lunes, 20 de marzo de 2017

EL TEATRO EN ALUMBRES

       El teatro es una de las manifestaciones artísticas más antiguas de nuestro pueblo, y está ampliamente contrastada por noticias de prensa y testimonios de personas mayores que fueron recopilando datos en escritos no editados.
El teatro es una forma de comunicación humana como la vida misma que se establece entre los artistas que actúan en un escenario, contando historias, transmitiendo mensajes o realizando críticas, normalmente siguiendo un guión, y los espectadores que escuchan los diálogos y observan los movimientos y los gestos con atención.
El arte de representar obras dramáticas dando vida a unos personajes por medio de expresiones habladas, gestos y movimientos de los actores en el escenario, es una de las manifestaciones culturales más antiguas de la humanidad, y en nuestro pueblo, Alumbres, no sólo tuvo muy buena acogida desde siempre, sino que goza de una larga y fructífera tradición que se extiende, por lo menos desde finales del siglo XIX que es de cuando hay constancia, y cuya vocación han cultivado con esmero numerosos alumbreños/as durante muchas generaciones.
Foto: Francisco Atanasio Hernández
            El 2 de mayo de 1877 El Eco de Cartagena informaba “El próximo sábado se inaugurará el nuevo Teatro de Alumbres que ha sido construido por uno de aquellos vecinos. Nos alegramos de que en cada uno de los caseríos de este campo se establezcan esos centros de instrucción y recreo tan beneficiosos para los pueblos.”
Se trataba del teatro que hubo en el camino del Turbinto, en el paraje denominado Collado Los Pinos, situado cerca del Portazgo, al Noroeste de Alumbres. El teatro desapareció a principios del siglo XX, pues en 1902 el Ayuntamiento denunciaba el estado ruinoso del edificio propiedad de los herederos de D. José García.
            En otras épocas, se representaban obras de teatro en las fiestas patronales, cuyo escenario, a veces, era el mismo palco que se levantaba en la plaza de la Iglesia para diversas actividades, y en otras se programaba en el teatro que hubiera en el pueblo en ese momento. Un ejemplo fueron las Fiestas de San Roque de 1897, en las que “A las 8 y media de la noche se quemó un bonito castillo de fuegos artificiales, y después función de teatro poniendo en escena la Zarzuela Marina y la comedia Las dos joyas de la casa, con la participación de la bella tiple Sta. Antonia García y distinguidos jóvenes de esta ciudad y de aquel pueblo.”
            Y en épocas en que no había edificio para las representaciones teatrales, éstas se realizaron en lugares como La Casa del Pueblo, en tiempos de la República, o en el Cine Isabelita en épocas posteriores.

            En Alumbres se conoce la existencia de tres teatros, el anteriormente mencionado, cuyo nombre desconozco, el Teatro Apolo, que al parecer estaba en la calle Bardizas, y se le menciona sobre todo en la segunda década del Siglo XX, y el teatro Eslava de cuya existencia tengo datos desde 1917, hasta que en la sesión municipal del Ayuntamiento de Cartagena del 22 de mayo de 1936 se autorizó su derribo, y estuvo ubicado en el lugar que ocupan hoy las instalaciones del Colegio de Primaria.
            La edición del Porvenir del 12 de julio de 1917, en una escueta nota decía así, “En el Teatro Eslava de Alumbres han dado comienzo los ensayos de la hermosa zarzuela “La Bruja”, que será representada por notables elementos de aquel pueblo en las fiestas de su patrón San Roque”.
Teatro Eslava- del libro no registrado de Juan Ros y Pedro Pérez
Siempre hubo un buen plantel de artistas locales, hombres y mujeres, dispuestos a demostrar sus dotes interpretativas, por lo que es complicado destacar una obra de otras en un trabajo que pretende ser un resumen histórico, no obstante, creo preciso mencionar alguna de ellas, así el 1 de junio de 1923, en el Teatro Eslava de Alumbres, se representó el melodrama “El Cardenal”, entre cuyos actores destacaban los aficionados locales, Luisa Laborda, los hermanos Madrid, Santi, Aranda, Molina, Aguilar, Pérez y Hernández.
Por el teatro Eslava pasaron compañías de teatro de aficionados y de profesionales, además, el local se utilizó para otras actividades, como bailes, conferencias políticas,  mítines de tendencias variadas, etc.

En La Casa del Pueblo, también se representaron obras de teatro por artistas aficionados locales, pero su actividad tuvo muy corta duración. Curiosamente, en  enero de 1937 era puesto en escena el drama social “La fuerza de la idea”, a beneficio del S.R.I. representado por los aficionados, Francisca López, Julio Alcaraz, Tomás Egea, Juan Roca, Domingo Hernández, Marcos Martínez, Antonio Alcaraz, Jacinto y Francisco Samper, Antonio Álamo, Antonio Ojados y José Conesa.
Anuncio de mitin en 1918 en el Teatro Eslava

Teatro en el Cine Isabelita
Después de la guerra, volvió a reactivarse la compañía de aficionados con representaciones teatrales como el drama “QUÉ SOLO ME DEJAS”, que según consta en el prospecto de la época, pusieron en escena el día 27 de octubre de 1960, en el Cine Isabelita “A LAS DIEZ EN PUNTO DE LA NOCHE”, interpretado por los actores aficionados locales: Loli Morales, Paquita Hernández, Carmen Pérez, Dorita Ruiz, María Regina Cardona, Rosa Anita Barceló, Carmela Buitrago, Francisco y Jacinto Samper, Domingo, José, Rafael, y Jesús Hernández, José Martínez, Pedrín Aranda, Pedro Nieto, Gabriel Pérez, José Ros Heredia, Rafael Rodríguez, José Conesa y Antonio Jiménez. Director, Juan Ros Heredia. Apuntadores, Juan Hernández y José Ros. 
  
Más adelante, a mediados de la década de los ´60, otra generación de aficionados del pueblo cogió el testigo, Domingo Conesa Hernández, Pepita Barcelona, Salvador Celdrán, Manolo Hernández Nicolás, Teodoro Egea, Lali Celdrán, Juan Rodríguez, Jesús Bascuñana, etc., empezaron a interpretar obras de teatro leídas en el Salón Parroquial, para pasar después a interpretar obras en la plaza de la Iglesia y en el cine Isabelita de Alumbres.
Foto: Domingo Conesa Hernández
En el verano de 1979, el grupo “Amigos de la Tierra”, formado por diez alumbreños que encabezaban Domingo Conesa y Salvador Celdrán, como principales responsables de su creación, reanudaban la vieja afición teatral realizando sus ensayos en el Salón Parroquial, y con el objetivo de que su actividad no fuese exclusivamente teatral, sino que se extendiera a otros campo de la cultura. Con ese motivo, Salvador Celdrán, declaraba al Diario local Línea “Nuestros objetivos, aunque en un principio ha sido el resucitar una actividad cultural que se fue hace 40 años, no queremos quedarnos aquí y pretendemos presentar un programa de trabajo al Ministerio de Cultura. Además, nuestra idea no es funcionar exclusivamente como actividad teatral, sino generalizarla en una función cultural.”

El arte de la interpretación es la esencia del teatro, pero para los/as artistas no sólo es necesario conocerse el papel que tienen que interpretar a la perfección, sino que además es preciso tener mucha iniciativa y una gran capacidad de improvisación. De estas cualidades puede depender que una obra suponga un éxito o un estrepitoso fracaso.
            A veces se olvidan los diálogos, en todo o en parte, o surge un imprevisto, y es en esos casos cuando los actores tienen que demostrar que están capacitados/as para improvisar una salida airosa que encaje más o menos con la obra que se representa.
            A este respecto, Domingo y Pepita me contaron que “Hacíamos teatro en días de semana, y las sesiones empezaban a las 9 y media o las 10 de la noche, y nos daban la 1 o las 2 de la madrugada entre la representación, la recogida de material y la vuelta a casa, y a las 6 había que levantarse para ir a trabajar. Mi padre y Juan Reyes nos ayudaban con la iluminación del escenario, y Manolillo nos ayudó en el transporte alguna que otra vez.
            Siempre había alguien que se ofrecía para ayudarnos. En una ocasión, una vecina con muy buena voluntad, se ofreció para hacernos algo de comida para la representación de una obra, y nos hizo unas croquetas de bacalao que para la mayoría de los actores estaban riquísimas, pero había uno al que no le gustaba el bacalao, y se dio la circunstancia de que éste interpretaba el papel de un solterón hambriento que no paraba de meterse croquetas en la boca con mucha rapidez, y como no le gustaban no las tragaba, por lo que los mofletes del actor se hinchaban más y más, dando la impresión de estar ante un personaje fuera de lo común, sumamente divertido cuya glotonería incontenible provocaba la risa entre los espectadores”.

En las fiestas de San Roque de ese mismo año de 1979, el grupo “Amigos de la Tierra”, se presentaba oficialmente ante el público de Alumbres, representando la obra de Alfonso Paso “Cuidado con las Personas Formales.”
Foto: Salvador Celdrán Martínez
Al grupo inicial de actores de “Amigos de la Tierra” se le fueron incorporando aficionados alumbreños con las mismas ganas de hacerlo bien que los primeros, entre ellos hay que recordar a Conchi Díaz, Valentín Navarro, Luis Martos, María Victoria Ros, Loli Mercader, Fina Barceló, Ginés Hernández, Cati Hernández, Urbano Ardil, Anita Navarro, Maruja Hernández, Juana Martínez, e Ignacio Ros, entre otros.
Amigos de la Tierra. Auditorium Municipal Parque torres 7-8-1981
Los días 20 y 26 de febrero de 1981 (el 23 fue el día que el Teniente Coronel Tejero intentó el Golpe de Estado asaltando el Parlamento), en la ciudad de Cartagena y en la Escuela de Magisterio de Murcia, el grupo de teatro “Amigos de la Tierra” de Alumbres, colaboró con el Colectivo de Teatro ISIS de Cartagena en la representación de la obra ¡¡HABEIS ASESINADO LOS SUEÑOS!! basada en textos de León Felipe  y que según el comentario del prospecto anunciador firmado por Paco Cano Vizcaíno “El montaje es un trabajo que quiere golpear la costra de hielo que nos inmoviliza, por ver si quiebra de algún lado. Una resquebrajadura, o camino nuevo, por el que podamos asomar la cabeza, y si ha lugar y empujando fuerte, pasar todo el cuerpo. Un poeta maldito, una audaz construcción teatral, una ilusión en hacer algo que puede valer. Estos son los ingredientes.”                                                          

El mes de agosto de ese mismo año actuaron en el Auditorium Municipal Parque Torres, representando la obra de José Luis Alonso Santos ¡Viva el Duque Nuestro Dueño!
“Teatro Libre” enmarca la obra así: “Las desventuras de una compañía de cómicos de la época nos dan pie a adentrarnos en la decadencia de la España Imperial de los últimos Austrias.”
Por esas fechas actuaron también en la Feria del Libro de Cartagena, y en el salón de actos de Cajamurcia, entre otros lugares más allá de los límites del pueblo.
El grupo “Amigos de la Tierra” fue también quien organizó la “Primera Semana Cultural en Alumbres” desde el 17 al 23 de diciembre de 1979, para la que se programaron diversas actividades, obras de teatro, conferencias, recitales poéticos, fútbol, conciertos musicales, concursos, etc.
Foto: Domingo Conesa Hernández
Después siguieron haciendo teatro y organizaron la Segunda Semana Cultural. Y posteriormente se organizó la 3ª Semana, aunque esta última fue impulsada por la Asociación de Vecinos.
De esta época, son algunas anécdotas que me contaron de la trastienda del teatro, que a veces suceden inesperadamente y hay que salir de ellas lo más airosos posible.
Durante la Semana Cultural de Alumbres interpretaron “Las tres Perfectas Casadas”, y a la semana siguiente tenían que representarla también en Roche, y decidieron no ensayarla porque ya se la sabían.
Llegó la hora de actuar y a uno de los actores se le había olvidado el papel que tenía que representar, y le decía a otro en voz baja:
- Oye que no me acuerdo de nada.
- Bueno pues cállate y ya saldremos de esta como sea – decía el otro.
De pronto el olvidadizo pareció ver la luz y exclamó:
-¡Ah! Me voy para dentro que se me ha olvidado el libreto.
El otro que de pronto se quedó sólo en el escenario empezó a improvisar un discurso inesperado, cuando de improviso apareció de nuevo aquel en escena:
-¡Ah! Pues ya estoy aquí.
-Me voy un momento que no sé dónde tengo la cabeza – dijo el otro desconcertado mientras se iba del escenario.
Entonces el que se quedó solo fue el olvidadizo, y mientras simulaba que estaba leyendo murmuraba:
-¿Yo no sé cómo está la gente de hoy, porque desde luego... vengo aquí y me dejan con la palabra en la boca?

Dicen que un año de fuerte sequía, estaban una noche en Cuesta Blanca (un pueblo del seco campo de Cartagena) representando una obra de teatro, cuando de pronto escucharon cómo empezaba a llover, y al mirar al lugar donde unos instantes antes estaban los espectadores vieron que no había nadie, porque toda la gente se había ido a la puerta del local a saludar y bendecir al agua que estaba cayendo en forma de grandes goterones.
Siempre que en la representación de una obra era necesaria la ingestión de bebidas, aunque las botellas que se exhibían fuesen de licor, el contenido se cambiaba por un líquido sin alcohol que lo sustituyera, y se pudiera beber sin que la escena perdiera realismo, como podía ser coca cola, limonada, agua, etc.
Sin embargo durante la representación de la obra “Armando Gresca” se olvidó llevar las bebidas sustitutivas, y a última hora con las prisas se puso en la mesa una botella de coñac auténtica de marca nacional reconocida.
Foto: Salvador Celdrán Martínez
Una actriz alumbreña hacía de viuda y el actor, también alumbreño hacía de viudo charlando amigablemente en torno a la mesa donde reinaba erguida la botella de licor. La viuda que pretendía mostrarse atenta y complaciente con el viudo, entre diálogo y diálogo no paraba de invitarle a beber y llenarle generosamente la copa, y poco a poco la botella fue perdiendo nivel hasta que al final de la representación se quedó sin contenido, y el que interpretó el papel de viudo totalmente incapacitado para conducir su SEAT 127 hasta Alumbres.

En otro lugar en el que los techos del local donde actuaban eran muy bajos, un actor que portaba una lanza tuvo la mala suerte de romper la pantalla de tubos fluorescentes que había sobre él, porque emocionado por la interpretación de la obra, no tuvo en cuenta la altura del techo, y al subir la lanza para arriba pegó en la pantalla con el estrépito correspondiente y la lluvia inesperada de cristales sobre el escenario.
Como siempre que sucedía algo imprevisto con acento humorístico la gente creía que aquel destrozo formaba parte de la obra teatral y reía desaforadamente, mientras que algún que otro compañero procuraba con algún comentario que viniera bien al desenlace que todo aquello no desentonara.
Pasó luego una larga etapa de inactividad, y volvieron a resurgir convocando la Cuarta Semana Cultural en diciembre del año 2000, la cual fue organizada por varios colectivos del pueblo.
Los componentes de “Amigos de la Tierra” son un grupo de aficionados que aparecía y desaparecía de la escena como el Guadiana, pero nunca dejó de manar, el caudaloso manantial de imaginación que albergan sus promotores siempre estuvo a punto de sorprender a los alumbreños.
Foto: Francisco Atanasio Hernández
Después han habido intentos de formar un grupo de teatro entre los jóvenes, pero no terminó de fraguar, aunque algunos como Domingo Conesa, Pedro Aranda y Conchi Díaz continuaron subiendo a los escenarios con la compañía de teatro Sainete de la Obra Social del Ayuntamiento de Cartagena, y en 2013 los vi actuar en el Local Social de Alumbres, representando la obra de Carlos Llopis “Nosotros, Ellas y el Duende”. 

Mi agradecimiento a Domingo Conesa Hernández, Pepita Barcelona Llor y Salvador Celdrán Martínez por su colaboración.


lunes, 6 de marzo de 2017

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES DE TEMÁTICA VARIADA

Un rayo en El Zaraiche.
El día 28 de agosto de 1786 hubo en este pueblo una nube que cuajó una exhalación en la casa que hay al otro lado del puente que llaman de la Tía María Manuela, y una nieta de esta que se encontraba en la sala del entresuelo, la que hay en la parte de poniente, limpiando una cómoda, le dio sobre la cabeza quedando muerta en el sitio: la víctima tenía 21 años y era hija de D. Salvador Mercader”.
Curiosamente, en la primera mitad de los años cincuenta del siglo pasado, hacia 1955, en una vivienda del Zaraiche que hay subiendo al molino, justo en la parte de arriba de la vía, una madrugada lluviosa acompañada de aparato eléctrico, vino a caer un rayo y abrió un impresionante boquete en el terrado del dormitorio, y toda la instalación eléctrica quedó carbonizada, el estruendo se escuchó en el pueblo como una bomba, y la mayoría de los vecinos, lloviendo y todo, se acercaron por allí a ver qué había pasado. A pesar de la peligrosa espectacularidad del accidente producido por la naturaleza, no hubo víctimas humanas que lamentar, sólo las pérdidas materiales. En la actualidad esta vivienda, totalmente reformada, es propiedad de la familia de Loli Mercader y Jesús González.

Hasta la implantación del ferrocarril Cartagena-La Unión el 14 de octubre de 1874, el transporte de los minerales en toda la sierra minera se realizaba por medio de carros y animales de carga, y aunque al principio ambos sistemas coexistieron y se complementaron, poco a poco, el tren fue sustituyendo el transporte por otros medios, por lo que no a todo el mundo le agradó la idea del tren, sino todo lo contrario, y generó  numerosos casos de agresión con piedras y otros objetos.
Máquina “Alumbres”. Foto: Ángel Roig Meca
En la edición del 16 de marzo de 1899, El Eco de Cartagena publicaba:
”Anoche ocurrió en el camino de La Unión un caso de verdadero salvajismo, una mano criminal disparó un tiro al último tren descendente, que no tuvo, por fortuna, consecuencias funestas. La bala penetró por un cristal del vagón de primera y atravesando el ancho del carruaje fue a salir por el cristal opuesto. No es esta la primera agresión que contra el tranvía se comete. A pedradas ha sido acometido en ocasiones varias, pero la de anoche constituye el colmo de tan criminales atentados.
El susto de los viajeros fue tan tremendo como natural, porque el vagón iba ocupado por veintiséis personas. El atentado se verificó en las inmediaciones de la estación de Alumbres. Llamamos la atención de la policía sobre este asunto y esperamos que encontrará a los delincuentes para que lleven su merecido.”

La edición del Eco de Cartagena del 12 de septiembre de 1892 decía así “En el colegio establecido en Alumbres no pudo constituirse la mesa por no haber concurrido los interventores ni asistir elector alguno al colegio. Hoy lo ha sido con el Presidente y cuatro de aquéllos sin que se haya presentado a votar ni un solo elector”.

La caza furtiva con lazo y con hurón era una práctica habitual entre muchos de los vecinos aficionados, sobre todo por lo fácil y silencioso que suponía la consecución de unos conejos con los que aportar un complemento alimenticio a la baja dieta familiar de aquellos años cincuenta y principios de los sesenta del siglo XX pasado.
Cazadores habituales de estos métodos recuerdo al Manzanera y al Negrín.

Las nevadas en Alumbres y el año 1957.

            El día 21 de enero de 1957 nevó en Alumbres, y todas las calles, los terrados, los montes, los campos incultos, y los cultivos, se vistieron de blanca y fría nieve, y los críos jugamos con ella tirándonos bolas y amontonándola en forma de monigotes, mientras que los mayores recordaban aquello que dicen en otros lugares donde son más frecuentes las nevadas: “Año de nieves año de bienes”.

Alumbres nevado 1957. Foto: Pedro Nieto García
            Tuvieron que pasar 48 años para volver a ver nevar en Alumbres, Escombreras, Portmán, Cabo de Palos, La Manga del Mar Menor, y Playa Honda, y aunque parezca extraño, en Cartagena no llegaron a cuajar los copos de nieve que cayeron pues se derretían antes de tocar el suelo. El día 27 de enero de 2005, algo después de las 7’30 de la mañana, comenzaron a caer copos de nieve en Alumbres, y lo hizo durante más de cuarenta minutos, dejando su blanca huella para el recuerdo encima de los coches, en los terrados, en el molino, en las plantas y en los montes, y aunque no fue de la misma intensidad que la anterior, lo cierto es que la emoción embargó muchos de los corazones de aquellos que medio siglo atrás fuimos testigos también de la otra nevada.
            Después de la de 2005 no tuvimos que esperar otros 50 años para ver nevar de nuevo en nuestra tierra, pues el 18 de enero de este 2017 cayó una fuerte nevada en toda la zona incluyendo Cartagena.
Alumbres nevado 18-1-2017
            Una curiosidad más relacionada con las nevadas es que, tanto el año 1956 como el 2004, y el 2016, que son los que precedieron a los años en que nevó en Alumbres son de los llamados bisiestos, o lo que es lo mismo, aquellos que se repiten cada cuatro años y que el mes de febrero tiene 29 días, y el año 366 en lugar de 365.

El cacho de pan de los mineros.
Hasta principios de los años sesenta en que se cerraron las minas del Gorguel y de La Parreta, algunos de nuestros mayores estuvieron trabajando en ellas hasta el final, y siguieron manteniendo la costumbre de que cuando volvían a casa después de las duras jornadas de trabajo a las que estaban sometidos, siempre lo hacían con un cacho de pan de reserva y un trocito de companaje (embutido), con sabor a pirita y manganeso en el trapo, para que los hijos, que no iban muy sobrados de alimentos precisamente, pudieran disfrutar encontrando algo que llevarse a la boca cuando buscaran en su interior. Ahí pongo una octavilla relacionada con el tema que compuse hace muchos años.

PARA LLENAR EL PUCHERO
Qué triste sales minero
de casa para el trabajo
silencioso y cabizbajo
para llenar el puchero
y al llegar al agujero
recuerdas que más abajo
mal comido y con andrajos
te dejas el mundo entero.
El Rosita.
Pedro “el Rosita” era natural de Alumbres, pero en los años sesenta trabajaba en Francia y tenía en el pueblo a su familia en una vivienda solitaria que había junto a la vía, antes de llegar al puente que hay camino de la finca del Levita. Cada año, por lo menos, venía a ver a los suyos y en innumerables ocasiones, los jóvenes adolescentes de aquellos años tuvimos la oportunidad de escucharle contar historias extrañas y costumbres diferentes a las que estábamos habituados, pero sobre todo le escuchábamos muchas veces cantar en francés y en castellano el Himno Nacional de Francia, La Marsellesa, que entonces sonaba en los oídos de los jóvenes alumbreños como algo ininteligible que inclinaba a la diversión y a la risa, porque a veces, la ignorancia de aquellos a los que no les dejan ver más allá de la punta de sus narices, suele transformar en humorísticas las cosas más serias.
…………………………………………

Los relatos que siguen a continuación proceden del libro de Anselmo J. Sánchez Ferra “El cuento folclórico en Cartagena” -Revista de Antropología Murciana, a quien le agradezco que me haya permitido utilizarlos.
Los relatos los he transcrito con el lenguaje que se utiliza en el libro.

235. PLEITO POR EL SOL (Cuesta Blanca- pág. 299)
Con los de Alumbres también tuvieron los perineros un conflicto, pos bajaban los de Perín por las mañanas a Cartagena y llevaban el sol de cara. Subían por la tarde, otra vez el sol de cara. Y se discutían con los de Alumbres porque los de Alumbres iban por la mañana pa Cartagena, el sol d’espaldas, y por las tardes también lo tenían d’espaldas. Y no estaban conformes.

Nota: En El Albujón terminan diciendo que se metieron en juicio y que salió diciendo el abogado:
-Nada, nada, esto está solusionao.
Pagaron cada uno su duro que le correspondió y entoses el juez sentenció que tenían que hacerlo al revés, ir a Cartagena por las tardes y venirse por las mañanas.

615. ¡POCO TOCINO PARA MUCHA OLLA ! (Alumbres-Perín-págs. 628-629)
Era un noviaje. Ella era una buena señora, una buena jaca, ¿no? Y él era pequeñajo, ¿no? Y cuando estaban galanteando, como se galanteaba entonses en la entrada de las casas, vigilaos por toa la familia, pasaba el padre d’ella y desía:
-¡Je! ¡Poco tosino pa muncha olla!
Cada vez que pasaba. Y él ya estaba cabreao. Y llega el día que se casan, se casan y ponen una habitasión en la casa de los padres d’ella. Claro, la primera noche pues había quejíos, había gimoteos:
-¡Ay!- Que tal y cual.
Y desía la madre d’ella:
-¡Nene! ¿No oyes a la nena? ¿No oyes a la nena?
Y desía él:
-Bueno, sí, pero a mí déjame, déjame.
-¡Levántate a ver qué le pasa, que a lo mejor le pasa algo!
El marío va y toca en la puerta, dise:
-¡Nena! ¿Pasa algo, hija?
Y dise el marío, dise:
-¡No, que s’a hinchao el tosino y ahora no coge en la olla!
Foto: Francisco Atanasio Hernández 
278. QUEVEDO ENCIENDE EL NABO (Alumbres / Pilar de la Horadada págs. 364-365)
Se trata de D. Francisco Quevedo Villegas, qu’era un escritor. Sabía siete idiomas el tío. Bueno, pero claro, como vivía en la corte pues claro, él se invitaba a una resesión que daba la alta aristocracia de Madrí, y va allí a los salones aquellos, los criados le despojan del gabán, le cogen la chistera.
Pero claro, todavía la eléctrica todavía no estaba por las calles, y entonses la gente pudiente pos para alumbrarse por la calle pos llevaban una espesie de linternas que funsionaba por un cabo de vela, y muy adornaditas con las inisiales de cada uno. Porque claro, iban a una resesión de esas y a lo mejor había treinta, cuarenta o sincuenta linternas ¿no?; para identificarlas pos en fin, ponían sus inisiales, algunas con plata, otras iniciales de oro y tal.
Bueno, él está allí, atendiendo allí a los invitaos y tal, y había mujeres, claro. Y
donde hay mujeres, pos perdonen pero, no es que sean malas, pero son muy ocurrentes.
Y entonses, al ver a Don Fransisco allí disen:
-¡Oy mira, está Don Fransisco ahí! ¿Qué vamos a haser?
Para que dijera algo, ¿no? Y entonse va la más espabilá y dice:
-¡Ya está!
Van a la cocina de la mansión aquella, cogen un nabo, lo pelan, le dan forma de una vela, van a la linterna de Don Fransisco, le cambian el cabo de vela por el nabo aquel y lo dejan allí. Bueno, pues llega la hora de irse Don Fransisco, le ponen los criados su gaban, su chistera y tal, saca cerillas para encender y se da cuenta que aquello no era la vela, ¿no?, que era un nabo, y claro, se vuelve y estaban las mujeres por allí, pero nada, disimulando, y dise:

-La gran ocurrensia alabo
y merese alabansa eterna
la c’a puesto en la linterna
endeves de vela un nabo.
Yo sin reparar cogia al cabo,
pero al no querer arder
dije: nabo es en mi poder.
Presumo vuestra ansiedá,
pero no tengo facultá
para nabos ensender.
El nabo no hay que dudar
que está muy bien colocado.
La que l’a puesto es probado
que lo sabe manejar.
Pero si quisiera afinar
nabo de mejor paterna
y tiene la mano tierna,
pues venga a usar de su primor,
que tengo yo uno mejor
qu’el que ha puesto en la linterna.

544. LAS HERMANAS RE PARTEN EL TRAJE (Alumbres-págs. 565-566)
Eran tres hermanas que s’abían casao las tres con el mismo traje de novia y una vez casadas las tres pos las tres querían el traje. Desía la mayor:
-No, porque es que la mamá me lo compró a mí, porque soy la mayor.
Y la pequeña desía:
-Es que yo he sío la última y debería ser pa mí.
Bueno, pues dice la madre:
-Mirad, arreglarse vosotras, yo no quiero saber .
Y entonses acuerdan las tres de que la que hisiese cabrón al marido más a la vista y que no se enterase el marido, claro, que para esa era el traje. Claro, se ponen de acuerdo las tres y dise la mayor:
-¡Yo empiezo mañana!
Bueno, pues empieza mañana. Vivían en la plaseta de la iglesia,¿no?, vivían enfrente y ya se había puesto de acuerdo ella con el cura. Y llega el marido de trabajar del campo, hecho un adefesio, y dice:
-¡Ven p’acá, ven p’acá que me estás…! ¡Me untas las almohadas y a eso no hay derecho! ¡Ven p’acá!
Se ponen allí en la misma puerta, en la calle, ¿no?, en el portal, se ponen allí de frente a asearse. El cura qu’estaba preparado va corriendo:
-¡Pero bueno, esto qué es! ¡Esto es una sinvergoncería5! ¡Vamos, aquí en la calle hasiendo uso de matrimonio aquí! ¡Es que no tienen ustedes ahí su casa!
Dice el marido:
-¡Oiga, oiga, oiga usté, que yo no estoy haciendo !
-¿Cómo que no está hasiendo na? ¿Cómo que no? ¡Vaya usté p’allá! ¡Mire usté desde la iglesia p’acá!
Claro, el marido se va p’allá y el cura pos claro, lo hasía de verdá. Y llega disiendo:
-Perdone usté padre, pero sí parecía, paresía.
Esa ya era una. La segunda se había puesto de acuerdo con el médico, pues se finge enferma del vientre y le dise al marido que le había dicho el médico que tenía que ir a haserse un lavao vaginal y que tenía que ir el marido, porque claro…
Bueno, el marido va y le dice el médico al marido:
-Bueno, mire usté. Su señora no es que tenga na de importansia, pero necesita haserle un lavado con este líquido que yo tengo preparao aquí y tiene usté que ponerse este hisopo, esta brochita, ¿no?, tiene que ponérsela con este ungüento que yo le doy. Usté se lo pone ahí y hace usté uso de matrimonio y le toca usté, pero cuidao, no le toque usté por tal sitio porque la deja usté ahí, en el sitio.
Dice el marido:
-¡No, no, mire usté, hágalo usté porque yo, no sea el demonio que le toque algo
y la mato!
Dice el médico:
-¡Bueno!
Pos el médico la tiende allí en la cama y el médico se sube ensima y desía el marido:
-¡Si no fuera por el hisopo y la miel, yo diría qu’eso es joder!
El hisopo lo había mojao en la miel, dijo que había que mojarlo en miel.
Entonces quedaba la pequeña, ¿no? La pequeña se pone de acuerdo con el molinero, de un molino de los de antes, y cuando llega su marido le dice:
-Oye mira, tenemos que ir por harina que nos hemos quedao sin harina para comer.
-¡Bueno! ¡Mia que venir de trabajar yo y ahora ir por la harina!
-Vamos en un momento, hombre.
Cogen el burriquillo que tenían, se van al molino, el molinero les prepara una saca de harina y el marido no podía echar l’arina al burro.
-¡Me apuesto lo que vale l’arina a que yo os hecho a los tres, al saco, a tí y a tu mujer al burro!
Y claro, el marido, viendo l’apuesta ganá dise:
-¡Venga!
-¡Ven p’acá!
Lo tiende boca abajo ensima del saco.
-¡Tú, ven p’acá!
A ella, bocarriba, ensima del marío. Y hasía el molinero así (abrazando por debajo de la saca). Y desía ella:
-¡Maridito, que nos carga!
Y desía él:
-¡No será mientras haya marvas!
Porque se agarraba a unas marvas que había por allí pa que no los levantaran.
Así que ahora dime: ¿para cuala fue el traje? Pa la del molinero, porque lo hiso siendo colchón el marido.

Bibliografía:
-Anselmo J. Sánchez Ferra. El cuento folclórico en Cartagena-Revista de Antropología Murciana.
-Francisco Atanasio Hernández. Alumbres en el siglo XX.
-Francisco Atanasio Hernández. Lo que me quedó de Alumbres en el siglo XX.


lunes, 20 de febrero de 2017

MIS INCURSIONES POR LAS ZONAS MINERAS DE NUESTRO ENTORNO

Este trabajo se lo dedico a todos los trabajadores de la minería de la Sierra minera Cartagena-La Unión, y en especial a mi abuelo y a mi padre que también fueron mineros.
            Como es sabido, Alumbres tiene su origen en la minería, y en la actualidad, hay vestigios de su pasado minero por toda la circunscripción, y ello a pesar de que hace más de 50 años que se dejaron de explotar.
En el Cabezo Rajao-Mina Iberia. Foto: Francisco Atanasio Hernández
En el Complejo Minero de La Parreta. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            En algún lugar he dicho ya que a mí las minas no me gustan, y el trabajo de minero menos, y eso que llevo sangre minera en las venas, pues mi padre y mi abuelo materno trabajaron en ellas. Los mineros y sus familias debieron de sufrir mucho durante las largas jornadas en las que permanecían bajo tierra, y con el temor de que sucediera algún mortal accidente que les impidiera volver a ver a los suyos y a la luz del sol, aunque esto último casi es una metáfora, pues los desgraciados “trabajaban de sol a sol”, es decir, empezaban la faena con las primeras luces del alba y acababan anocheciendo el día, o al revés.
            El presente trabajo tiene como finalidad recordar algunas de las zonas mineras del entorno de Alumbres, que de una u otra forma, solo o acompañado, he ido visitando en los últimos años.
            El Complejo Minero de La Parreta, el Cabezo Rajao, y los alrededores de la población, La Unión, Llano del Beal, Portmán, y Gorguel fueron lugares donde se desarrolló la acividad laboral que dio orígen y nombre a nuestro pueblo, y de donde se extrajeron principalmente, minerales para la producción de la plata, el alumbre, el plomo, el hierro, el zing y el cobre.

UNA MINA DE AZOGUE EN ALUMBRES
Por lo tanto, es obvio que no es extraño hablar de minas en esta zona, sin embargo hace algunos años que conozco la existencia de una mina en la diputación de Alumbres, que por lo visto es la única en la Región de Murcia, que yo conozca al menos, de la que tiempo atrás parece que contenía un mineral poco frecuente por estas tierras como es el azogue.
La mina en Alumbres se descubrió en 1895, y así lo informaba la Gaceta Minera, sin embargo, y aunque pasó a la posteridad como la mina de azogue entre mis paisanos, parece que su producción no fue muy importante y por lo visto no duró mucho su explotación.
No obstante, cuando conocí la noticia indagué entre algunos de nuestros mayores, y aunque alguno recordaba el nombre por el que se conoció la mina, no supo exactamente por donde se encontraba y tuve que buscarla.
En Sierra Gorda con el monte de la Porpuz a la espalda. Foto: Francisco Atanasio Hernández
El azogue o cinabrio es el mineral de donde se extrae el mercurio, y se encuentra en España en cantidades rentables en las minas de Almadén de la Comunidad de Castilla-La Mancha, cuyas reservas de mercurio están consideradas como las más grandes del mundo.
Cuántas veces habremos escuchado a nuestros mayores decir “Estate quieto niño, que parece que tienes azogue” o ”Oye tú, este niño tiene azogue” y es que el mercurio es tóxico y afecta al sistema nervioso, por lo que la mencionada expresión se suele dedicar a niños muy inquietos que no paran de moverse un segundo, aunque no tienen por qué estar intoxicados por el mercurio ¡Dichosa niñez y su inquietud!
El mercurio se obtiene sometiendo a calor el mineral, con lo que el mercurio se evapora y condensa en recipientes herméticos.
A lo largo del tiempo se le ha dado multitud de usos, entre los más conocidos podemos recordar el de los termómetros, lámparas fluorescentes, y la obtención de oro y plata por amalgamas.
El lugar donde está enclavada la mina, que creo que es la del azogue, es muy poco frecuentado, y además, para llegar a ella primero hay que andar un buen trecho por el monte y luego hay que batirse el cobre con las aliagas que cortan los caminos.
La mina está situada a media altura de la falda Oeste del monte conocido como La Porpuz, y tiene la entrada tapada por el hundimiento del terreno, por lo que no es aconsejable entrar en ella, y por supuesto, yo no lo intenté.
La visité en 2014 porque quería saber en qué lugar y condiciones se encontraba, y después de hacerlo lo puse en conocimiento de la Junta Vecinal de Alumbres porque justo al lado de la mina encontré un pozo sin brocal que puede resultar peligroso. Después no he vuelto por allí.
Mina de azogue. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Cinabrio
Me gusta la poesía y me agrada intercalar en mis escritos algún que otro poema, si puede ser de mi autoría, que guarde relación con el tema que trato, como este acróstico que pongo a continuación.

A veces, la luna vuelve a brillar

Lisonjera en mi memoria

Un escalofriante momento.
Mi guitarra suena entonces quejumbrosa
Bordando melancolía por mineras
Rimas con sabor a pirita y alumbre
Esquirlas de fuego y pasión desenfrenado
Siembran caricias en mis entrañas.

Duendes, dioses y pitonisas
Encienden sus mágicas hogueras
Sobre la seca hojarasca de mis ancestros
Desde donde la savia lechosa de las higueras
Emerge hasta las cenizas de mis sueños.

Montes de esparto y bizcocho
Ingles de sol y artemisa.

Mieles de cera y cristal
Entre nubes y azucenas
Miran la orilla del mar.
Orlas de cal y granito
Rifan sus lomas al viento
Inflaman la ocasión de azul
Aires de todos los tiempos.

EL GRUPO SENDERISTA DEL GARABITO A GRANÁ POR LA SIERRA MINERA
            Desde hace varios años comparto caminatas por montes y zonas mineras de nuestra tierra, con un grupo de veteranos al que bautizamos con el nombre de “GRUPO SENDERISTA DEL GARABITO A GRANÁ”, en honor al molino de Paco el del Garabito en Alumbres y a la Alhambra de Granada, porque en el grupo tenemos a un granadino, Miguel Cervilla y dos alumbreños, Paco Llor y yo.
Pues bien, con este grupo he realizado numerosas incursiones, y aún las sigo haciendo, por las zonas mineras de nuestra tierra, como La Parreta, Sierra Gorda, El Cabezo Rajao, El Garbanzal, La Unión, Portmán y El Gorguel.
Logotipo utilizado en las crónicas de las caminatas del grupo senderista. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Cuando nos toca visitar alguna zona de Alumbres, La Unión o Portmán, quedamos en casa de Paco Llor, o en El Casino de Alumbres, y desde allí empezamos la caminata. Alguna que otra vez nos dirigimos hacia La Parreta o Sierra Gorda, pero la mayoría de ocasiones cogemos el sendero que hay en la falda del montecico del molino de Paco el del Garabito, y pasamos cerca del casi derruido ya, que los de mi generación conocimos como de “La Señorita”, aunque antes se llamó de “Pedro el Garrabinero”.
Siguiendo adelante pasamos junto al montecico del Tío Gil, rodeamos el Cerro de la Cabrica, y caminamos en dirección del Huerto de San Pedro en La Esperanza, y una vez allí, tomamos diversas direcciones, unas veces subimos al Cabezo Rajao, donde disfrutamos hablando del apasionante pasado minero de su entorno y después continuamos hacia La Unión pasando por las minas que hay detrás del Cabezo y El Garbanzal. Otras en cambio, decidimos seguir en dirección al Chorrillo y Parque Minero de La Unión, o subimos por la carretera de Portmán hacia los molinos de viento generadores de corriente eléctrica, y volvemos por la Carretera del 33 hasta la Ciudad Minera y Cantaora, y desde allí, pasando por la puerta del Cementerio del Rosario, llegamos hasta Alumbres donde nos esperan los vehículos aparcados.
En las escalinatas de acceso a la mina Agrupa Vicenta. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Protesta ecologista en 2010 contra el proyecto de Macro Puerto en la playa del Gorguel colmatada de estériles mineros. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Algunas veces nos desplazamos a Portmán y desde el poblado nos dirigimos a la Batería de Cenizas, o a la playa del Gorguel.
            Se nos encoge el corazón, cada vez que cruzamos por los estériles mineros que durante décadas estuvieron colmatando las playas de Portmán y el Gorguel, con el beneplácito de las administraciones de turno.
El mayor atentado ecológico perpetrado por el hombre en este país de corruptos, y otras porquerías, más o menos 1000 m de largo por 500 de ancho, y al menos 8 o 10 m. de profundidad de desechos mineros sustituyen al mar y a la playa de Portmán, y se me remueven las tripas mientras escribo estas palabras por el crimen iniciado en época dictatorial y continuado, mantenido y bendecido per secula seculorum por los gobiernos llamados democráticos de los últimos 30 y tantos años, es decir, la dictadura franquista comenzó el crimen, y ellos, los que se llaman demócratas, lo apuntalaron.

MAÑANA DE APRENDIZAJE POR EL ANTIGUO COMPLEJO MINERO DE LA PARRETA
            La historia es maestra de la vida (“Historia magistra vitae est”, que diría un clásico), por eso una mañana de 2013 me aproveché de la voluntariedad y experiencia de mi paisano y amigo Ginés Valero Martínez (el Chinche), que con sus 82 años de entonces sobre sus encorvados hombros, se brindó a acompañarme a patear las antiguas minas alumbreñas del Complejo Minero de La Parreta, en alguna de la cuales, me consta que trabajó en sus años jóvenes y me ofreció una lección magistral que le agradezco infinito, a pesar de que yo nunca he tenido interés por las minas, especialmente como lugar de trabajo, y eso que mis antepasados laboraron en ellas como la mayoría de los antiguos pobladores alumbreños, concretamente, mi padre fue minero en los primeros años de su vida laboral y en sus oscuras galerías contrajo la terrible silicosis, sé que trabajó con Ginés y otros alumbreños como Gabriel Hernández (el Torero), Ángel Navarro y otros. Por mi familia también supe que mi abuelo materno quedó inválido de una mano en un accidente en la mina, en fin, que a pesar de todo a mí las minas no me van nada, pero me gusta saber todo cuanto pueda de mis orígenes y de mis antepasados, y eso me da fuerzas para superar cualquier posible rechazo.
            Comenzamos por la zona de la capa freática que alimenta el Pozo del Rufo, lugar que, al parecer, dio origen a la fundación de la Compañía de Aguas Los Cartageneros y que desde principios del siglo pasado (1906), alimentó a Cartagena por medio de dos pozos, San Camilo y San Antonio, y también se abastecía de allí los aguadores de la zona cuya agua vendían luego por los pueblos y por la ciudad.
Mina Manolita del Complejo Minero de La Parreta. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            La mina Manolita está muy cerca de los pozos mencionados, y dice Ginés que estuvo trabajando en ella de maquinista en el castillete, así que nos entretuvimos un poco recordando cual era su trabajo, junto a las ruedas dentadas de la maquinaria que subía y bajaba a los mineros en la jaula.
            Seguidamente nos pasamos por la mina San Simón, a la que hace unos años le destruyeron el castillete para llevarse las partes metálicas y las poleas, y enseguida nos encontramos en la zona principal del complejo minero, donde se pueden ver todavía los restos de las oficinas, en cuya parte superior aún porta el rótulo de la empresa en forma circular “Montañero S.A. Grupo Minero La Parreta” y en su interior, dentro de un engranaje, dos ramas de olivo cruzadas formando un óvalo abierto por arriba, dentro del cual se cruzan los astiles de un martillo y un marro, y junto a las oficinas, los talleres, y en las cercanías del edificio administrativo, el lavadero San Ignacio, las tolvas, el comedor etc.
Logotipo del Complejo Minero. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            El camino de subida nos llevó a visitar la mina Impensada, luego la de Los Ángeles, y antes de ésta, el túnel de comunicación con la parte donde están las oficinas, el lugar donde se guardaban los explosivos de la mina, y de ahí a la de El Faro, y era inevitable la visión de los restos de una antigua fundición que también tenía el complejo minero y una balsa donde se recogía el agua que se extraía de algunas de ellas, como La Manolita, y que luego se aprovechaba para el lavadero, entre otras utilidades.
            Como nos quedó tiempo, lo aprovechamos para visitar el lugar donde estuvo instalada, durante algo más de un siglo, la fábrica de Explosivos de Alumbres denominada Garrabino y que hoy es solamente un solar. Camilo Calamarí Rossi, fue director de Garrabino y uno de los propietarios de las minas del Complejo de la Parreta.
Restos de la mina Felicidad. Foto: Francisco Atanasio Hernández
RECURRIENDO A LA MEMORIA POR LOS PARAJES DE ALUMBRES
            Mi amigo Ginés Valero (el Chinche), a pesar de su avanzada edad, es un hombre muy voluntarioso, con unas insaciables ganas de saber, de participar y de superarse, verdaderamente envidiables, y le había prometido que haríamos algunas incursiones más por lugares cercanos al pueblo que él bien conoce, por lo tanto, un día salimos a visitar dos lugares conocidos por los alumbreños, pero que ya sólo forman parte de nuestra memoria, porque únicamente quedan restos de las construcciones en el mejor de los casos, pero sobre todo montones de escombros.
 
En el paraje conocido como Los Pistones-cerca de la mina Felicidad. Foto: Francisco Atanasio Hernández
El lugar elegido fue el paraje conocido como Felicidad, pero también visitamos Los Pistones, la cantera y los restos de la casa del guarda (el Cabila y otros).
            La Felicidad es también el nombre de una antigua mina que estuvo ubicada en ese lugar, y de la que aún quedan restos, como es la sala de máquinas, el transformador, vestuarios, una balsa y pozos, por cierto, uno de ellos carece de brocal. Al lado del pozo hay una balsa que seguramente se utilizó como primer recipiente.
            La mina es antigua y en su momento debió de producir algún mineral de los que abundaban por aquí, plomo, zinc, etc., como todas las que se abrieron por la zona, sin embargo, dice el Chinche,  que recuerda que allí trabajó su padre José Valero y Carmelo Aranda, y que él sólo vio extraer agua que se almacenaba en una balsa para enviarla a Garrabino. Desde luego, todavía se pueden ver restos de obra de las conducciones de agua en dirección a los restos de la balsa y a la fábrica de explosivos.  
            Cuenta el Chinche, que a esa balsa iban a bañarse los zagales del pueblo de su época, y que él como era más pequeño que sus amigos y hermanos no se bañaba, pero hacía de vigilante, y cuando veía al guardia avisaba a los demás para salir corriendo.