martes, 27 de octubre de 2015

EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS

Algunos días antes del 1 de noviembre, día de Todos los Santos, las mujeres del pueblo empezaban a ir al cementerio a limpiar los lugares de enterramiento de sus familiares difuntos.

Había quienes tenían que quitar las malvas, gramas, y otras matas que crecían durante el año sobre el túmulo de tierra del enterramiento, y después esparcían agua por encima para que se aplastara la tierra removida. Además pintaban con cal las piedrecitas con las que se cercaban los límites de las fosas, y si era preciso, también se pintaba la blanca cruz que se disponía en la cabecera. Cada cual hacía todo lo que fuese posible con tal de adecentar la última morada donde yacían los restos del ser querido.

Otros vecinos con economías más solventes, habían podido costearse una lapida de mármol que cubriera el enterramiento, y su limpieza resultaba más sencilla y lucida, así que sólo había que fregar la piedra y los floreros para que todo quedara reluciente.
Cementerio de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Aquellas familias que tenían panteón eran las privilegiadas con poder económico suficiente como para ostentar la diferencia entre ellos y los demás mortales. Los panteones son construcciones muy parecidas a una vivienda habitual, aunque de dimensiones reducidas, sin embargo, el interior suele estar recubierto de mármol mostrando un lujo y confort a veces exagerado. En éstos, con pasar un trapo húmedo por suelos y paredes, y cambiar las flores viejas por otras frescas se queda limpio y brillante como una patena.
Pero tanto unos como otros hacían todo lo que fuera necesario para que el día de fiesta estuviera el enterramiento lo más presentable posible, en algunos de los cuales, se disponía de una hornacina donde se situaba una imagen sagrada junto a una foto del añorado difunto, y una tacita de aceite donde flotaban las mariposas que iluminaban el pequeño escenario.

La víspera por la noche, las casas de los vecinos se transformaban en circunstanciales santuarios, iluminados por mariposas nadando en aceite para que ayudaran a las ánimas del Purgatorio a encontrar el camino de la Gloria.

El de Todos los Santos era un día de contrastes para todas las familias del pueblo, tanto para los cristianos practicantes, como para los que no iban habitualmente a misa, porque oficialmente, todos los españoles sin excepción abrazaban el catolicismo, aunque después la realidad fuera otra cosa, y un fuerte sentido supersticioso impregnaba a la mayoría de las gentes de la época, mezclado inevitablemente con un cierto derroche de alegría y tristeza que desbordaba las pasiones de improviso.

Bien temprano, como mandaba la tradición, ataviados con las mejores ropas que se tenían, el cortejo familiar cargado de flores, se disponía a encaminar sus pasos hacia el cementerio donde pasarían la mayor parte del día.

Lo primero que se hacía era poner las flores en los floreros y acarrear agua para que se mantuvieran fresquitas. En los primeros tiempos, había que ir a la Fuente del Comino a por agua, después se dispuso un aljibe enfrente del cementerio, y en la actualidad hay grifos de agua del Taibilla en el interior del recinto desde hace varios años.
Cementerio de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Después cada uno se dedicaba a lo suyo, y lo de los críos era corretear por las estrechas callejuelas del campo santo, mientras se tiraban los frutos redondeados de los cipreses, que por su forma se les llamaba calaveras. También husmeaban las fosas abiertas que habían preparadas para albergar a nuevos inquilinos, pero sobre todo lo que más les llamaba la atención era el osario, donde la visión de tibias y calaveras les inducía a fantasear sobre la gloria y el infierno, y el tenebroso y desconocido mundo de los muertos. La noche del Día de Todos los Santos, era una noche de miedos incontenibles y de indeseables pesadillas para los niños que hubieran pasado el día en el cementerio y asistido a los tenebrosos relatos de sus mayores.

A media mañana era costumbre que el párroco de Alumbres se acercara al cementerio acompañado de uno o dos monaguillos y bendijera con agua bendita, una a una todas las fosas donde hubiera un enterramiento, a la vez que rezaba una oración por la salvación de las almas de los difuntos.

Los hombres, andaban de aquí para allá, curioseando o charlando con los amigos de la Liga Nacional de Fútbol, o del fútbol del pueblo, de mujeres, o de cualquier otro importante tema parecido relacionado con la actualidad de la época en el país y en el pueblo, el caso era pasar el tiempo lo más distraído posible.
- ¿Viste el partido del Minerva contra Las Colonias?
- Pues sí, y la verdad es que me gusta mucho como juegan al fútbol algunos de los nuestros. La jugada del Zarra y el Gainza por la banda derecha y la culminación en gol a la media vuelta del Chichi fue espectacular.
- Paco Llor en la portería estuvo inconmensurable porque lo paraba todo y el Pecas, el Manolo, el Lala y el Mateo defendieron estupendamente su parcela.
- Y el Larios, el Rodri y el Menúo también estuvieron muy bien eh. En fin, es difícil destacar a uno sólo cuando el conjunto lo hace tan bien como lo hizo ayer.
- Ya lo creo, aunque hay que recordar que Las Colonias es un conjunto de juveniles técnicamente mejor preparados que El Minerva, y a pesar de que este partido lo empataron, lo cierto es que de diez que jueguen, los nuestros podrían perder siete u ocho por lo menos.
- Hombre, no podemos olvidar que de ahí se llevan jugadores a equipos grandes como el Real Madrid, el Barcelona, el Elche, etc., pero los nuestros demostraron que si tuvieran los mismos medios que ellos podrían equilibrar la balanza como mínimo.
- Oye tú, hablando de todo un poco, ¿te has fijado en lo guapa que se está poniendo Fulanita?
- Pues sí, la chica se está desarrollando muy saludablemente, pero habla bajo que si te escucha mi mujer estoy perdido.
Cementerio de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
En cambio, para las mujeres era un día de sociedad tan deseado como abundante en novedades. La mayoría de ellas se pasaban el día saludando a las amigas y recordando las bondades de sus familiares difuntos entre sollozo y sollozo, mientras que otras, las comadres de siempre, aprovechaban la ocasión para practicar su deporte favorito y secreteaban intercambiando cotilleos de algunos vecinos y vecinas que circulaban por el pueblo, y cuando no sabían o se quedaban sin tema, entonces inventaban el despellejamiento de alguien que llevaban en cartera desde hacía tiempo. Las mujeres en general y las chismosas en particular dejaban descansar muy poco la sin hueso, y a las muchachas guapas las ponían “bonicas” o al revés.

- ¿La has visto cómo mueve el culo cuando pasa cerca de los hombres?
- ¿Que si la he visto? A esa golfa la voy a coger yo un día y le voy a quitar las ganas de provocar a los maridos de las demás. A mi Anselmo ya le he dicho que el día que lo vea hablar con ella salimos en los papeles.
- Lo mejor que hay para estos casos es buscarlo todos los días y que salga a la calle bien escurridito, porque los tíos en cuanto van con falta se enrollan con el primer pendón que se tropiezan por ahí.
- Y que lo digas hija, y que lo digas, pero lo que es yo, no sé qué hacer con mi marido, porque me usa tan poco que como me descuide me voy a ir al otro barrio con el alma seminueva.
- ¿Oye, sabías tú que Mengano es marica?
- Sí hija, sí, fíate tú, con lo bueno que está y dicen que pierde aceite. ¡Pero lo de mi Anselmo no es por eso eh!
- Hija, yo tampoco lo he dicho con intención de compararlo con tu marido. De todas formas es una enfermedad como otra, y ya conoces el dicho “antes que cura...”
- Bueno, bueno, pero por si las moscas tienes que saber que Anselmo no tiene ninguna enfermedad incurable, y lo que le pasa es que le gusta ir de flor en flor como las abejas. ¡Si tú supieras la salud que tiene mi hombre..., lo que pasa es que no me la muestra con mucha frecuencia porque trabaja mucho y siempre va muy cansado!
- Pues lleva cuidado no se tropiece con una flor carnívora y...
- Ya que sale el tema ¿sabes lo que dicen por ahí de Sarmiento y su querido?
- ¡Huy, si yo te contara!
- Cuenta lo que sepas mujer que yo también sé algunas cosas de esa menda.
- Dice Renata, que vive al lado de ella y como bien sabes es su amiga más íntima, que viene a verla todos los días a la hora de la siesta y a veces repite a altas horas de la noche disfrazado de fantasma para asustar a los curiosos.
Cementerio de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
De esa forma y otras parecidas, del cementerio, salían cada año chismes nuevos con energía renovada para hacerlos circular por las calles del pueblo con toda su fuerza devastadora. Sin embargo, los tiempos han cambiado, de manera que hoy, algunos varones que van de sabelotodo por la vida, aunque en realidad no sean el más saludable ejemplo a seguir, rivalizan con las comadres de toda la vida y aprovechan cualquier circunstancia y lugar para poner en circulación los más insospechados chismes sobre todo el que no sea de su cuerda, o que simplemente no les caiga bien.

Por aquellas fechas, un popular personaje hacía acto de presencia los días de fiesta otoñales, con un negocio ambulante compuesto por un carrito del que tiraba él mismo, una sartén perforada, el brasero, carbón, castañas, membrillos y boniatos, y venía desde Borricén al pueblo con el fin de sacar unas monedas con las que ayudarse para sacar adelante a su numerosa familia. El Cocheles, era una persona sencilla, padre de varios hijos, que cada año cargaba su carrito de castañas y un brasero y se ponía cerca de los escalones de la plaza de la Iglesia a vender castañas asadas anunciándolas con su voz ronca y gastada.
Castañero en el Paseo Alfonso XIII de Cartagena. 
Foto: Francisco Atanasio Hernández
También había quien vendía altramuces en cartuchos de papel, dátiles, jínjoles, y pipas.

Quiero recordar también que hubo algunos años en que Carlos Hernández, puso su carrito y vendió castañas asadas, igualmente anunciadas con su peculiar voz desgastada por el tabaco.

Una vez de vuelta a casa, la mayoría de las familias acostumbraba a hacer tostones (palomitas de maíz) después de desgranar las mazorcas, y divertirse un rato con juegos familiares como, la lotería, las cartas, el dominó, etc.

Después, los mayores contaban historias escalofriantes de fantasmas y de almas en pena que vagaban por el orbe sin descanso, porque alguien, quizás vivo todavía, había incumplido una promesa que le habían hecho en el último momento de su existencia, y hasta que no se cumpliera seguiría penando.
Poco a poco el miedo se iba apoderando de los más pequeños, hasta que llegado el momento de irse a dormir ninguno quería hacerlo solo y mucho menos con la luz apagada.


Aquella noche Pepito se acostó intranquilo, no sin antes haber intentado en vano que su madre no lo dejara solo en la cama, porque un frío y terrorífico miedo le atenazaba y le impedía conciliar el sueño, hasta que poco a poco, se le fueron cerrando los ojos por efecto del cansancio. Hacia la media noche, se despertó gritando despavorido y dando fuertes manotazos al aire, en un vano intento de separar de él a la vieja rugosa y desdentada señora que se empeñaba en besarlo llenándole la cara de babas. Cuando al poco su madre encendió la luz del dormitorio, un sudor frío y caudaloso discurría por sus mejillas, pero él seguía creyendo que se trataba de las babas que le había dejado en la cara la abominable vieja de la pesadilla, y se limpiaba desaforadamente la cara con las manos mientras mostraba un gesto de asco incontenible en su rostro.

Poco tiempo después de aquella desagradable pesadilla, su anciana y arrugada bisabuela, con la que no se llevaba muy bien por cierto, falleció, y sus padres le recordaron que aquél pudo ser uno de los muchos sueños premonitorios que tantas veces se daban lugar entonces.


domingo, 25 de octubre de 2015

LOS ORÍGENES DEL FÚTBOL EN ALUMBRES

            Las primeras noticias del foot-ball que se tienen en la región proceden de Águilas en torno a 1896, y partió del interior de una colonia inglesa instalada en la población de donde también surgiría el primer equipo de fútbol, el Sporting Club Aguileño que fue fundado en 1900.

            De la Comarca de Cartagena y sus alrededores, se tienen noticias de la práctica de éste deporte en el año 1903.

            El Sport Club Cartagena se funda el 6 de septiembre de 1906, y ya en 1907 el Sport Club Cartago, el Sport Club Dolorense y la Gimnástica Dolorense. De ahí hasta 1909 hacen su aparición en el mapa futbolístico de nuestra tierra otros equipos como, el Club Gimnástico Deportivo, Sporting Club Victoria, Sporting Club La Unión, Sport Club Portmán, Sporting Club Escombreras y Foot-ball Club Alumbres.

La historia del fútbol en Alumbres y el Valle de escombreras comienza con la fundación del Sporting Club Escombreras en 1908.
Escombreras era entonces un pueblo pequeñito, que se dedicaba mayoritariamente a la pesca, pero la instalación de la fundición Bleyberg de Zinc, a mediados del siglo XIX, propició un incremento de la población, entre la que hay que destacar la llegada esporádica y el establecimiento de ingleses y franceses, que como en otros lugares ribereños trajeron consigo la pasión por un deporte que empezaba a estar de moda, el fútbol.

El poblado de pescadores de Escombreras desapareció hace ya muchos años, por necesidades industriales, y merece un tratamiento distinguido en la historia del fútbol alumbreño, porque ambos pueblos convivieron en épocas difíciles, compartiendo muchas cosas, unas buenas y otras menos, y en lo que se refiere al fútbol, disputaron partidos amistosos a lo largo de toda su historia, tanto en fiestas patronales como en otras fechas diferentes del año, y en muchas ocasiones jugadores de Escombreras participaron en equipos de Alumbres y al revés. Siempre hubo unas buenas relaciones de vecindad, y muchas parejas se formaron entre jóvenes de ambas poblaciones.

Cuando realizo visitas a los archivos en busca de datos de Alumbres, siempre me intereso también por todo aquello que me encuentro de Escombreras.
Por eso, hoy puedo poner un documento muy poco conocido por propios y extraños, y que pude obtener en una de mis visitas al Archivo General de Murcia allá por el año 2007.
Se trata de la Inscripción en el Registro de Asociaciones del Sporting Club Escombreras el 22 de abril de 1908.
Copia recortada del registro del Sporting Club Escombreras

Enrique Sequier era su presidente, y durante el año 1908 ese equipo disputó varios encuentros amistosos con conjuntos de Cartagena y La Unión.
A veces, la prensa de la época nombraba a los jugadores del equipo de Escombreras: Marcelino García portero; Luis Blázquez y José Alcaraz saqueros; medios, Juan Sánchez, Antonio Zaragoza y Saturnino Gil; delanteros, F. Navarro, J. Valverde, E. Sequier, Emilio López e Ignacio Silva.

El Eco de Cartagena

    Alumbres entra en la Historia del Fútbol Nacional
            Hasta ahora y mientras no se encuentren otras noticias que lo contradigan, hay que tomar como referencia el día 4 del mes de enero de 1909, como fecha en la que el Club de Foot-ball Alumbres se presenta en sociedad, formando parte de un conjunto de equipos importantes del país que participaron en las deliberaciones previas que conducirían a la constitución de la Federación Española de Clubs.

Constitución de la Federación Española de Clubs de Foot-ball.
El día 4 de enero de 1909, en el domicilio social de la entidad madrileña, situada en la Avda. de la Plaza de Toros número 10 se celebró una reunión, cuya acta levantada al efecto es transcrita a continuación:

“En el día de la fecha, y convocados por el Madrid Foot-ball Club, se reunieron en el domicilio de esta Sociedad, a las tres y media de la tarde, para tratar de la organización del Campeonato de España de Foot-ball Association, los señores siguientes: José Berraondo, representante del Madrid; Aldecoa, del Athletic Club, (Bilbao y Madrid); Barreras, del Real Club Coruña y Fortuna de Vigo; B. Menéndez, del Círculo Industrial y de Sport de Avilés; Garrido del Club Deportivo de La Coruña; Meléndez, del Club de Foot-ball de Alumbres (Cartagena); Kindelán, de la Sociedad Gimnástica Española y M. Giralt, del Español Foot-ball de Madrid.

Presentadas por todos al señor Berraondo, como representante del Madrid F.C., las cartas en que se les acreditaba como tales por las respectivas entidades, expuso dicho señor la idea de que debía elegirse un presidente y un secretario, entre los asistentes, para que dirigiese las discusiones y levantase acta de lo acordado. Conforme todos en que era de necesidad lo propuesto, fueran elegidos, para el primer cargo, el señor Berraondo, y el señor Meléndez para el desempeño del segundo, empezando inmediatamente en el desempeño de sus funciones.

Unánimes los concurrentes a la Asamblea de lo conveniente que sería que existiera una Federación Española de Clubs de Foot-ball, que por sí organizara el campeonato de España y cuantos concursos pudiesen aumentar la afición al foot-ball; resolviendo también, con plena autoridad, los conflictos que surgiesen en los organismos por particulares, convinieron en sentar como principio la necesidad de crearla para lo sucesivo, comprometiéndose a procurar naciera de la reunión que celebraban, para lo cual acordaron dirigir una comunicación, de cuya redacción se encargaba al señor Meléndez, como secretario, a todos los clubs de foot-ball de España conocidos, procurando, asimismo, para mayor publicidad, que los periódicos de “sport” tuviesen noticia de ella, y en la que se invitaría a todas las Sociedades a remitir, antes de primero de abril próximo, a nombre del Madrid F.C., y al domicilio de éste, un borrador del reglamento de la Federación Española de Clubs de Foot-ball, con el fin de, estudiados todos ellos convenientemente, pudiesen ser discutidos por delegados nombrados por cada Sociedad, y aprobado definitivamente alguno, con o sin modificaciones, en reuniones sucesivas, que se celebrarían en el domicilio del Madrid F.C. (avenida de la Plaza de Toros), a partir del día 10 de abril, teniendo lugar la primera a las tres y media de la tarde de dicho día.

Terminada la discusión, y considerando terminada la misión de la Asamblea, el señor presidente procedió a levantar la sesión, dando gracias a todos los presentes por su asistencia y el honor dispensado al Madrid F.C. con ella.
De todo lo cual, como secretario, doy fe, firmando, para que conste, la presente acta en Madrid, a cuatro de enero de mil novecientos nueve. El secretario,
 ADOLFO MELÉNDEZ.”


En esta caseta de la Avenida de la Plaza de Toros tenía su sede el Madrid Foot-ball Club, y aquí se celebró el 4 de enero de 1909 la primera reunión entre diversos representantes de clubes españoles de cara a constituir la Federación Española.

   Sobre el representante del Foot-ball Club de Alumbres Sr. Meléndez.
            Para cualquier alumbreño que se precie es sumamente agradable constatar que ya por esas fechas, un pueblo tan pequeño como Alumbres, tenía tanta importancia como para estar presente en las deliberaciones previas a la fundación de tan importante organismo deportivo como la Federación Española de Fútbol.

Sin embargo, la satisfacción y el orgullo que el hecho produce en nuestro ánimo, no nos debe hacer olvidar ni el contexto caciquil de la época en el que se produce, ni el extraño apellido Meléndez de la persona que se menciona como representante de la sociedad deportiva de Alumbres. He hurgado en los padrones de Alumbres disponibles de la época, los de 1894 y los de 1921, y no encontré a nadie con ese apellido y posteriormente tampoco he conseguido encontrar evidencias de que alguien apellidado así hubiera estado establecido alguna vez en el pueblo.

Lo más probable por tanto, es que ese Sr. Meléndez, fuese alguien residente en Madrid, al que le uniera algún tipo de relación, de amistad o de negocios, con uno de los caciques del pueblo de la época, a los que, como es sabido, no sólo les gustaba ostentar dinero y pertenencias, sino alardear de poder e influencias en todos los niveles de la sociedad, y éste le diera atribuciones para representar los intereses del Club de Alumbres.

De hecho después de las informaciones recibidas del Archivo General Militar de Segovia, se puede concluir con que el mencionado Sr. Meléndez, al menos entre 1907 y 1909, no estuvo destinado por Cartagena, La Unión o Alumbres. Por lo tanto sus relaciones con Alumbres habría que centrarlas en la capital de España Madrid, bien por negocios, por estudios, o por la profesión de militar.

Por otro lado y abundando en la duda expuesta, es preciso hacer notar que en 1902, cuando se constituye oficialmente la Sociedad Madrid Foot-ball Club, con el apellido Meléndez, hay una familia residente en Madrid, de la que uno de ellos, Arturo Meléndez, formaba parte de la directiva del club madrileño, y como jugadores del equipo aparecen, Adolfo Meléndez y E. Meléndez. Además en el acta de las deliberaciones previas donde figura el Foot-ball Club Alumbres, Adolfo Meléndez la firma como secretario, que por entonces era también presidente del Madrid Foot-ball Club.

Sin embargo, y para concluir con este asunto, debo decir, que ni siquiera la certidumbre de que el Sr. Meléndez fuese el delegado de un poderoso acaudalado del pueblo, debe quitarle importancia a la realidad de que Alumbres, un pueblecito de origen minero, que por entonces se debatía entre la blenda y el trigo y entre el hambre y la abundancia, de una u otra manera estuvo allí, donde otros más grandes, quizás, no quisieron estar presentes.

         Hay constancia de que en ese año de 1909, el Foot-ball Alumbres disputa varios partidos con equipos de La Unión, Cartagena y Escombreras, con este último las relaciones eran más estrechas y en el programa de fiestas que un periódico de la época publicó mencionaba un partido entre el Sporting Club Escombreras y el de Alumbres.  

El Eco de Cartagena

La primera alineación de un equipo de Alumbres que conseguí encontrar en la prensa de la época data del día 11 de enero de 1913 en la crónica del partido que disputan el FBC Alumbres con el Athletic Club Cartagena en el denominado “Campo de Los cuatro Caminos” de Cartagena, que después de un reñido encuentro el equipo de Cartagena se alzó con la victoria por 1 a 0.
            Por el A.C. Cartagena: guardameta, M. Lucas; zagueros, B. Ausejo y D. Sánchez; medios, L. Martínez, M. Manzanera, y A. Lucas; delanteros, P. Escudero,  D. Conesa, A. Blázquez, A. Carrión, y L. Beltrí.
Por el de Alumbres: portero, J. López; defensas, G. Vidal y J. Mateo; medios, G. Aguilar, J. Gómez, J. Martínez; delanteros, A. Martínez, A. Morales, J. Lucas, J. Victoria y A. Martínez.

El eco de Cartagena

    I Campeonato Local de 2º Categoría (Copa Sporting).
            Algunos años después de aquellos primeros partidos de 1909 y 1913, en 1917 el Sporting Club Carthago, que hasta entonces se limitaba a organizar encuentros amistosos con clubes de la tierra y otros foráneos de su categoría para entrenar y dar espectáculo, se decidió por organizar el I Campeonato Local de 2º Categoría que se disputó desde el 27 de mayo al 3 de julio de 1917.

            En la competición participaron 10 equipos de Cartagena y sus aledaños: Athletic Club La Unión, Athletic Club Santa Lucía, Athletic Club Victoria, Club de Foot-ball Alumbres, Cartagena Foot-ball Club, Escombreras Foot-ball Club, Gimnástica Dolorense, Gimnástica Molinense y Sporting Club Carthago. Efectuado el correspondiente sorteo daría comienzo el torneo por el sistema de eliminatorias a un solo partido, y todos los encuentros se disputarían en el campo de fútbol que poseía el Sporting Club Carthago en el Paseo Alfonso XIII.

Al equipo de Alumbres le tocó en suerte jugar la eliminatoria contra El Acorazado Pelayo el 17 de junio de 1917, conjunto que al final se proclamaría Campeón del torneo, y cuyo encuentro con  los alumbreños ganaron por 1 gol a 0 quedando eliminado el equipo de Alumbres.
Alumbres-0, Pelayo-1

El fútbol de Alumbres en los años 20.
Ésta década se caracteriza por ser una etapa de fomento y desarrollo espectacular de la práctica del fútbol en Alumbres, de manera que por esos años se ha verificado la existencia de varios clubes diferentes de fútbol en el pueblo, si bien hay que decir también que de duración efímera. Es posible incluso que además del aspecto puramente deportivo y de diversión de los organizadores, hubiera también una importante disputa entre los dirigentes de los equipos para hacerse con el conjunto de futbolistas que obtuviera más éxitos y mejor representara al pueblo, al menos, esa es una de las conclusiones a las que yo he podido llegar. 

Equipos de adultos. Alumbres F.C., Club Levantino, C.D. Alumbres, Envidiables F.C., Minerva F.C., Invencibles.
Equipos infantiles. Alumbres F.C., Club Levantino, Envidiables F.C.

No hay que olvidar que es en esta época en la que coexisten en Alumbres la Sociedad Obrera “La Envidiable”, y la “Sociedad de Fomento y Cultura Minerva”, cada una de las cuales crea su propio equipo de fútbol.

La Envidiable tenía su propio campo de fútbol, al parecer de reducidas dimensiones, en La Hoya, en la Huerta del Rango, justo en la zona donde hoy están Los Chalet, aunque parece que no duró más de dos o tres años.

Copia recortada del registro de la Sociedad Minerva
Copia del registro de la Sociedad Minerva del Archivo Histórico de Murcia

La Sociedad Minerva.
Hay constancia escrita de que el día 7 de abril de 1924, la sociedad Minerva de Alumbres presentaba sus credenciales como asociación legalmente constituida según las normas reguladoras de la época. En el escrito se declara que la finalidad de la organización es la de ofrecer instrucción y recreo a sus socios.
Una junta directiva sería la encargada de organizar sus actividades y la fuente de recursos para su mantenimiento se obtendría por medio de la cuota mensual de sus asociados.
En el caso de que la asociación se disolviera se establecía que el patrimonio generado se destinara al Hospital de Caridad de Cartagena.
En principio fijó su domicilio en el nº 52 de la C/ Mayor de Alumbres, pero posteriormente trasladaría su sede social al nº 43 de la misma calle.
Todos los alumbreños sabemos la importancia que tuvo la fundación de “La Sociedad”, como lugar de ocio y esparcimiento para los varones del pueblo hasta no hace demasiados años, y algunos menos saben o reconocen, que fue esa asociación quien fundó el equipo de fútbol más longevo de la historia de fútbol de Alumbres, el Minerva.  
En esta década el fútbol alumbreño se consolida y disfruta de una primera época dorada.  La recientemente fundada Sociedad Minerva, a principios del verano de 1924 forma su primer equipo el Minerva FC., que es el club de futbol más longevo de la historia del fútbol Alumbreño, y un año después, el 8 de febrero de 1925 inaugura El Secante, que en la actualidad ha cumplido 90 años de existencia, y es el 3º campo más antiguo de la Región de Murcia después de El Rubial de Águilas y La vieja Condomina de Murcia y por supuesto, el más antiguo de la comarca.


 Equipo que inauguró “ El Secante”, el campo de fútbol del Minerva FC .  
Foto: Archivo de Francisco Atanasio Hernández

Los hermanos Fulgencio y Pedro García Heredia, que por esas fechas tenían 24 y 20 años respectivamente, junto con su hermano menor Antonio de 18 años, fueron fichados por el Cartagena F.C. de 1ª Categoría el 27 de julio de 1925, y así constaron en la Federación Regional Murciana de Foot-Ball de 1925, con licencia federativa nº 6523 para Fulgencio; 6522 Para Pedro y 6521 Para Antonio. Antes jugaron con los diferentes equipos del pueblo, Club Levantino, C.D. Alumbres, Alumbres F.C. Y Minerva F.C. donde destacaron por su calidad, y cuando no jugaban con su equipo de Cartagena lo hacían con el del pueblo.

            Sin duda alguna, estos son los primeros jugadores alumbreños que se conocen que estuvieran federados, y los primeros que tuvieron el privilegio de formalizar ficha con el 1º equipo de fútbol de la Ciudad Departamental y de la comarca, en una época en la que el fútbol alumbreño brilló con luz propia.

            Por los datos que poseo, parece que no participaron mucho en el primer equipo, pero sólo el hecho de haber sido fichados por él, confirma que fueron destacados futbolistas en la tierra cartagenera, y además, que las buenas relaciones con el principal club de fútbol de la ciudad datan de mucho más tiempo atrás del que se creía.






viernes, 16 de octubre de 2015

LOS ENTERRAMIENTOS EN ALUMBRES

El tema de la muerte, es, ha sido y seguirá siendo motivo o pretexto para la elaboración de textos literarios en prosa o poesía de numerosos autores de todos los tiempos.
            En mi producción sobre la muerte, además de textos en prosa de carácter histórico y literario, se encuentran varios poemas, uno de ellos, es el que pongo a continuación.

                                  UN MANTO DE NEGRAS SOMBRAS

Tras las cortinas de oscuro color
se mueven las sombras
de la muerte y yo.

Un murciélago agorero
se cruzó tras los cristales
y un manto de negras sombras
se abatieron sobre mí.

Y espero que en la oscuridad
de la noche desdentada
entreabra sus ventanas una vez
haciendo penetrar la brisa,
gélida de luz eterna,
y envuelta en su negro manto
seduzca definitiva
a éste galán de la noche.

Calle del Cementerio. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Alumbres fue durante mucho tiempo parroquia de un extenso territorio, que empezaba en El Hondón y llegaba hasta Los Belones, pasando por  La Media Legua, Vista Alegre, El Abrevadero, Roche, Alumbres, Borricén, Escombreras, El Gorguel, Los Partidarios, La Esperanza, El Garbanzal, La Unión, Portman, El Algar y San Ginés de la Jara.

            Cuando alguien de uno de los pueblos más alejados moría, primero se le hacía un largo velatorio según la costumbre de la época, y después, con el cuerpo en estado de descomposición ya, había que transportarlo a lomos de un animal o en carreta hasta la iglesia de Alumbres donde el cura le daba el responso, y después se le enterraba.

            Los tiempos fueron cambiando y las costumbres también, así que a la vez que se fueron construyendo iglesias en los pueblos, se fueron segregando las parroquias de la de Alumbres. Además, en un principio, y hasta bien avanzado el siglo XVIII los enterramientos se realizaban en el interior de las iglesias pero esta costumbre se erradicó y en su lugar se fueron construyendo los cementerios fuera del recinto de las poblaciones.

            Tiempo atrás, cuando alguien del pueblo se encontraba en el último momento, normalmente se avisaba al cura para que fuese a darle la extremaunción y muriera en gracia de Dios y no en pecado.

            Dicen que cuando el fatal desenlace se daba lugar, la iglesia lo anunciaba dando tres toques de campana si el difunto era un hombre y dos si era una mujer.

Una de las costumbres más enraizadas, consistía en que cuando alguien del pueblo moría, todos los vecinos acudían al velatorio a cumplir con la obligación moral  y social de acompañar en su dolor a la familia del fallecido.

            Lo primero que se hacía con el muerto era amortajarlo, y para eso no servía todo el mundo, puesto que esencialmente suponía adecentar al muerto y vestirlo con las mejores ropas que tuviera para que su exposición al público fuese lo más digna posible, y para evitar que el mal olor empezara a invadir la vivienda se le tapaban con algodones todos los orificios, boca, nariz y oídos, y se le cerraban los ojos.

Las mujeres mayores que acudían al velatorio iban de riguroso negro, como los familiares directos, no solo para no desentonar con el ambiente de tristeza general, sino porque todas tenían algún muerto al que recordar, y formaban un cortejo de plañideras al lado de los familiares femeninos del difunto, dentro o muy cerca del dormitorio habitual donde yacía de cuerpo presente el difunto.

            Los hombres después de dar el pésame a la familia, salían a la calle y aprovechaban la ocasión para saludar a los amigos que hacía tiempo que no veían, y con los que se entablaba una animada conversación, que a veces, iba degenerando de forma inevitable hasta el punto de que se podía formar un fuerte vocerío y escucharse alguna inoportuna risa, por supuesto no deseada, que inmediatamente era recriminada por algún otro asistente, que con el gesto serio y compungido pedía un respetuoso silencio para el muerto.

En los largos velatorios de entonces se hacía imprescindible la ingestión de estimulantes como el café, además de la reposición de fuerzas, y esta era una tarea para la que siempre se encontraba la solidaria colaboración de las vecinas más cercanas e íntimas, así como los familiares de segundo orden que ayudaban en todo cuanto fuese necesario. Los caldos de carne o consomés para los familiares suponían un recurso bastante frecuente en los velatorios.

El día del entierro pasaba irremisiblemente por el transporte del féretro a hombros de los familiares y amigos varones más allegados hasta la iglesia, con el cura y algún monaguillo portando la cruz que encabezaba el cortejo fúnebre, y allí, después de un largo responso del señor cura de la parroquia, en el que a veces recordaba las virtudes del difunto, pero otras, hacía especial hincapié en la fugacidad de la vida terrenal, corto y mero tránsito que había que aprovechar para purificar las almas y gozar de la vida eterna en el más allá.

Las mujeres más allegadas del familiar difunto se quedaban en casa, y al interior de la iglesia para escuchar la misa entraban los parientes femeninos de la familia, junto con las vecinas y amigas que las acompañaban y las beatas de costumbre, cubriendo sus cabezas con negros velos, y fuera, en la plaza de la Iglesia, esperaban los hombres en animados corrillos a que el señor cura terminara su sermón.

Al lado del último edificio de la derecha es donde los vecinos dan el último adiós al difunto. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Después, nuevamente a hombros, el féretro era transportado hasta el final de la calle del Cementerio, y allí, en la esquina que hace con la calle Boquera, se introducía en el coche fúnebre, mientras que los familiares se disponían uno al lado del otro, para que los vecinos pasaran en fila por delante de ellos con gesto serio y triste mostrándoles su respetuoso y solidario pesar, a la vez que daban su último adiós al difunto y enseguida se volvían para atrás a seguir con sus ocupaciones habituales interrumpidas.

Lo cierto, es que este sigue siendo el lugar donde los alumbreños rinden el último homenaje a sus paisanos y amigos difuntos que aún utilizan el sistema de enterramiento. Antes de la existencia de los tanatorios, las mujeres de la familia no acompañaban al difunto, sin embargo en la actualidad, incluso se las ve formar parte del cortejo de familiares que reciben el pésame del vecindario en la calle Cementerio.

El entierro propiamente dicho, se sigue realizando en presencia de los familiares, a quienes al parecer, se les concede el derecho a ser los últimos que le digan adiós al difunto con un mínimo de intimidad. Los adioses más dolorosos, los llantos más desgarradores, quedan reservados para ellos en tan triste momento.

Luego venía el luto, la exteriorización del dolor de los familiares por el ser desaparecido. Vestían ropas negras, para que todos supieran que alguien muy querido había muerto. Durante una larga temporada no se asistía ni se celebraban fiestas de ninguna clase, ni se escuchaba música, y se paraban los relojes de la casa, los visillos blancos de las puertas de cristales se tornaban negros y se daba la vuelta a los cuadros. La tristeza quedaba marcada en cada rincón de la vivienda del difunto que en buena medida enterraba con él/ella, las ganas de vivir de los que dejaba.
Tanatorio. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Los tiempos cambian las costumbres y en la actualidad los velatorios se realizan mayoritariamente en los tanatorios, que son lugares públicos más adecuados que las viviendas particulares, y además, casi nadie usa ya la ropa negra para exteriorizar el dolor que cada cual siente por la pérdida de un familiar querido.

miércoles, 7 de octubre de 2015

EL CEMENTERIO DE SAN ROQUE DE ALUMBRES

En los primeros tiempos de la existencia de la parroquia, cuya fecha oficial data de 1699, aunque se sabe que muchos años antes ya tenía iglesia propia, los enterramientos se realizaban en el interior del edificio religioso.

Entrada al cementerio de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Mas tarde, se construyó un cementerio parroquial en la parte trasera de la iglesia que estaba a cargo del cura de la parroquia.

            Ya en los años finales del siglo XIX, concretamente entre 1860 y 1891 se construyen varios cementerios del término municipal de Cartagena, San Ginés, Algar, Canteras, Escombreras, Alumbres, etc.

            Dada la situación que atravesaban los cementerios de la época, por medio de un oficio fechado a 24 de agosto de 1879, el Ayuntamiento de Cartagena requiere información de la situación de los cementerios diocesanos a los curas párrocos de las diputaciones de Alumbres, Pozo Estrecho y La palma. 

            El cura de Alumbres Mariano Rodríguez Pérez, el día 27 responde que “…el cementerio que hay en Alumbres está a cargo de esta Parroquia de cuya propiedad es. Los que hay en el Algar y Rincón de San Ginés como según ellos dicen es propiedad de los respectivos vecinos, ellos los administran con intervención de los coadjutores.”

            Además, en otro escrito con la misma fecha, aclara que en él no hay enterrador pero los mismos parientes se hacen las sepulturas, y que la llave la tiene el sacristán José Pérez Huertas.

Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Posteriormente, en 1880, ante el mal estado en que se encuentran los cementerios de los pueblos de su término municipal, el Ayuntamiento de Cartagena, acuerda que la Comisión de Sanidad tome las medidas que estime convenientes para solucionar los problemas suscitados.
 
            De ahí que el informe que emite el cura de Alumbres, José María Pérez López, en abril de 1883, sea crucial para el futuro del Cementerio Parroquial de Alumbres, que estaba ubicado en la parte de atrás de la iglesia y carecía de condiciones, entre otras razones por hallarse junto a la población y procedía la construcción de uno nuevo para evitar la propagación de epidemias, según conclusión a la que se llega en el Ayuntamiento de Cartagena.

            Bajo el título de Estado comprensivo de las condiciones higiénicas que tienen todos los cementerios enclavados en este término municipal, formado a tenor de lo dispuesto en la Real Orden Circular del Ministerio de la Gobernación fecha 20 de febrero de 1882, el cura envía su informe al Ayuntamiento el 7 de abril de 1883.

            En la descripción del lugar dice que el terreno es calcáreo, que está próximo a la iglesia y la distancia que le separa de los edificios es de 73 m. y que tiene una extensión superficial de 55 m. de longitud y 46 de latitud, en el cual hay ubicados 87 nichos y 34 panteones. En cuanto a las sepulturas, al no haber enterrador se hacen éstas por los interesados a una profundidad ordinaria de metro y medio. Dice además que tiene una capilla.

Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Manifiesta que el cementerio de Alumbres pertenece a la Parroquia y que por lo tanto la jurisdicción es eclesiástica, y la religión a la que está destinado es a la católica.

            Que en el último quinquenio el número de defunciones ha sido de 785. Así pues de todo ello se deduce que el cementerio está muy cerca de la población, que hay mucha acumulación de enterramientos y falta espacio para seguir dando sepultura, algo muy generalizado en los cementerios de los pueblos.

            Hace mención también del cementerio conocido como Cementerio del Cólera, del que dice que está ubicado a 730 m. de éste y cuyas dimensiones son de 35 x 20 y carece de nichos, panteones, y capilla (este cementerio estaba ubicado en el paraje llamado de Los Rincones al Norte de los depósitos de CAMPSA).

            Como consecuencia de las malas condiciones que reunía el cementerio parroquial, se decidió construir el Cementerio de San Roque, que estaría situado mucho más alejado del pueblo, cuya obra de mampostería sería adjudicada a José Aranda como mejor postor, el 9 de abril de 1885 y comenzaría a albergar defunciones en 1891. Su ubicación sigue siendo la misma que la de hace 124 años, entre las faldas del lado Sur de los montes de Requena y Calvario, dando la espalda al Valle de Escombreras, aunque la inclinación del terreno es tal que buena parte de su interior se divisa desde donde la vista alcanza valle abajo, sin embargo está fuera de la vista del vecindario alumbreño, cuya población se encuentra en el lado opuesto de los montes mencionados, es decir, en el Norte de éstos.

Foto: Francisco Atanasio Hernández
            La primera Junta Administrativa Municipal del Cementerio de Alumbres que se conoce data de 26-9-1892, cuya constitución estuvo formada por los siguientes: Presidente nato D. José Roig Ruiz; D. José Moncada Calderón, en concepto de concejal; Vocales natos, Sres. Alcalde del primer barrio y cura párroco de Alumbres; Vocales en concepto de vecinos y mayores contribuyentes, D. José Barceló, D. José  Albaladejo Martínez, D. Antonio Aranda, D. Domingo Martínez y D. Francisco Martínez Tomás.

             Posteriormente, el día 18-10-1892, en sesión celebrada por la Junta Municipal mencionada se constituyó la Junta Administrativa local que quedó formada de la siguiente manera:
Presidente, D. Antonio Aranda Martínez
Tesorero, D. José Albaladejo Martínez
Contador, D. Fernando Gallego Pérez
Secretario D. Francisco Martínez Tomás.

            Más tarde, se conoce otra Junta Directiva cuya toma de posesión y actuaciones se encuentran en el “Libro de actas de la Junta Administrativa del Cementerio de San Roque de Alumbres. Este libro consta de 25 hojas de papel sellado de la clase 4ª serie A empezando por el número 0,219.601 hasta el 0,219.625”.  Y se constituyó el 3 de noviembre de 1926 en el salón de actos del Exmo. Ayuntamiento de Cartagena, bajo la presidencia del Teniente Alcalde D. Dionisio Oliver Rolandi y convocados por éste los concejales D. Luis Malo de Molina (que no pudo asistir), y D. Adolfo Quetcuti Delgado, además de los vecinos de Alumbres que habrían de conformar la Junta.
            La Junta quedó formada como sigue:
                        Presidente: D. Adolfo Quetcuti Delgado
                        Tesorero: D. Andrés Martínez Cao
                        Contador: D. Fernando Raja Hernández
                        Secretario: D. José Martínez Madrid
                        Vocales:
                                   D. Juan José Fernández Cano (párroco de Alumbres)
                                   D. Francisco Pérez Vidal
                                   D. Lorenzo Pérez Galián

            Las tareas propias de los cementerios es del agrado de muy pocas personas, y sin embargo, muchos alumbreños se han dedicado a ellas, Fulgencio Hernández Valero (el Cayo), José (el Pelao), Fulgencio Hernández (el Cali), José Valero (Pepe el Pedrolo), etc., son algunos de los que se recuerda que realizaran esas funciones.
            Sin embargo, desde hace varios años los trabajos de enterramiento, así como la construcción de nichos y panteones está a cargo de una empresa de La Unión, y la última Junta Administrativa del Cementerio de Alumbres que conozco, la de 2013, estaba formada por:
                        Presidente: Pedro Aranda Aranda
                        Vicepresidente: Antonio Zapata Gómez
                        Vocal: José Hernández Benítez
                          ,,     : Juan Zapata Conesa.