lunes, 22 de agosto de 2016

LOS CINES DE ALUMBRES

Ciertamente, los años 50 y 60 eran tiempos difíciles y había que aguzar el ingenio para sobrevivir bajo los mínimos que imponía la extraordinaria situación, y los niños, que a veces parecían viejos por lo mucho que sabían, eran los que más rápidamente aprendían a afrontar las dificultades con menos temor y riesgo.

Por entonces, los lugares de ocio y diversión que había en el pueblo, donde pudieran asistir todos los vecinos sin distinción de edad y sexo, se limitaban a dos cines, uno de invierno y el otro de verano.

            El Cine Isabelita de invierno, estaba ubicado en la misma manzana de viviendas del actual Bar San Roque. Toda la edificación, incluido el bar era propiedad de uno de los adinerados del pueblo, Andrés Martínez Cao “Andrés de la Cana”, que además de otras viviendas y grandes extensiones de tierras en el pueblo y fuera de él, era propietario también del cine de verano. Éste último lo construyó a finales de los años 50. El cine de invierno fue utilizado además, para otras actividades culturales y festivas como la representación de obras de teatro por actores del pueblo, y la celebración del Baile del Vermut en las Fiestas de San Roque, e incluso para alguna que otra fiesta de Nochevieja.

Edificio que albergó el Cine Isabelita en la calle Pelayo
            Los domingos eran días de sesión doble de cine, tanto para los alumbreños como para los numerosos vecinos de Roche, Escombreras, La Esperanza, o El Abrevadero que venían expresamente a pasar una tarde “de película” en Alumbres.

            Había críos que les gustaba el cine como al que más, pero sus padres no podían darles el dinero necesario, porque antes había que atender otras necesidades más perentorias como era la alimentación, o el vestido y el calzado de la familia, y entonces entraba en acción la imaginación infantil, y formaban un grupito de cuatro o cinco, uno de los cuales se iba a encargar de incordiar al portero del cine durante unos minutos.
- Amigo déjame entrar.
- Anda nene vete a tu casa a dar la lata.
Y se le acercaba a su lado para confiarlo y separarlo de la puerta lo más posible para que dejara hueco suficiente por el que poder entrar, hasta que cuando menos se lo esperaba, uno de los críos del grupo, se colaba como una exhalación entre el marco de la puerta y las narices del portero al interior del cine, y detrás de él instintivamente y sin pensarlo un momento, el portero en su persecución, que cuando venía a reaccionar segundos después ya se le habían colado el resto de compinches y se dispersaban por la sala para dificultar su localización. A veces, el portero cogía al primero que había entrado, o a alguno de los otros y lo echaba a la calle cogido de las orejas, pero otras, no atrapaba a ninguno y tenía que abandonar su búsqueda.
Viviendas de dos plantas donde antes estuvo el cine Isabelita. 
            No siempre utilizaban el mismo truco, ya que los críos que no podían pagarse el cine, todos los días tenían que estar inventando formas diferentes de engañar al portero, y otro sistema que empleaban para colarse consistía en que un crío pasaba al cine con su entrada, y al poco salía para ir al bar.
- Jefe voy a por pipas.
- Vale.
Y a la vuelta volvía acompañado por otro chiquillo, como dos buenos amigos, con el brazo por encima de los hombros, y charlando amigablemente como lo más natural del mundo.
- Jefe vamos para dentro.
- ¡Vale nene, vale, no des más la lata!
Muchas veces daba resultado, pero se arriesgaban a quedarse los dos en la calle si fallaba.
El cine de verano, tenía por techo el cielo azul plagado de estrellas y las paredes de más de dos metros y medio de altura. Como en el cine de invierno, los críos que carecían de los medios económicos necesarios para pagarse la entrada del cine, se las ingeniaban como podían, y además de utilizar todos los sistemas conocidos para colarse, aquí inventaron otros. Al principio se limitaban a subirse a la tapia ayudándose unos a otros, y desde allí, tendidos sobre la lera permanecían inmóviles como gorriones hasta el término de cada película, momento en que se bajaban de ella para evitar ser descubiertos. Pero duró poco, porque cuando los vieron, enseguida los echaron de allí los empleados del cine, utilizando para ello, palos, piedras y cualquier otra cosa que pudiera servir para espantar a los pajarillos.
Donde estuvo el cine de verano, después el taller de Mateo y actualmente viviendas
Viviendas donde antes estuvo el cine de verano
Así que tuvieron que seguir inventando y exponer un poco más, y en lugar de quedarse encima de la pared decidieron saltar al interior, y a veces, era tal el espectáculo que se generaba cuando algunos de estos chiquillos saltaban al cine y eran perseguidos por los empleados, que los espectadores se llegaban a olvidar de dónde estaban, y animaban a unos o a otros para que consiguieran su objetivo como si de verdaderos aficionados se tratara, incluso había quién se convertía en aliado ocasional de los críos cuando alguno de ellos, se escondía debajo de sus piernas, o se sentaba a su lado disimulando estar allí desde hacía tiempo, y había también quién llamaba la atención del empleado a gritos para que lo echara a la calle. La cara y la cruz de la moneda, como en todos los tiempos y como en todos los lugares.
           
            La crisis política y económica de los años 70, así como la mejora de las comunicaciones por carretera, y sobre todo la televisión, condujo a los cines del pueblo a cerrar a mediados de la década por escasez de beneficios, y durante varios años, el cine de verano fue el taller de reparación de automóviles de Mateo Reche, y el de invierno lo transformaron en cocheras, y posteriormente, en el lugar donde estuvieron los cines se construyeron viviendas. 



martes, 9 de agosto de 2016

FÁBRICA DE CERÁMICA “LA AMISTAD”

            Un poco de historia
            La fábrica comienza su andadura en 1842, fecha en la que firman un contrato los Sres.  Tomás y Juan Valarino, Estanislao Rolandi e hijos y Antonio Sixto como socios capitalistas por un lado, y como socios industriales Mateo Frates y Simplicio Maestre de San Juan por otro, por el que deciden fundar una fábrica de loza fina con el nombre “LA AMISTAD”, nombre éste que llevarán grabado o estampado las piezas fabricadas.

            El terreno elegido fue una hacienda recién comprada por el Sr. Tomás Valarino, y ubicada en el lugar llamado Borricén, de la Diputación de Alumbres. La decisión de ubicarla allí no fue casual, sino motivada por la cercanía de las minas que iban a proporcionar los minerales necesarios, incluso la arcilla se extraería de unos terrenos propiedad del Sr. Frates.

La fundación de la fábrica de cerámica “La Amistad” en Borricén, Alumbres, tiene como principal exponente a D. Tomás Valarino de origen italiano, que tuvo un singular protagonismo en el desarrollo industrial de la Cartagena del siglo XIX, construyendo además, una fábrica de vidrio en Santa Lucía y los muelles anexos a la misma, por lo que le fue otorgado el título de Conde de Santa Lucía.
Fábrica de Cerámica La Amistad- Borricén (Alumbres)
En 1845 se había terminado de levantar la fábrica, hornos, talleres, almacenes, pabellones para el director, portería y pozos. En esa fecha se trajeron técnicos de Inglaterra  y se introdujeron sus métodos de fabricación, beneficiando así los productos terminados.

            En su azarosa historia, de alrededor de medio siglo, la existencia de la fábrica atravesó por momentos muy difíciles, y en 1893 dejó de fabricar, aunque todo indica que su cierre  definitivo sucedió entre 1900 y 1905.
            Durante medio siglo, se fabricaron piezas elaboradas con los mejores materiales y el mayor entusiasmo, surgió así una loza fina dotada de sonoridad y dureza, cuya variada decoración destaca por la composición de los motivos ornamentales, escenas románticas, motivos florales y temas de cacería.
Tomás Valarino Gattorno
            Los objetos fabricados
            .Entre los objetos fabricados predominan los de carácter utilitario:
            .Ingente cantidad de vajillas; objetos de tocador y adornos.
       Predomina el procedimiento del estampado por ser el más barato y los motivos son muy variados: Temas vegetales y geométricos; asuntos chinescos; escenas de género; historiados, y el más característico, el de cacerías.
Escena romántica
Los platos con relieve aparecen policromados en tonos vivos, y los motivos que los adornan son unas veces pámpanos y racimos, otras tallos y hojas de enredadera, y en alguna ocasión se representa una casita al pie de una palmera.
Escena de cacería
            Entre las piezas aisladas destaca “el salón árabe” realizado en 1886 en la casa del fundador D. Tomás Valarino para Dª. María Valarino, hija de éste. Es un salón rectangular con un frente de tres arcos de medio punto, en el resto se abren vanos formados por arcos de herradura, y los azulejos en relieve son policromados y dorados.

            La caja de un reloj fechada en 1882 que está dedicado al descubridor de América.
      También es preciso mencionar un ánfora de color tostado y con dedicación a la Sociedad Económica.

Las marcas de la fábrica de Borricén
            El modelo más corriente es el de dos manos unidas.
           De éstas, una estampada de forma circular lleva la inscripción  ROLANDI VALARINO Y Cia* CARTAGENA*/CHINA OPACA  y en el centro dos manos unidas. Se puede encuadrar en el primer período de la sociedad 1845-1870.
Entre las estampadas de este grupo es preciso señalar las que llevan como leyenda, FÁBRICA DE CARTAGENA, la mayoría de veces en el interior de una cartela, con las simbólicas manos rodeadas por una corona o rama de laurel.

            De las marcas grabadas con manos se diferencian tres formas:
            Una ovalada con las manos en el centro dice, FÁBRICA DE CARTAGENA / GRANITO.
         Otra también ovalada, pero con los extremos cóncavos y las manos en el centro dice, FÁBRICA DE CARTAGENA/ CHINA OPACA.
         La tercera, de forma rectangular, con el lado superior curvo dice, FABRICA DE CARTAGENA. Las piezas del salón árabe llevan fecha de 1886.


            Sin las manos aparecen dos grupos de marcas:
            Uno grabado, se trata de una cartela con la inscripción, VALARINO/CARTAGENA.
            Otro estampado, en el que solamente aparece el nombre de VALARINO.
            Ambas marcas son posteriores a 1870.

            El último grupo lo constituye una marca estampada y otra grabada muy semejantes. Es una sencilla cartela en la que se lee LA CARTAGENERA. En un reloj la fecha es de 1882.




    

miércoles, 27 de julio de 2016

LA INDUSTRIA DEL ESPARTO EN ALUMBRES

          El esparto –Stipa tenacíssima- es una gramínea que crece de forma espontánea por las zonas más áridas del Mediterráneo Occidental, y su área de influencia en la península se extiende  especialmente por el levante y sureste formando espartales.

Todos los datos nos llevan a la conclusión de que el esparto ha sido utilizado desde hace miles de años por los primeros pobladores de la península, aunque en su cultivo y comercialización tuvieron una importancia fundamental los cartagineses, y después los romanos continuaron la obra púnica.

El Campus Spartarius que llamaban los romanos está referido especialmente al sureste peninsular, y más concretamente a la capital cartaginense, porque era aquí donde se comercializaba el esparto y porque los espartales, estaban en las cercanías, no en balde esta zona fue denominada Carthago Spartaria. 
Espartal
            El esparto florece en primavera formando largas espigas y se recolecta en verano. Para evitar daños en las manos en la recolección, se enrollan los extremos en un palo cilíndrico y se da un tirón para arrancar de la mata un manojo de esparto. Luego se extiende al sol durante unos días y posteriormente se sumerge en agua, tiempo después se saca del agua y se vuelve a poner a secar. El esparto picado se obtiene picándolo después de secado.
El trabajo del esparto en Alumbres siempre fue una fuente de recursos, unas veces como economía familiar de subsistencia, otras para la obtención de unos recursos complementarios y por supuesto, la explotación del esparto mantuvo una interesante y próspera industria rural.

De hecho, en el año 1599, el Regidor Procurador General y Comisario de Cartagena, Diego Martín de Cifuentes, presentó en Cabildo un memorial sobre las torres de defensa de Alumbres en el que se dice “…y ahora como las dichas fábricas han parado totalmente más de 8 años, ha venido el dicho pueblo en tanta disminución y menoscabo que ni las torres son de provecho ni hay vecinos en él si solo dieciocho o veinte que solo viven de buscar plomo y coger esparto, sin tener como no tienen otras haciendas y labores.”

Sobre la importancia del esparto en la economía alumbreña también encontramos referencias durante la primera etapa del Ayuntamiento de Alumbres en el siglo XIX. Así, para evitar que el esparto y otros productos del monte fueran esquilmados sin autorización y sin la correspondiente contribución a las arcas municipales, en la sesión ordinaria del 3 de noviembre de 1813 el Concejo de Alumbres acordó: “…que el esparto que así mismo salga de la jurisdicción pague cada haz de esparto de 30 manos sin curar, medio real, y un real del curado, así mismo sobre cada haz de filete, también 2 maravedíes cada cubo de pleita, 4 maravedíes cada sarria o estera.”
En otro tiempo, vestidos, calzado (esparteñas), muchas herramientas y útiles variados más necesarios se fabricaban con esparto que había que recolectar de los montes cercanos.
Exposición de antigüedades en Alumbres 2008
Los productos de esparto tuvieron una larga vida, porque buena parte de los enseres utilizados, así como variedad de cuerdas, incluso papel y tejidos estaban confeccionados con este material, y en otros períodos de baja, en los que la industria en la que se utilizaban sufrieron fuertes crisis arrastrando con ella a la del esparto, como la de la minería en los años 20 y 30, agravado con el Crac financiero de 1929, hasta el punto de que en 1936 el Inspector de Trabajo y el Alcalde de Cartagena tuvieron que mediar para resolver el conflicto laboral en el que estaban inmersos los trabajadores del esparto de la diputación de Alumbres.

Durante mucho tiempo, un buen número de mujeres del pueblo se dedicaron a esta labor, y se reunían para hacer pleita por cuya labor secundaria, algunas ayudaban a salir adelante a sus familias, y otras que no disponían de más ingresos que los que obtenían de este trabajo, tenían que multiplicarse para conseguir los recursos necesarios, luego la llevaban a los pleiteros, quienes la transformaban en enseres y herramientas de diversa utilidad de la época.
Sí, en esos tiempos, la industria del esparto proporcionaba unos ingresos extras a las mujeres que hacían la pleita, y un medio de vida para los pleiteros que dedicaban el día a trabajar ese producto en sus talleres, con el que los profesionales fabricaban después, capazos, seras, serones, esteras, esportones, calzado, artes de pesca, bolsos, arreos de caballerías, etc.
Mercado artesanal de Roche 1-5-2014
Con el nombre de pleiteros son conocidas las familias Aguilar, Moreno y Ojados por su larga dedicación al oficio, aunque el esparto también lo trabajaron muchos más vecinos del pueblo. En el padrón de Alumbres de 1889 sólo encontré una persona con el oficio de pleitero, y se llamaba Francisco Aguilar Albaladejo (antes de esa fecha no vi a nadie que se dedicara exclusivamente al trabajo del esparto en los padrones del pueblo) después y hasta la década de los 50 del pasado siglo XX, sus descendientes, Francisco Aguilar Barcelona, Bartolomé Aguilar, Francisco Aguilar Fuentes (algunos de los hijos de éste trabajaron en el oficio por un tiempo pero pronto cambiaron de profesión) continuaron el oficio hasta su decadencia y desaparición. Otras familias como Salvador Moreno Zamora, Francisco Moreno López, Salvador Moreno Vidal, y José Ojados Sánchez y sus descendientes, Francisco, Juan, José, Antonio, Agapito, y Domingo Ojados Sanmartín, también trabajaron en el oficio, aunque a mediados de siglo tuvieron que dedicarse a otras labores. También fue pleitero José Ojados Hernández “Pepe Sotelo”, aunque parece que por poco tiempo. La aparición de otros materiales más modernos en el mercado como el caucho, el plástico, o la goma, por ejemplo, dejaron obsoleto el esparto, cuyo declive comenzó en la década de los ´50 del pasado siglo XX.

También es preciso apuntar, que poco antes de iniciarse la decadencia de la industria del esparto, en Alumbres se contabilizaban más de 10 pleiteros, y tal era la pujanza de la profesión que se formó un equipo de fútbol llamado “La Guita”, que es como se conoce el cordel fino que se hace con el esparto, y que representaba a los trabajadores que se dedicaban a esta actividad.
Mercado artesanal de Roche 1-5-2014
Por último, Carlos Romero Galiana, en su libro Antología de los molinos de viento de Cartagena, dice que un antiguo cliente suyo de muy avanzada edad solía contarle una historia del Molino espartero de Alumbres, el del Tío Paco el del Garabito y lo expone así “Me contaba que su padre le habló en repetidas ocasiones, que el tío Paco el molinero salía por el pueblo a vender el esparto picado por el molino en un carrito tirado por dos perros: el Moro y el Garabito.”
                                                                                     Honda


martes, 19 de julio de 2016

LA CENSURA DE NUNCA ACABAR

Siempre albergué un espíritu libre en mi interior, y a veces, tuve que enfrentarme a peligrosas intrigas, algunas de las cuales me llevaron a probar las ásperas y terroríficas garras de la Inquisición en el Estado de la Corrupción, sarcásticamente llamado de Derecho y democrático.
 Sé que no soy lo que se dice políticamente correcto, pues temas escabrosos como éste son tabú para la mayoría de los que escribimos algo más de cuatro renglones, pero es que, no le debo fidelidad a ninguna firma, sólo respeto a quienes respetan mi opinión, y como tampoco hago campaña electoral para ningún partido político o sindicato, me muestro libre, aunque solo sea de pensamiento.

El sonetillo siguiente, que escribí hace mucho tiempo, sintetiza lo que pienso de la censura.

JUEZ, JURADO Y CARA DURA

Lo que más mola en el arte
no es ser prudente y sencillo
mola más el monaguillo
que bendice a Bonaparte.

Es más progre el juez y parte
que un progresista pardillo
que igual que a Pepito Grillo
no se le cuenta ni aparte.

Al sustrato y la encomienda
del oficio de censura
ya no hay dios que los entienda.

Juez, jurado y cara dura
mamporreros de leyenda
príncipes de la basura.

La censura se disfraza de múltiples formas y maneras y a través de los tiempos, ha sido el arma más peligrosa y más usada por los enemigos de la libertad, y para ello han utilizado infinidad de fachadas y caretas, tras las que se esconden las miserias humanas más indescriptibles.

Hubo un tiempo en España, en que la censura la ejercieron conjuntamente, el poder político y el espiritual encargado de moralizar a la sociedad, es decir la Iglesia, y se fundó la Inquisición con el beneplácito de la monarquía Católica, una maquinaria asesina para acallar protestas y evitar la difusión de ideas distintas a las suyas, y necesariamente creó la figura del jefe espiritual máximo, el Inquisidor General que era la máxima autoridad del Estado en la materia, y si alguien era considerado por la maquinaria censora un peligro para sus fines, entre los que figuraban los religiosos, las costumbres, y por supuesto, los económicos, entonces se le aplicaban suplicios hasta conseguir una confesión que justificara la quema pública del sujeto en una hoguera, que venía a ser algo así como un adelanto del infierno al que van los pecadores después de la muerte según la iglesia, aunque a veces, eran tales las torturas que le aplicaban a las personas castigadas, que acababan muriendo en las oscuras y tenebrosas cámaras de tortura que tenían para el efecto. Esa maquinaria de terror, además de fieles y fanáticos espíritus domesticados, proporcionó también muchas riquezas, las cuales, fueron las más de las veces, la verdadera razón de muchos de los procesos inquisitoriales, adueñarse de las propiedades y riquezas del procesado, de las que por supuesto nunca dieron cuenta y tampoco compartieron con los más necesitados.
               
Después de varios siglos de ejecuciones en nombre de Dios, la Inquisición se dulcificó en 1821 tras su abolición, pero como lastre quedó el fanatismo adquirido por los fieles de todos los niveles de la sociedad y la censura, por lo que se consideró imprescindible la figura del censor, por cuyas manos era obligatorio que pasara todo tipo de escritos, con la idea de que el filtro espiritual evitara el paso de ideas diferentes a las costumbres inducidas durante siglos y que graciosamente difundió entre la población, lo que se dio en llamar, la Santa Madre Iglesia. Luego, la prensa clasista del XIX  y también la posterior, completaron la faena.

En tiempos de la dictadura franquista, fue también la Iglesia quien colaboró abierta y decisivamente con el Estado autoritario para imponer la censura, y nuestros mayores nos decían en casa bajando la voz, “cuidado con lo que dices, aquí no se habla de política que las paredes oyen” haciendo alusión a los muchos chivatos que esperaban cazar alguna imprudente palabra del vecino que oliera a crítica del sistema, con la que poder ir a soplársela a quienes se lo agradecerían de una u otra manera, directa o indirectamente. Los chivatos entonces estaban muy bien vistos, al igual que la prensa que era Una, Grande y Libre, aunque solamente dijeran lo que los censores querían difundir desde las cloacas del Estado. Por eso, oficialmente, todos éramos Católicos, Apostólicos y Romanos, y cualquiera decía que no lo era, porque pronto conocería el infierno en la tierra.
En algunas fábricas y tajos, no tenían suficiente con los chivatos y se infiltraban policías de la Brigada Político Social como obreros, para asegurarse de que todo el mundo estaba controlado. El silencio era tan espeso como la paz de los cementerios del sistema fascista. Los trabajadores podían hablar de putas, de fútbol y poco más, pero de los salarios de hambre, de la inexistencia de justicia, de la inexistencia de libertad, de política, no se podía decir palabra alguna, porque “las paredes, todas las paredes oyen”.

Sin embargo, desde los albores de la democracia, ese ejército de funcionarios infiltrados en las filas obreras dejó de tener sentido y desapareció por completo, porque su labor la empezaron a realizar otros gratis, bueno gratis, gratis, no, puesto que a cambio, obtienen numerosas prebendas personales, subvenciones del Estado y perdón por sus innumerables corruptelas, hasta el punto de que muchos hicieron carrera profesional y ascendieron a lo más alto del escalafón laboral sin coger un libro, porque resucitaron a la antigua Inquisición acosando y persiguiendo a los rebeldes, a los protestones, a los inconformistas, y a todos aquellos que no se sometían al imperio de la “libertad vigilada” por los neoverticalistas.
En las concentraciones y manifestaciones de la época felipista eran ellos, los pesebristas, entre los que cabe destacar a los sindicalistas de los sindicatos mayoritarios, y los militantes de base de los partidos afines, que a cambio obtenían el favor del Gobierno y la patronal, los que aplicaban la censura, formando un “Cuerpo de Cancerberos” al que llamaban  “Servicio de Orden” y te echaban de las manifestaciones violentamente si repartías en ellas proclamas contrarias a sus ideas, o portabas una bandera republicana por ejemplo. Curiosamente hoy, la mayoría de los que se declaran republicanos, o son aquellos que te echaban a patadas si desplegabas una bandera republicana en sus manifestaciones, o sus hijos y parientes más cercanos, y te dicen con toda naturalidad que siempre fueron comunistas y republicanos, aunque nunca hayan sabido lo que es el comunismo y la república y siempre hayan abominado de ellos. En las fábricas se organizaban en “Comisiones de Limpieza de Imagen”, con las que garantizaban que alguien que no fueran ellos difundiera entre los obreros, sus opiniones, propuestas, carteles o panfletos.  
Luego está la prensa, especialmente la impresa y audiovisual (aunque alguna digital también lo practica con mucha profesionalidad), aquella que en el franquismo era Una, Grande y Libre, nunca dejó de existir, sólo transformó la fachada, y en su interior todavía luce con todo su esplendor la censura, eso sí, disfrazada de mil maneras según la editorial. Al principio del período democrático se justificaron imponiéndose una llamada “autocensura”, que en realidad era la vuelta a la censura pura y dura del franquismo, en la que no se libraban ni siquiera los artículos de opinión, que cuando eran publicados, lo hacían “recortados convenientemente” por el especialista manostijeras de la casa.

Además, como los medios de comunicación, tanto los impresos como los audiovisuales, han ido cayendo, uno tras otro, en manos de poderosas editoriales, conectadas entre sí por diferentes cordones umbilicales, e íntimamente relacionadas con los partidos políticos con aspiraciones de gobierno, que si en algo rivalizan no es en lo ideológico, o en ofrecer información veraz y puntual, sino en ejercer el control de las publicaciones bajo el principio de la “libertad de prensa”, es fácil comprender por qué la mayoría de los temas de corrupción que sucedieron hace varios años, te los presentan como un riguroso trabajo de investigación periodístico actual ¿No pudieron obtener y publicar la misma información oficial años antes?
Todavía sobreviven, alimentados por las inconmensurables ubres del Estado democrático, periódicos y radios totalitarios, típicamente franquistas, convertidos en panfletos antidemocráticos legales, pero eso tampoco es motivo de turbación, para que los órganos de dirección y control de la prensa nacional pierdan un solo segundo de su comodísimo y lucrativo tiempo.  
Unas veces se aferran al derecho de libertad de prensa, y otras ni siquiera tienen en cuenta que hay un principio natural en democracia que todos los medios deberían de respetar, y es el de la no manipulación de las noticias, pues éste junto con el de la desinformación (es decir, conocer la noticia pero no difundirla), es el medio que más utilizan en la actualidad. Algunos, han llegado a manipular imágenes para crear un estado de ánimo entre sus lectores y telespectadores.

Aquí entran entonces los criterios periodísticos que cada medio emplea para darle importancia a unos temas y negar la existencia de otros, aunque en la era de la informática se han sofisticado y mucho, los métodos utilizados. Una forma de manipular la información y tender el ascua a la sardina que interesa al poder fáctico, es el de poner el micro, invitar a los estudios de televisión, o dedicarle páginas del periódico a personas desacreditadas por su turbulento pasado, antidemocrático, corrupto, caciquil, etc., mientras que se ocultan y/o censuran las críticas a éstas especies protegidas, eso cuando no arremeten contra los críticos en defensa de su protegido.
A la prensa hoy, le llaman el cuarto poder, pero creo que quienes así la califican minimizan su importancia, pues según mi opinión, es la que sube al pedestal a oscuros personajes, y la que pone y quita gobiernos, la TV tiene un poder descomunal sobre la opinión de la gente en general, y las redes difunden noticias fabricadas en las cloacas de la prensa y los partidos políticos para mejorar la imagen de los que interesan y empeorar la de sus rivales. Cómo se puede explicar si no, que los partidos más corrompidos, que tanto por su número de imputados en casos de corrupción, como por su negativa a legislar seriamente contra esta enfermedad, ya crónica de la política española, así como por la categoría de los recortes a los derechos de la sociedad, y su actitud ultra represiva ante la crítica social, se parecen más a organizaciones criminales, que lo que deberían de ser, y sin embargo son los que ganan las elecciones una y otra vez, en un país cada día más empobrecido y menos democrático. Sí, habrá quien diga que es que la sociedad en general está podrida, pero entonces tendríamos que concluir con que la democracia es un sistema que ya no sirve para la sana convivencia de una sociedad plural.

Sin embargo, y muy a mi pesar, tengo que decir que la sociedad imita todo lo malo que observa en los poderes públicos y privados del lugar, y no podía quedarse al margen en el tema de la censura, por lo que también utiliza diversos medios para expresar su intolerancia y represión, contra los que considera las ovejas negras de la comunidad. Pensar diferente es peligroso en una sociedad apegada a la tradición y cargada de prejuicios, pero expresarlo públicamente mucho más, la masa social no perdona a quienes pretenden distinguirse del redil, y lo censuran, lo marginan y lo aíslan del resto para que no contamine, y llegado el caso lo crucifican por atrevido.
No suelo hablar por hablar, casi siempre me baso en experiencias, unas personales y otras observadas, por lo que puedo asegurar que todo no se centra en la prensa, la sociedad hoy, dispone de múltiples medios donde expresar su opinión, y en todos se palpa el temor a manifestar clara y nítidamente la opinión personal, y es que, mientras unos nos expresamos como mejor podemos, otros observan, vigilan y/o censuran, mientras la masa social suele sumarse al carro de la mayoría.

Las redes hoy, ofrecen unas buenas herramientas a la ciudadanía para poder comunicarse, sin embargo, mal utilizadas, pueden suponer un medio más de censura y discriminación propios de ideas totalitarias.
Por eso, creo que es importante también hacer mención siquiera de lo que pasa con las fotos, pues hay muchos profesionales y aficionados que están alerta, para pescar todo lo que se cuelga en las redes y apropiarse de ellas, y no se cortan si le tienen que pegar un corte a la rúbrica.

Vivimos una época de libertad vigilada y controlada milimétricamente, y da igual si entras en facebook o no, si usas el WhatsApp, el twitter, o si utilizas poco o mucho tu móvil, la tecnología actual permite que los que nos vigilan sepan exactamente dónde nos encontramos cada uno, cómo pensamos cada cual y a qué dedicamos nuestro tiempo libre, salvo aquellas pocas personas, que por edad o formación, no utilizan ninguno de los medios de comunicación que utilizamos la inmensa mayoría. 
En los móviles se forman grupos de WhatsApp, y twitter para comunicarse y no está mal, no tengo nada que objetar si se utilizan para eso, como un medio de comunicación fácil y rápido, incluso como entretenimiento y diversión de la gente, pero a veces se salta el listón de la libertad y se penetra en un campo donde la bonita herramienta se transforma en un horrible aparato de censura y distorsión de la realidad, usándola para actividades antisociales, como acosar, torturar, discriminar o aislar a alguien, y para poner a un grupo en contra de quien tiene ideas distintas a las del que dirige el grupo en cuestión, que como si del sumo sacerdote de una secta se tratara, idiotiza y manipula a los suyos como simples marionetas, dirigiéndose a ellos con términos entrañablemente sugerentes.
Por eso, para cumplir a la perfección ese tipo de cometidos contrarios a la libertad, se suelen formar subgrupos o grupitos reducidos con los más fieles, cuyo cometido principal es el de transmitir las ideas del líder y adoctrinar a los demás. Los perniciosos efectos de tales prácticas empiezan a dar sus frutos en diferentes ámbitos de la sociedad, generando desconfianza y temor entre los elementos cercanos que discrepan, pues su aplicación carece de límites y a veces hasta de escrúpulos.


La Inquisición hoy, está más cerca de nosotros de lo que creemos.


domingo, 10 de julio de 2016

DE LA CRUZ ROJA DE ALUMBRES (2ª PARTE)

          Como ya dije anteriormente, después del trágico accidente en Garrabino sucedido el 30 de marzo de 1926, la Cruz Roja de Alumbres se fundó el 7 de noviembre de este mismo año, y la Casa de Socorro el 3 de julio de 1927.

         Sin embargo, la vida seguía para todos, excepto para los que perecieron en la tremenda explosión, y de los que una vez pasados los primeros días solo hablaban ya sus más allegados, ni siquiera nadie -la prensa de la época tampoco- se planteaba la situación de desamparo en que podían haber quedado los familiares de las víctimas, ya que por entonces no existían los seguros sociales.

            Pero eso sí, las factorías de lo cutre fabricaban miseria humana sin cesar exhalando clasismo por todos sus poros, y se dedicaban a nominar candidatos para el ingreso en la Orden Civil de Beneficencia y la Cruz que reconocería al galardonado como tal, por el mérito de haber estado allí, aquel día, en el momento oportuno, o haber sido el responsable de un grupo de hombres de los que prestaron auxilio a las víctimas. Así que, siguiendo la línea argumental acostumbrada de la época, tras la inauguración de la Casa de Socorro en Alumbres, la prensa publicó por partes, en varios días, el discurso del Dr. Estrada, concretamente entre los días 8 y 13 de julio de 1927, el cual iba cargado de alabanzas a los políticos, jerarcas religiosos y personalidades locales y municipales del momento, y cómo no, al buen hacer de las instituciones de aquel indeseable período de la Historia de España.
Cruz Roja de San Antonio Abad en su visita de confraternidad con la de Alumbres-mayo de 1927
            Por lo que es natural que tanto las organizaciones llamadas benéficas que acudieron al lugar de la tragedia, como los jerarcas a título individual, comenzaran de inmediato su particular lucha por la conquista del reconocimiento social y político personal que tanto anhelaban por su supuesta generosidad, por eso, mientras unos periódicos resaltaban la heroica actitud de algunos protagonistas en su auxilio a los damnificados, otros diarios señalaban la protesta de los que se consideraban ignorados.

            No obstante, al final todos consiguieron su deseado trofeo, pues el 23 de noviembre de 1927, el periódico Cartagena Nueva publicaba que “Habiéndose resuelto satisfactoriamente el expediente instruido para premiar como se merecían, los servicios prestados con motivo de la horrorosa catástrofe ocurrida el 30 de marzo de 1926, en la Fábrica de Explosivos de Alumbres, con fecha 12 del actual se publicó una R.O. del Ministerio de la Gobernación, concediendo el ingreso en la Orden Civil de Beneficencia, a los siguientes:
            De primera clase:
· Asamblea de la Cruz Roja de La Unión (colectivamente)
· Una            sección de la Cruz Roja del Llano del Beal (6 camilleros)
· Al juez de instrucción D. José Martínez de Federico (de La
   Unión)
· Al médico forense D. Manuel Rodríguez Fernández (de La
Unión)
· Al médico de Alumbres D. Luciano Estrada Maureso
· Al párroco de Alumbres (en el momento del accidente era
Ignacio Martínez Gómez, puesto que Juan José Fernández Cano tomó posesión el 10-10-1926)
            De segunda clase:
· Al industrial de Alumbres D. Juan López
· Al funcionario de la Unión Eléctrica D. José Martínez Madrid
            De tercera clase:
· Al guardia municipal de Alumbres D. Pascual Martínez
· Al obrero de Alumbres D. J. Lucas Gil Pérez”.

          El domingo 18 de marzo de 1928, D. Luciano Estrada Maureso recibía la Cruz de Beneficencia de primera clase con distintivo negro y blanco que había sido adquirida por suscripción popular, y el diploma en el que se le nombraba Caballero de la Orden de Beneficencia, en un acto en el que no faltaron a la cita destacadas personalidades políticas, militares, religiosas y civiles de la época, y tampoco los discursos de rigor.
           Además, la Plaza de La Libertad pasó a llamarse “Plaza Doctor Estrada”.

          En La Unión y el Llano del Beal también realizaron su particular homenaje colectivo a los 27 miembros -entre jefes y camilleros- de la Cruz Roja de La Unión y los 6 camilleros del Llano, por su participación en el auxilio de la catástrofe de Garrabino.

       La Guardia Civil no podía ser menos, y el domingo 13 de octubre de 1928 en un acto protocolario digno de la época y por los mismos méritos que los anteriormente mencionados, el capitán y el teniente ingresaron en la Orden Civil de Beneficencia de primera clase; el sargento en la de 2ª y los dos cabos en la de 3ª, y además recibieron la Cruz de Beneficencia correspondiente.
         Como se habrá observado, el galardón individual obtenido siempre dependía del escalafón social al que el premiado pertenecía.

            Sobre los recursos de la Cruz Roja de Alumbres
           Al principio de su existencia, la Cruz Roja de Alumbres comenzó pagando 15 pts. mensuales por el alquiler de la vivienda nº 8 de la Plaza del Dr. Estrada, y los recursos procedían de una subvención del Ayuntamiento de Cartagena, además de las cuotas de tres clases que se fijaron para los socios (socios protectores; socios de número y socios eventuales) con el transcurso del tiempo se establecería también una iguala para que los practicantes primero y A.T.S. después, atendieran las necesidades de los socios.

            El Porvenir, en la edición del 23 de marzo de 1927 publicaba la sesión municipal en la que se dice “Quedar enterado de un oficio de la Cruz Roja de Alumbres agradeciendo la subvención concedida”.

           He escuchado diferentes versiones sobre la titularidad de la casa de la Cruz Roja de Alumbres, pero respetando todas ellas, porque puede que tengan algún fundamento, pues yo también tengo mis reservas (es posible que esa propiedad sufriera los mismos, o parecidos efectos de enajenación, que la Casa del Pueblo y el primitivo local de La Sociedad Minerva, antes de cambiar su domicilio en 1944, después de haber sido cerrada en 1939) debo de decir que, según la documentación que tengo en mis archivos, la vivienda es propiedad de Cruz Roja Española desde el 31 de octubre de 1952, fecha en que fue comprada a su anterior propietaria Dª. Ángeles Valcárcel Albaladejo, y ¿ratificada? por otra escritura el 25-2-1971.

      Posteriormente, los socios de Alumbres levantaron tabiques y dividieron la vivienda en habitaciones según la utilidad a la que se le iba a dedicar: sala de reuniones, despacho, aseos, etc.
Carné  de la Cruz Roja de Fernando Raja Hernández 1927
            Socios de la Cruz Roja de Alumbres que se recuerdan y/o se conocen
          Luciano Estrada Maureso; Juan José Fernández Pérez; José Martínez Madrid; Andrés Martínez Cao; Antonio Ruiz Laguna; Francisco Maruenda; José Hernández Ojados; Francisco Pérez Vidal; Fernando Raja Hernández; Lorenzo Pérez; Pedro Caparrós Galindo; Ángel García; Antonio Maciá Sánchez; Amalio Martínez; Vicente Samper; Pascual Martínez; Ginés Morales; Juan Conesa; Fulgencio Hernández Valero; Antonio Hernández Valero; Fulgencio Egea Hernández; Juan García; Francisco Carrillo García; Diego Vera Valero; Antonio Gómez Sánchez; J. Lucas Gil Pérez; Juan Aranda Vidal; Aurelio Martínez Medina; José Ros; Cristóbal Pérez; Juan Hernández; Francisco Hernández; Francisco Pérez Soto; Bartolomé Ros; Antonio Zapata Gómez; Teodoro Egea; María Pérez Conesa; Pedro Pérez Gómez; José Hernández Benítez; Francisco Hernández Benítez.

            Además, hay que tener en cuenta que numerosos vecinos de Alumbres se hicieron socios para poder ser atendidos por los servicios sanitarios de la Cruz Roja mediante el abono mensual de una iguala. Entre los ATS cabe recordar a Salvador (de la Palma), Francisco Serrato y Ginés Mercader Martínez.
Carné de la Cruz Roja de José Hernández Benítez 1986