rodríguez de la Fuente, o a Jacques Cousteau, y aparece una columna de obreras caminando tranquilamente por en medio de las líneas de lectura. En esas ocasiones en que te encuentras inmerso en la naturaleza es cuando de verdad recuerdas lo hermoso y saludable que es vivir al natural... estando cada cosa en su sitio.
Las arañas tejen sus telas por las partes altas de los cuartos, aunque donde más les gusta montarlas es en las esquinas, quizás porque es donde más fácil encuentran los puntos de apoyo necesarios para engancharlas. Sin embargo, no se ciñen única y exclusivamente a los lugares  de arriba, porque como hay tantas, muchas de ellas eligen las partes bajas de las taquillas, mesas, sillas, y en los rincones inferiores donde saben que están bien seguras.
Pero la insolencia de algunas de las arañas que habitan el lugar, es tal que se permiten el lujo de realizar espectaculares acrobacias, propias de consumados trapecistas, echando un fino hilo de seda desde la rejilla de la pantalla de alumbrado fluorescente que hay en el techo, justo encima de mi cabeza, y se divierten utilizando mi pelo como si fuese un colchón de goma espuma hasta que me mosqueo, y me voy de allí a dar un paseo por la calle para evitar la tentación de deshacerme de ellas definitivamente y jugarme con ello un consejo de guerra sumarísimo, porque aquí, quizás otra cosa no, pero a los insectos y otros animalitos indefensos no hay quién los toque sin jugarse el propio pellejo.
Cosa parecida que forma parte del zoológico local, son las avispas de los alrededores, que no se cortan un pelo en fabricar sus avisperos en cualquier lugar, por insospechado que parezca, de la inmensa jungla vegetal que sobresale de entre las tuberías y rodea los edificios amenazando con asfixiarlos. No es posible dar un paso sin tener que verse obligado a esquivar a los innumerables insectos que vuelan de un lado para otro por allí cerca, en busca del sabroso polen de las inmensas chumberas, gandules, palmitos, higueras, y un sin número de plantas silvestres en flor que crecen a sus anchas.
Las avispas van de flor en flor, pero si alguien tiene la mala suerte de tropezarse con un enjambre de esos enfadados insectos que, aunque sea equivocadamente, hayan considerado que son agredidas, o simplemente que un intruso desconocido pretende birlarles su exquisito botín, entonces la víctima es aguijoneada sin contemplaciones desde la punta de la nariz hasta los dedos de las manos, y no llegan a los dedos de los pies porque estos están protegidos por las botas de seguridad, y en esos dolorosos momentos te acuerdas de todos los conservacionistas uno a uno, y de todas y cada una de las hermosas razones que te dan para que las pobrecitas avispas sean respetadas y sigan revoloteando a tu alrededor con plena y absoluta libertad, mientras tú te quejas amargamente y sin consuelo viendo cómo se te inflaman las zonas de tu cuerpo atacadas por los indefensos animalitos.
Y además del absoluto respeto a los seres vivos que nos rodean, se tiene en cuenta también que los restos de la labor, el agua sucia resultante que después se tira a cualquier sitio, no contamine el medio ambiente y sirva de abono natural, es decir, se trata en definitiva de un revolucionario descubrimiento integral, después de muchos meses de arduo estudio científico sobre el terreno como es natural, al que sería preferible que en adelante denomináramos limpieza ecológica -para distinguirlo de otras marranadas que no tienen nada que ver con la ciencia- el cual tiene su más cercano precedente en una tal Tía Maísa, legendaria mujer que según se dice, cuando barría, que por cierto no lo hacía muy a menudo, lo metía todo bajo la alfombra que cubría todo el piso de su vivienda, mientras cantaba aquello de “la, la, ra, larita, barro mi casita...”. De esta buena señora, sin duda alguna el principal modelo de pulcritud universal, la historia nos ha trasmitido el testimonio de su memoria investigadora en este campo de la ciencia, de manera que viene a confirmar que fue ella quien empleó, antes que nadie, técnicas ecológicas para la industria de la limpieza, hasta el punto de que ni siquiera utilizaba agua para fregar, puesto que nunca fregaba los suelos, solamente los barría, y según ella misma decía “Bastante bien arreglados están”. Tampoco quitaba el polvo de los escasos muebles que tenía, porque así se ahorraba volver a barrer, además de que los muebles conservaban su brillo natural indefinidamente, aunque para verlo, es natural que primero hubiera que quitarles la espesa capa de polvo que los cubría.
            En su época, los métodos higiénicos de la Tía Maísa fueron sin duda todo un acontecimiento sin precedentes para sus contemporáneos, que supieron reconocer su importancia y los tuvieron en cuenta para la posteridad como se puede haber observado tras este relato, y tiene muy buenos discípulos y entusiásticos seguidores en estos tiempos modernos, especialmente en las industrias que se dedican a la higiene de lugares donde se mueven, asean, o desarrollan su labor diaria por cuenta ajena algunos colectivos humanos, que muchas veces se consuelan con que la suerte les sea propicia y no les abandone también dejándolos además en la calle, todo ello gracias a una denominada pomposamente “Ley de Prevención de Riesgos de no sé qué” o algo parecido y que no sirve nada más que para justificar kilos y kilos de recursos públicos, y muchas toneladas de miserias humanas que se guarecen bajo otra ley no escrita “Ley de Protección de Especies Carroñeras”, en la que hacen su agosto muchos personajillos sin escrúpulos, alcahuetillos y sindicalistos, carcas progresistas y politicastros corrompidos, junto a honorabilísimos ciudadanos que guardan los suculentos beneficios de tan bendita actividad en blindados bancos suizos como siempre.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández


jueves, 3 de agosto de 2017

EL TÍO DEL HUMO

            Una calurosa tarde de finales del mes de agosto, entre la chicharra y el penetrante olor a tomillo, el Mateo, el José y el Gainza, venían dichosos haciendo equilibrios por encima de los raíles del ferrocarril, mientras cantaban una conocida canción popular:
                                   “El trigo entre todas las flores,
                                   ha escogido a la amapola
                                   y yo escojo a mi Dolores,
                                   Dolores, Lolita, Lola,
                                   y yo,...”
            De pronto, la tonada fue interrumpida por el amenazador silbido de un pedrusco que sobrevolaba sus cabezas, a la vez que un individuo cuarentón y mal encarado, aparecía de entre las cercanas higueras recargando su honda y profiriendo insultos.
-Humo, humo de aquí desmayados, golfos, sinvergüenzas,...
-Es el Tío del Humo, vámonos corriendo.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
            Los críos se dieron a correr como sólo ellos bien sabían, hasta ponerse fuera del alcance de los proyectiles que les lanzaba el dueño del higueral.
-Ah, ah, ah, pero qué le hemos hecho nosotros a ese tío, ni que la vía fuera de él.
-¿Lo corremos con las hondas Gainza?
-No, esperad, tengo una idea mejor. José, vas a ir al pueblo y te vas a traer a todos los zagales que puedas, que esta vez se va  a enterar con quién se juega los cuartos ese tío desgraciado.
            Ya se preparaba el José para cumplir la orden cuando el Mateo gritó con verdadero entusiasmo.
            -¡Mira Gainza, van al campo a jugar al fútbol, los llamo!
            -Pues claro hombre, a qué esperas.
            -Eh, eh, venid aquí.
            El grupo ocasional de futbolistas observó que les llamaban y sin saber más salió en tropel hacia aquellos en una carrera de competición.
            -He ganado yo, he ganado yo - llegó gritando el Lobote.
            -Bueno, ¿qué pasa, para qué nos habéis llamado?
       -Escucha Nazario, el caso es que, queremos darle una lección al Tío del Humo, porque siempre que nos ve pasar por la vía nos corre a pedradas, y que yo sepa la vía no es de él, así que como ahora mismo acaba de apedrearnos sin ninguna razón, hemos pensado buscar refuerzos y entre todos enseñarle que por ahí podemos pasar siempre que nos dé la gana. ¿Queréis ayudarnos, o no?
       -Yo creo que sí, que estamos todos dispuestos a sumarnos al combate, porque conmigo no hay ningún cagueta, ¡a que sí! - gritó el Nazario.
-¡Sííí! - gritaron todos a una.
-Ahora Gainza, explícanos tu plan.
Higuera verdal y fruto. Fotos: Francisco Atanasio Hernández
            -Es una operación muy sencilla, como podéis ver, las higueras están en un bancal de forma rectangular, bastante  grande, de manera que creo que es imposible que una sola persona controle los cuatro lados del bancal al mismo tiempo. Pues bien, si ahora nos dividimos en cuatro grupos y cada uno de ellos se sitúa en uno de los lados del bancal, y cuando yo dé la señal, uno de los grupos se lanza al asalto por la parte que se le asigne gritando muy fuerte, el tío del Humo se dispondrá a repelerlos a toda prisa.
-¡Yo el primero! ¡yo el primero! - gritaron varios a la vez.
-Vamos muchachos, vamos, dejadlo que continúe - reclamó el Nazario.
-Venga hombre, que sigo y enseguida acabo. En cuanto los nuestros emprendan la retirada, los otros tres grupos, al mismo tiempo, nos lanzamos al ataque por los lados asignados, y cuando el tío del Humo vuelva atrás y se dirija hacia otro grupo, de inmediato volverá a las higueras el grupo que se había retirado, y sólo huirá del bancal aquel grupo al que el Tío del Humo esté dirigiendo sus iras, de manera que siempre habrá en el bancal tres grupos comiendo higos, y así hasta que nos cansemos. Ahora bien, como de lo que se trata es de darle una corrida sonada, además de comernos los higos, tenemos que hacer todo el ruido que podamos, y tenemos que gritar como si fuésemos indios de verdad que atacamos a los yanquis. ¿Qué os parece, eh?
-Macanudo - dijo el Nazario, sin poder contenerse.
-Vale, vale, vamos a quitarle los verdales al Tío del Humo. Con lo güenos que están los verdales ya me relamo de gusto - replicó el Qué Güenas.
            -Un momento, un momento, si estamos todos de acuerdo vamos a dividirnos en grupos. En total somos diecisiete, por lo que podemos formar tres grupos de cuatro y uno de cinco. Así que, el José elige a tres y se sitúan en la parte de la carretera. El Mateo escoge a otros tres y se colocan en la parte derecha del lugar que ocupa el José. Nazario, tú, si te parece bien, coges a cuatro de los tuyos y ocupáis este lado de la rambla, donde ahora mismo estamos, y yo, iré con el resto a situarnos en la parte de la vía.
            -Ah, una cosa más, el primer grupo en atacar será el del Mateo, cuando yo haga la señal. Está claro, o tengo que repetirlo.
-¡Sííí!
-Pues en marcha y cada uno a su sitio.
Vías del tren y CLH al fondo. Fotos: Francisco Atanasio Hernández
            Aquel pequeño pero belicoso ejército se puso en marcha con disciplina castrense, cada cual sabía hacia qué posición estratégica se tenía que dirigir y cuándo y de qué manera debía entrar en acción.
            Una vez situado cada pelotón en su lugar asignado, el Gainza iba a ser quien llevara la dirección de la batalla, por eso había elegido la parte de la vía, porque desde allí podía ver a los otros tres grupos y dirigirlos.
            El ejército estaba preparado, la batalla iba a comenzar enseguida, el Gainza, echó una rápida mirada a los grupos y se llevó la mano derecha a la boca e introduciendo los dedos en ella emitió un estruendoso silbido, a la vez que con la izquierda daba la señal de ataque al grupo del Mateo.
            Como un vendaval, el Mateo y los suyos, se introdujeron rápidamente en el higueral profiriendo gritos como los indios americanos. El Tío del Humo, alarmado, salió del barracón y cuando les echó el ojo encima ya estaban todos enganchados a las higueras. Con la mayor rapidez que pudo se lanzó hacia los críos hecho un basilisco, a la vez que cargaba la honda y la disparaba con manifiesta indignación. Los críos a su vez, en cuanto le vieron asomar comenzaron la retirada rápidamente para ponerse fuera del alcance de los proyectiles.
            Y cuando ya creía que había conseguido repeler la agresión de los chiquillos, de pronto escuchó a sus espaldas el fuerte griterío con que anunciaban su ataque los otros tres pelotones y se dio la vuelta a la máxima velocidad posible dirigiendo sus coléricos pasos hacia el grupo del Gainza, que pronto se puso en retirada, ocasión que aprovechó el grupo del Mateo para volver a introducirse en las higueras. Como quiera que el grupo del Nazario había sido también avistado, el Tío del Humo, dirigió entonces sus iras contra éstos, oportunidad que rápidamente supieron aprovechar los  del Gainza para volver al  higueral. Estaba persiguiendo al Nazario y los suyos cuando vio a los del José, y en tanto aquéllos huían, se dirigió a por este último grupo localizado, el cual  emprendió la huida velozmente bajo los atropellados proyectiles de piedra que el Tío del Humo les lanzaba, mientras que los del Nazario volvían a su sitio en las higueras.
            Agotado por el intenso esfuerzo realizado, el Tío del Humo, se paró un momento y mirando a su alrededor pudo ver que los tres grupos que había echado anteriormente cogían higos con total tranquilidad, y en los mismos lugares que antes de ser expulsados, evidencia que le llevó a comprender que el largo recorrido que acababa de realizar inútilmente, lo iba a estar repitiendo mientras los chiquillos quisieran, o sus ya maltrechas fuerzas lo mantuvieran en pie, por lo que se decidió a dirigirse al barracón, en cuyo momento  los del José volvieron a tomar su sitio en las higueras.

            Cuando el Tío del Humo salió del barracón, portaba una gran cesta de mimbre y dirigiéndose al centro del higueral se dispuso a coger cuantos higos fuera capaz, con toda la celeridad que su práctica y condiciones físicas le permitían. Los niños, en principio, se quedaron perplejos porque no se imaginaban lo que iba a hacer, pero pronto comprendieron que, ante el temor de quedarse sin higos y agotado físicamente, había optado por salvar lo que pudiera. Entonces, la histérica explosión de risa de los pequeños asaltantes, resonó en los oídos del Tío del Humo como la más fuerte de las bofetadas recibidas en su vida, no obstante prefirió olvidarse de los chicos y ocuparse de recolectar la mayor cantidad de higos posible.
            La actitud del dueño del higueral, era una manifiesta declaración de derrota, que para aquel espontáneo ejército de críos no supuso cambio alguno en su actitud beligerante. Durante largo rato, los chiquillos, continuaron su labor de rapiña en el higueral mientras se burlaban de su dueño a coro:
            -“Tío del Humo, echas humo; Tío del Humo, echas humo”... 
            Una vez que habían derrotado y humillado al Tío del Humo y hartos ya de higos, la batalla empezó a perder buena parte del interés aventurero para los chiquillos, y por eso y porque además sintieron una muy particular compasión por el enemigo y su humillante manera de aceptar la derrota, el Gainza, ordenó la retirada de sus devastadoras tropas mientras coreaban el estribillo aprendido en la batalla:
            -“Tío del Humo, echas humo; Tío del Humo, echas humo”...
            Entretanto, éste, mascullaba amenazas e insultos a los críos, mientras recogía su cesta de higos y se volvía renqueante y cabizbajo hacia su barracón.

            Fuera ya del higueral, los chiquillos, se concentraron en las cercanías del campo de fútbol a comentar las incidencias de la aventura. Todos, absolutamente todos,  se habían hartado de comer higos verdales, y así lo pusieron de manifiesto al compás de interminables carcajadas.
-Mirad qué barrigota tengo de los higos que he comido - dijo Vicente, un niño gordito.
-Ja, ja, ja, ja, - rieron alegremente todos por la ocurrencia.
-Anda, mirad qué hinchado tiene el morro el Qué Güenas.
-Ja, ja, ja, ja,...
-Cómo no se le va a hinchar el morro, si para éste no hay diferencia entre un higo maduro y otro que aún no lo está.
-Ja, ja, ja, ja,...
            Aquellos momentos, fueron una verdadera fiesta para los críos, que hacían de cualquier cosa un motivo para reír.
            -Yo creo que después de esta, el Tío del Humo, suprime la palabra humo de su vocabulario - dijo ocurrente el Mateo.
            -Ja, ja, ja, ja,...
-Estoy seguro de que si alguna vez nos ve camino de las higueras, él mismo nos invitará con tal de ahorrarse la corrida - agregó el Nazario.
       -Ja, ja, ja, ja,...
-Hoy es tarde ya para jugar al fútbol, además yo creo que hemos hecho suficiente ejercicio por hoy, no.
       -Ja, ja, ja, ja,...
-Ya lo creo que hemos hecho suficiente ejercicio, pero el Tío del Humo ha hecho más que nosotros - añadió el Lobote.
       -Ja, ja, ja, ja,...
-Entonces, como ya es tarde y debemos irnos, podemos quedar para mañana a las seis y jugamos el partido que hoy no hemos podido jugar, ¡de acuerdo! - apuntó el Gainza.
       -¡Vale, vale!

Al día siguiente, los tres amigos casi inseparables, a la misma hora que el día anterior, pasaban nuevamente por la vía en dirección al pueblo, y mientras miraban de reojo al Tío del Humo que les observaba desde una esquina del barracón, entonaron la canción que más les gustaba.
                        “El trigo entre todas las flores
                        ha escogido a la amapola
                        y yo escojo a mi Dolores,
                        Dolores, Lolita, Lola
                        y yo...”
El trío de amigos, mirándose sonrientes sin poder contenerse, se echaron el brazo por encima de los hombros y continuaron andando y cantando haciendo equilibrios sobre los raíles de la vía, sin ser molestados por el Tío del Humo, que les miraba rencoroso.


lunes, 24 de julio de 2017

FRANCISCO ATANASIO HERNÁNDEZ PUBLICA UN NUEVO LIBRO: LA SFC MINERVA 2012-2017. LA TERCERA DIVISIÓN ES LA PRÓXIMA ESTACIÓN

Este nuevo libro, y ya lleva unos cuantos sobre Alumbres, su pueblo, lo dedica por entero a los cinco años del equipo de fútbol de la Sociedad de Fomento y Cultura Minerva de Alumbres, la SFC Minerva, que la próxima temporada 2017-18 competirá en Tercera División.


            DEDICATORIA Y AGRADECIMIENTOS
            Este sencillo pero emotivo trabajo destinado a perdurar frente al implacable paso del tiempo, se lo dedico a todos los que han hecho posible que la dilatada historia del fútbol en Alumbres, se vea agigantada con las cinco últimas temporadas de la SFC Minerva que relato a continuación, y que espero sea bien acogido por los aficionados alumbreños.

            La lista es larga, por lo que he decidido no mencionar a nadie en particular en esta página, porque ya los menciono a todos y cada uno de los que fueron protagonistas o colaboraron con el Club, en las temporadas correspondientes.

            Evidentemente, la participación de la Directiva de la Sociedad de Fomento y Cultura Minerva, o Casino, como lo conocemos los alumbreños, y la de su Club de Fútbol SFC Minerva, han jugado un papel determinante en todos estos años, en los que se ha llegado al más alto nivel deportivo que se podía soñar. Primero por poner en marcha el humilde pero ambicioso proyecto y fundar la SFC Minerva en 2012, y segundo por el esfuerzo mayúsculo que se ha tenido que hacer para la obtención de los recursos económicos necesarios, así como para la realización de otras tareas menos perceptibles, pero no menos importantes e imprescindibles que las del dinero.

            En el fútbol, el equipo, los jugadores, son los principales protagonistas, pues sin ellos no hay juego, y cuando digo jugadores me refiero a todos los que han pasado por las filas de la SFC Minerva desde su fundación, unos con más fortuna que otros, pero todos pusieron su granito de arena para engrandecer a este Club, y todos me merecen el mismo respeto y consideración.

Es verdad que en un mundo como el actual, diseñado para que compitamos con nuestra sombra si fuera necesario, unos dejaron una huella más profunda que otros, por lo que los éxitos siempre serán más recordados que los fracasos, pero todos, absolutamente todos los jugadores, se tienen que sentir orgullosos de haber formado parte de este Club, y haber salido a jugar a nuestro querido Secante, y en otros campos de la geografía murciana a defender los colores de nuestro equipo.

No puedo olvidarme de los técnicos, que en los dos primeros años fueron aficionados y directivos de la casa, y luego, a partir de la tercera temporada, la de 2014-15, el equipo técnico estuvo encabezado por un gran entrenador, sin duda alguna el mejor que hemos tenido en Alumbres hasta ahora, y que condujo a nuestro equipo y a nuestra afición a disfrutar de tres años de ensueño.

            Ni quiero, ni puedo, olvidarme de los fieles aficionados/as alumbreños que apoyaron y animaron en todo momento al equipo, y estuvieron con él en las verdes y en las maduras. Deben de sentirse orgullosos con lo que se ha conseguido en este período, porque la SFC Minerva, se ha ganado el respeto y la admiración del mundo del deporte en general y del fútbol en particular, no solo de la Comarca de Cartagena-La Unión, sino también del resto de la Comunidad Autónoma de Murcia.

            Siempre he sido agradecido, y en este apartado, es también inevitable para mí, dedicar unas palabras de agradecimiento a las empresas y organizaciones ajenas al Club que han colaborado en la edición de este humilde trabajo.

A Francisco Muñoz Barceló, padre de Barceló, uno de nuestros más estimados ex jugadores, por toda la ayuda que me ha prestado para hacerlo posible y por el que han venido a colaborar, su propia empresa, Construcciones Nuevos Horizontes, y las sociedades Insetec, Pladur Escayola y Macer Decoración que han hecho un esfuerzo para sumarse a la idea de colaborar con la obra.
Al Club Atletismo Mandarache, del cual soy socio, y con el que aún participo en carreras populares enfundado en su camiseta, y al Kiosko de prensa y revistas Los Juncos, que gestiona su presidente José Francés Carrillo, les agradezco sinceramente su respaldo.
Por último, quiero también agradecerle a la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Cartagena, su colaboración en la publicación de este entrañable trabajo para mí y para todos los amigos y aficionados de la SFC Minerva.

            Por todo ello, sólo me resta darle las gracias a todos, por todo lo que nos han dado, cada uno a su manera y según sus posibilidades.

¡¡GRACIAS POR TODO LO QUE NOS HABÉIS DADO!!
           
  
            La Sociedad de Fomento y Cultura Minerva de Alumbres, tiene una dilatada historia, pues aparece en el registro del Gobierno Civil con el nº de orden 2612, según las normas que regían en la época, el 7 de abril de 1924, cuyos principios programáticos eran instrucción y recreo. Estableció su domicilio en el nº 52 de la calle Mayor de Alumbres y posteriormente, en los años 40 del pasado siglo XX, se mudó al nº 43 de la misma calle. Se gobernaba o administraba por medio de una directiva y los recursos para su mantenimiento los obtenía por medio de cuotas periódicas que abonaban los socios. En principio se estableció que en caso de disolución de la sociedad sus fondos fuesen destinados al Hospital de Caridad de Cartagena.
                Minerva, hace alusión al sentido cultural de la Sociedad, ya que Minerva, antigua diosa romana es protectora de Roma como tal, pero sobre todo patrona de los artesanos y del trabajo manual. Posteriormente fue asimilada a la diosa Atenea, de la mitología griega, y entonces se convirtió en símbolo del conocimiento y la sabiduría para Roma. Se le representaba armada y cubierta con casco y coraza igual que Atenea.
            Muy poco después de su fundación creó diversas secciones culturales y deportivas, entre las que cabe destacar el Minerva F.C., que empieza a dejar huella de su paso por el mundo deportivo en ese mismo verano de 1924. El Minerva es sin duda el equipo más longevo del pueblo, y si ha sobrevivido al paso del tiempo, ha sido gracias a la nave nodriza, La Sociedad, Casino, o como queramos denominarla, que siempre estuvo ahí, fomentando y respaldando el fútbol alumbreño, incluso en los momentos de mayor penuria económica, fue él quien mantuvo los equipos de fútbol del pueblo y quien realizó el abono regular del alquiler de nuestro querido Campo de Fútbol, El Secante.
            El largo período de 27 años de gloria futbolística de La Salle Minerva en el fútbol base, se le debe a la Sociedad Minerva, que fue quien destacó a sus mejores aficionados para la fundación del Club de fútbol base que recorrió la geografía española dando fama y honra a nuestro pequeño pueblo. 
Desde que se le conoce, la Sociedad o Casino, ha sido el principal lugar de encuentro de los varones mayores de edad del pueblo. La mayoría de los jóvenes, siempre aspiraron a ser socios del Casino en cuanto fuesen mayores y tuvieran ingresos propios, entre otras cosas, porque era el lugar donde se podía encontrar a los amigos, leer la prensa diaria, o pasar un rato distraído con juegos tan variados como las cartas, el parchís, dominó, damas, o ajedrez. Para los jóvenes, tenía el aliciente añadido de que el equipo de fútbol del pueblo, el Minerva, estaba sustentado por la Sociedad y era natural que los jóvenes aficionados al fútbol, no sólo desearan ser socios sino que se sintieran orgullosos de serlo.

Pues bien, hace unos años, concretamente en marzo de 2012, por iniciativa de un buen número de socios aficionados al fútbol, se fundó la SFC Minerva, que en la actualidad está preparándose para disputar el Campeonato de Tercera División, tras proclamarse brillantemente Campeón en la categoría de Preferente Autonómica. Curiosamente, en los más de 108 años de historia del fútbol alumbreño, nunca antes hubo en el pueblo un equipo sénior federado que compitiera en categoría regional, y mucho menos en Categoría Nacional, pues solamente en fútbol base se había llegado a la máxima categoría, División de Honor de Juveniles, pero incluso en ese alto nivel de fútbol base, en mi opinión es otro mundo. 

La SFC Minerva debutó en el Campeonato de Segunda Categoría Autonómica en la temporada 2012-13, y tengo que añadir que la mayoría de los jugadores aficionados eran del pueblo, y su participación fue bastante digna, como digno fue el puesto 9º de 18 clubes que ocupó en la clasificación final de la temporada, justo en la mitad de la tabla. Además, este equipo tuvo el honor de jugar sus partidos en nuestro querido Secante, casi centenario ya, cubierto de un excelente césped artificial en octubre de ese mismo año 2012.
Con esta iniciativa, la Sociedad Minerva volvía a poner de actualidad el principio cultural y deportivo que enmarcaba su fundación y existencia, y que había perdido tras la desaparición de La Salle Minerva en el año 2000.
La siguiente temporada, la de 2013-14, volvíamos a competir en Segunda Categoría, introduciendo algunos pequeños retoques en la plantilla con la intención de conseguir el ascenso a Primera, y se habría conseguido de forma directa, si la racha victoriosa inicial no se hubiera roto en la jornada 9ª,  pero aunque no se obtuvo por derecho, porque la clasificación final no lo permitía, sí lo conseguimos porque otros en mejor posición de la tabla lo rechazaron.
El debut en Primera Categoría en la temporada 2014-15, vendría precedido de la llegada de un nuevo entrenador, al que le acompañaban 20 jugadores que conocía desde su época de fútbol base, y que se sumarían a otros 4 que iban a seguir de la temporada anterior.
Los partidos de pretemporada ya anunciaban diversión para los aficionados, pues el conjunto de jugadores funcionaba disciplinadamente a las órdenes del técnico, y se obtenían resultados extraordinarios, pues de 7 enfrentamientos amistosos, 4 fueron victorias y 3 empates.
Los inicios de la temporada disfrutaron del mismo estilo positivo que el final, y en la jornada 13, tras la derrota al Beniaján a domicilio, la Minerva cogía el mando de la clasificación, y ya no lo dejaría hasta acabar la temporada con 16 puntos de separación del 2º clasificado La Hoya Lorca, y 18 del 3º el Beniaján, además de romper varios récord de la categoría de todos los tiempos, como es terminar la temporada invicto, con 30 partidos ganados y 4 empatados, o la puntuación final, entre otros apartados.
Por otro lado se ascendía a Preferente Autonómica, que también era una categoría por estrenar en Alumbres y en definitiva, esta fue una temporada genial, fantástica, que será muy difícil de olvidar por los aficionados alumbreños que como yo tuvieron la suerte de ser testigos presenciales.
Comenzamos la temporada preferente de 2015-16 como novatos, pero sin complejos, y ya en los primeros compases de la liga se pudo observar que había equipo para hacer historia, sin embargo, en la jornada 8, el enfrentamiento y derrota con el Algar en el Sánchez Luengo, pasó factura al conjunto de Alumbres y a partir de aquí sufrió un profundo bache de resultados alejándolo de la cabeza de la tabla, que durante algunas jornadas había comandado.
No obstante, a lo largo de la competición, siempre estuvo clasificado entre los seis primeros, y aunque su participación no se puede comparar con la anterior temporada, ésta también hay que calificarla de excelente, entre otras cosas porque superó la fase de novato y consiguió colocarse el sexto de la clasificación final, lo que le daba derecho a disputar los playoff de ascenso a Tercera.
Primero jugó la eliminatoria contra el Olímpico de Totana, y luego contra El Algar, y en el partido de vuelta en el Sánchez Luengo, fue donde se decidió quien sería el equipo que ascendía de categoría, y la suerte se alió con El Algar, que marcó un gol más que la Minerva.
La definitiva, la pasada temporada 2016-17, saltamos al césped con la sensación de que esta podía ser la nuestra, los resultados eran positivos sin ser arrolladores, y la suerte inclinaba la balanza a nuestro lado, y poco a poco fuimos cogiéndole gusto a la cabeza de la tabla, hasta que en la jornada 15, un pinchazo del Bala Azul ante el Cartagena “B” y una victoria de la Minerva contra el Abanilla en El Secante, lo colocó en la cabeza de la clasificación y ahí estuvo hasta la finalización de la temporada, cuyo último partido fue disputado contra el Bala Azul en el Polideportivo Playasol del Puerto de Mazarrón, donde la SFC Minerva, le puso la guinda al pastel del ascenso a Tercera División que había conseguido 4 jornadas antes, proclamándose Campeón de la Liga tras derrotar al Bala.
Por supuesto, nunca antes un equipo de Alumbres había competido en Tercera División, y en los momentos en los que escribo estas líneas, sé que tenemos un nuevo entrenador con un buen currículum, y un conjunto de jugadores dispuestos a hacer felices a los aficionados alumbreños, porque van a luchar por mantener al equipo en Tercera División, y que sea por muchos años.





martes, 18 de julio de 2017

UNA TARDE EN LOS CUCONES

            Por Los Cucones, se conoce a un tramo de la rambla que pasa por detrás del campo de fútbol de Alumbres, El Secante, y que en otros tiempos, a veces, era el vestuario ocasional de los equipos de fútbol.
            En otra época, Los Cucones era un lugar entrañable para los críos cada vez que llovía, y en esta parte de la geografía española ya entonces llovía poco, aunque cada vez que lo hacía lo era de forma torrencial, y se llenaban los agujeros en la roca caliza que formaba el fondo de la rambla de Los Cucones, y éstos se convertían en piscinas naturales durante unas semanas, tiempo que los críos aprovechaban para utilizarlos como lugar de baños.

            Las fotos del lugar que aporto son recientes y en ellas se puede observar que el cauce está lleno de maleza y escombros, pero por las fechas del relato, había varios rebaños de ganado de cabras y ovejas que frecuentaban estos lugares, además de que numerosos vecinos recogían hierbas para los animales que criaban en casa y para otras utilidades hoy caídas en desuso, por otro lado, era habitual la extracción de arena de la rambla para la construcción, por lo que se veía menos verde por allí. Además, los agujeros en la roca donde se bañaban los críos, hoy están cubiertos por la tierra y los escombros que la lluvia ha ido arrastrando hasta ellos, en cuyos lugares sobresale la maleza.
Los Cucones con la zona más rocosa en primer plano. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Durante aquellos primeros días de septiembre, acababa de caer una fuerte tormenta que había hecho correr la rambla con violencia, y Los Cucones, se encontraban rebosantes de agua y de alegría chiquilleril. Desnudos, como habían venido al mundo, saltaban, nadaban, se zambullían, y eran felices, disfrutando del particular parque acuático que oportunamente la naturaleza les concedía dos o tres veces al año.
            Estaban tan concentrados en sus diversiones que no se percataron cómo alguien al que ignoraron totalmente, y que casualmente pasaba por allí, se acercaba a las ropas de los bañistas y haciendo con ellas un bulto informal, se las llevaba consigo y desaparecía del lugar con la misma celeridad y discreción que había aparecido.

            Unas horas después, empezaba a caer la tarde y los críos pensaron que ya era tiempo de marcharse, pero ¡Oh sorpresa! ¿dónde está mi ropa? ¿y la mía qué? ¿anda, mi ropa tampoco está? ¿quién se las habrá llevado? Aquél fue un mal rato de confusión y desasosiego, pero había que superarlo, y eso los críos saben hacerlo muy bien.
Vista de Los Cucones desde el Este. Foto: Francisco Atanasio Hernández
En cueros, no se podían presentar en el pueblo porque serían el hazme reír de todo el mundo, y no estaban dispuestos a pasar por esas, por otro lado tampoco podían llegar con esa facha a sus casas, porque en aquellos tiempos de carencias, algunos de esos críos sólo tenían para ponerse, la ropa que habían perdido, y lo normal es que los padres se tomaran el asunto a la tremenda. En esas condiciones, optaron  por esperar a que oscureciera para volver a sus casas envueltos en la penumbra de la noche, y consiguieron llegar a sus domicilios escondiéndose en cada esquina, y eligiendo los lugares más oscuros para evitar tropiezos inesperados y miradas inoportunas. Y cuando cruzaron el umbral de sus viviendas, el que más y el que menos se topó con otra mayúscula sorpresa que les estaba esperando cuidadosamente doblada encima de una silla ¡Qué hace aquí mi ropa! ¿eso digo yo, si esa es tu ropa cómo es que vienes desnudo? ¡es que estábamos jugando y...! ¡ya, ya, no te esfuerces, que me sé la copla!

Al fin todos recuperaron felizmente sus ropas, y esa fue una alegría para el cuerpo, pero la felicidad fue corta, porque, unos con más y otros con menos fortuna, todos se acostaron con el culo caliente, puesto que los padres se tomaron en serio lo de darles una lección que no olvidaran nunca, y lo pusieron en práctica en aquel mismo momento. Y es que, ¡Hay que nadar y guardar la ropa!, según dice el refrán.
Agujero en la roca que se utilizaba para los baños. Foto: Francisco Atanasio Hernández
 
El Icue en la intersección de Puertas de Murcia, Carmen y Jabonerías de Cartagena
Foto: Francisco Atanasio Hernández
El Icue representa a los niños traviesos de Cartagena que se pasaban el tiempo jugando en la calle, por lo tanto, también podría valer para representar a muchos de sus contemporáneos de Alumbres.


jueves, 6 de julio de 2017

LAS MUJERES DE ALUMBRES.

A mi abuela materna
Josefa “la Guirrarra”
que me daba para merendar
una rebanada de pan con aceite y azúcar
y me pagaba el cine los domingos.

La mujer alumbreña en general, y algunas en particular,  ha sido y es, sin lugar a dudas una mujer luchadora, que a lo largo de la historia del pueblo, en muchos casos se las ha tenido que arreglar sola para sacar a su familia adelante, y en otros ha significado el apoyo imprescindible del hombre, no sólo para obtener los recursos económicos suficientes para alimentar a su familia, sino también la ayuda moral necesaria en la lucha diaria. Ellas han sido el mejor y más importante punto de apoyo de los hombres de este pueblo en los momentos difíciles.
Mujeres de trabajadores de Fert5ilizantes en la plaza del Ayuntamiento el 15 de diciembre de 1992, durante la histórica manifestación en Cartagena a la que asistieron más de 30.000 personas. 
La fábrica de Explosivos de Alumbres, conocida como Garrabino, durante casi un siglo, significó la más importante fuente de ingresos de muchas familias del pueblo, donde trabajaron numerosas alumbreñas, entre las que quiero destacar a mi abuela materna que trabajó allí más de 40 años, y a la que siempre echaré de menos.
Durante la mayor parte del siglo XX, las mujeres trabajadoras que eran madres, no podían permitirse el lujo de faltar al trabajo, y si lo hacían, era por el tiempo imprescindible. En la primera mitad del siglo, era fácil ver, cómo una niña de menos de 10 años, que no iba al colegio porque tenía que cuidar de sus hermanos más pequeños, le llevaba a su madre al bebé que estaba en período de lactancia, para que lo amamantara en la puerta de la fábrica y pudiera seguir trabajando después. Es sólo una sustancial diferencia con los permisos de maternidad y lactancia de la legislación actual.
No obstante, las mujeres que no estaban ocupadas ni en Garrabino ni en otro lugar, también supieron buscarse la vida realizando otras labores, como la pleita de esparto, para lo que solían reunirse varias mujeres en casa de una de ellas hasta muy avanzada la noche, y para algunas de éstas, igual que para las que tenían otra ocupación, no había descanso ni en festivos, porque había que seguir en casa, y nunca pidieron salario por cumplir con su obligación de madres y esposas.
De esta manera, muchas mujeres, mantenían o ayudaban a salir adelante a sus familias, a base de trabajo y sacrificio.
Encuentro de bolillo en Alumbres 17-11-2013
Además, en Alumbres siempre hubo un buen plantel de modistas que cosían y enseñaban a coser a las jóvenes, y también artistas del bordado y el bolillo, de cuyas labores conseguían sacar un suplemento económico con el que ayudarse. Todavía hay mujeres en el pueblo que se dedican a la costura y no para distraerse precisamente.
En esos tiempos había que hacer toda la ropa a mano, a diferencia de la actualidad que todo viene elaborado de fábrica, y en la calle Prefumo hubo una sastrería que después se trasladó al Malecón, (en la orilla de la rambla) donde se confeccionaba ropa de hombre, y trabajaban algunas jóvenes del pueblo.
Mi prima Concha Reche, que por esa época estuvo allí de aprendiz sin sueldo, hace años me contaba, que Antonia “la del Comerciante”, Mari “del Ladrillero”, Isabel Morales y Antonia “de Eleuteria” cosían muy bien y por esa razón cobraban por su trabajo.
            Recordaba también que Mari “la Lirina” cosía ropa de mujer y que entonces prefirió irse con ella porque no le gustaba coser la ropa de hombre. Gertrudis también era modista y tenía muy buena reputación.
Por la década de los sesenta, había en Alumbres un taller de costura en la casa de Ángel Esparza, “Ángel el Chucho” donde iban a aprender muchas de las jóvenes de la época.
            Ahora podemos decir, que hay muchas mujeres del pueblo que tienen merecida fama en la especialidad de corte y confección, y que a algunas de ellas, le ha servido para sacar adelante a sus hijos y no sólo para distraerse y ahorrarse unas pesetas en el vestido.

Por aquellos años había también mujeres que dominaban el bolillo y hacían encajes, para juegos de cama, cortinas, tapetes, etc., y se preparaban su ajuar con esmero para un futuro que esperaban no estuviera muy lejano. También las había que trabajaban el bordado con verdadera maestría y con la misma intención de ir haciendo el ajuar.
Encuentro de bolillo en Roche 1-5-2014. Foto: Francisco Atanasio Hernández
El encaje de bolillo tiene sus orígenes en el siglo XVI, y en Alumbres tiene numerosas aficionadas que han ido adquiriendo el conocimiento de la técnica a través de sus antepasados femeninos y en estos tiempos por medio de la organización de talleres de aprendizaje.
Concha me contaba, que ella hacía encaje de bolillo desde su adolescencia, y que en estos tiempos se había puesto de moda la realización de esta actividad, como una forma de conservar ciertas tradiciones, por lo que se programan concentraciones de bolilleras todos los años en Alumbres, La Unión, La Palma, San Javier, Los Dolores, El Albujón, y otros lugares de la Comunidad Autónoma de Murcia.

Muchas mujeres del pueblo, no han dudado en limpiar escaleras, casas particulares de vecinos con economías más solventes, y tuvieron que dejar a sus hijos a cargo de alguien de confianza, o de la familia si disponían de ella, para desplazarse a Cartagena, La Unión, el poblado de Repesa, o a las playas en verano, a “servir”, o a realizar trabajos de limpieza en las fábricas del Valle de Escombreras. Esas como otras realizaron, y muchas siguen haciéndolo todavía, cualquier trabajo decente que reporte los ingresos necesarios para mantener a la familia. En algunos casos, el trabajo femenino tuvo su razón de ser en que los ingresos del hombre eran insuficientes, y en otros, que los de la mujer eran los únicos recursos económicos que entraban en casa por diferentes motivos, entre los que se puede destacar la falta del padre.
            Para todo hay excepciones, pero en general, las mujeres de Alumbres se han forjado en la lucha por la subsistencia codo con codo con el hombre en la consecución de mejoras para el presente y para el futuro de los suyos.
Alumbreños, hombres, mujeres y niños, reclamando el desvío de la vía en 2004
Un pequeño grupo de mujeres de este pueblo, fueron imprescindibles protagonistas en muchos de los actos que se realizaron durante la crisis del sector de Fertilizantes a principios de los años 90.
Hay que recordar que antes ya, en 1976, durante el encierro de una semana de los trabajadores de ASUR en la factoría de Escombreras, algunas de las mujeres de los alumbreños que allí trabajaban, demostraron que se podía contar con ellas para el futuro, y siguieron haciéndolo después con el mismo ímpetu en el mes de huelga que tuvieron que llevar a cabo para mejorar sus escuálidos salarios en 1977, y posteriormente en la crisis industrial que azotó a la comarca también jugaron un importante papel. Sólo lamento que no estuvieran todas las que tenían que estar, y solamente fueran unas pocas las que supieron darle su apoyo a los suyos en los momentos difíciles.
Durante la suspensión de pagos del Sector de Fertilizantes de 1992-93 en manos de KIO-ERCROS, la participación de un grupo de mujeres en defensa de los puestos de trabajo de sus parejas tuvo una importancia crucial, ayudando con sus actividades autónomas no sólo a que se mantuvieran ASUR y Explosivos Río Tinto en El Hondón, sino a que la Administración se comprometiera a crear nuevas empresas para recolocar a los excedentes laborales. AEMEDSA, TRADEMER, Químicas del Estroncio, y el traslado de la fábrica del Hondón al Valle de Escombreras, (aunque ahora muchos de sus trabajadores acomodados prefieran olvidarlo) además de numerosas recolocaciones en General Eléctric, de muchos trabajadores que quisieron cambiar de aires, es el resultado del esfuerzo realizado por los trabajadores del sector y la inconmensurable ayuda de muchas de las mujeres de los trabajadores que sabían que su labor era también necesaria, entre las que estuvieron algunas alumbreñas como, Paquita Pérez Martínez, Salvadora Jiménez Ros, Conchi Díaz Martínez, Flora Barcelona; Carmencita Gómez; Paca Marín; Lola Marín, Maruja Conesa, Josefina Rojo, y puede que haya alguna más que no recuerdo, lo siento si me he olvidado de alguna.
Estas mujeres del pueblo, integradas en el numeroso grupo de mujeres de trabajadores del Sector de Fertilizantes de Cartagena, llevaron a cabo una serie de actos de protesta que difícilmente hubiéramos podido realizar los hombres, que ya teníamos bastante con nuestras propias movilizaciones diarias. Se encerraron en el Ayuntamiento de Cartagena dos veces, en la Asamblea Regional se encadenaron, viajaron a Madrid a manifestarse ante la embajada de Kuwait, todos los martes iban a Murcia a manifestarse frente al Palacio de San Esteban, etc., etc., etc.
Paquita Pérez Martínez, me recordó que la razón por la que una vez impidieron la salida del Talgo de Cartagena fue que no las dejaban subir al tren sin pagar el billete como hasta entonces hacían, porque sus maridos llevaban dos meses sin cobrar, y entendían que algo había que hacer para protestar por ese otro atropello empresarial.

Sin duda alguna debe de ser motivo de orgullo para el pueblo disponer de este plantel femenino, porque es una suerte tener de compañera a una mujer de esta naturaleza, que sabe estar con el hombre, no sólo para lo bueno sino también para lo malo. Los mejores amigos tienen que ser los que más cerca están de uno, y el que no tiene una compañera, o al revés, que lo anime y ayude a luchar por sus convicciones no sabe lo que es la amistad.
                            A ti, mujer
                            que  cada día me das
                            el aliento necesario
                            para seguir luchando
                por mis convicciones.
Esta es la dedicatoria que le hice a mi mujer, mi compañera y sobre todo mi amiga, en mi libro “Lo que me quedó de Alumbres en el siglo XX”.
Alumbreños en una de las protestas contra la instalación de los depósitos de gas.
Después, cuando en 1997, Repsol amenazó con la instalación de los depósitos de gas en el lugar donde estuvo Garrabino, las mujeres estuvieron defendiendo la supervivencia del pueblo codo a codo con los hombres, y una vez más, demostraron que ellas, son vanguardia necesaria e imprescindible en Alumbres.
Por esas fechas no se limitaron a participar en todo tipo de movilizaciones que se organizaron, sino que a partir de 1999, un grupo de mujeres (solamente mujeres) cogieron las riendas de las Chirigotas fundadas el año anterior, y se bautizaron con el nombre de “Presuntas Desterradas” para participar en Los Carnavales de Cartagena, con una intención evidente, aprovechar la ocasión que brindaban las fiestas para denunciar el propósito de Repsol – Butano.

Por último quiero recordar que en 1988, por iniciativa de un grupo de mujeres interesadas por la problemática de la mujer en la sociedad, y animadas por los vientos favorables que soplaban para las organizaciones femeninas, se constituyó la Asociación de Mujeres de Alumbres, en reunión celebrada con este motivo, donde aprobaron los estatutos y eligieron la Junta Directiva, y desde entonces organizan diversas actividades culturales y lúdicas para el colectivo femenino.