jueves, 26 de noviembre de 2015

CIEN AÑOS DE LA FÁBRICA DE EXPLOSIVOS DE GARRABINO

      La fábrica de Explosivos de Garrabino tiene sus inicios en marzo de 1890 cuando el Ayuntamiento de Cartagena autoriza a Miguel Zapata y Ricardo W. Barrington a instalar su fábrica de Ruborita en el Coto Garrabino de la Diputación de Alumbres, y a finales de 1893 estos mismos empresarios informaban de haber traspasado la propiedad a Eugenio Juan Barbier, que al parecer había descubierto una forma más barata para fabricar la Ruborita.
            Sin embargo es el 23 de diciembre de 1895, cuando se inaugura la Sociedad Franco-Española de Explosivos y Productos Químicos con Camilo Calamarí como director de la factoría y Eugenio Juan Barbier ya de presidente de ésta en París.
           Durante poco más de un siglo, esta fábrica fue el lugar de donde muchas familias de Alumbres obtuvieron sus ingresos para vivir, pues la mayor parte de hombres y mujeres que trabajaron en ella eran vecinos del pueblo, pero además de alimentar a los suyos, en varias ocasiones tuvieron que verter lágrimas de dolor y angustia por los trágicos accidentes, a veces de muerte, de uno o más miembros de la familia.

Creo que es digno de recordar también, los preciosos almanaques que cada año eran publicados por Unión Española de Explosivos desde el año 1900 en que se publicó el primero de ellos, y que nuestros mayores colgaban en un lugar destacado de sus viviendas. La empresa sacaba un almanaque dedicado a algún tema de mitología, de Santa Bárbara, escenas de caza, de los productos de explosivos, etc., que en realidad eran obras de arte pintadas por artistas conocidos, como julio Romero de Torres, Guillermo Pérez Villalta, Gonzalo Bilbao, Mateo Charris, Clara Gangutia, y otros muchos más, y que el público esperaba cada año impaciente para enmarcar la del año terminado.
Primer almanaque de Unión Española de Explosivos 1900

Alarma y protesta los días 7 y 8 de agosto de 1901.
La noticia no aclara del todo lo que pasó pero por lo visto hubo algún escape de ácido que generó una nube de gases y alarmó a trabajadores y ciudadanos, de tal manera que la noticia de que se había incendiado la fábrica corrió como la pólvora hasta la misma ciudad portuaria, y al día siguiente una marcha pacífica de unos 400 alumbreños se presentaron en el Ayuntamiento de Cartagena exigiendo el cierre de la factoría, a lo que el alcalde Sr. Ángel Bruna respondió que no estaba en su mano cumplir con aquella petición y que en todo caso se tenía que hacer por escrito, por lo que los vecinos se comprometieron a realizar la petición tal y como se les indicó y volvieron pacíficamente a su lugar de origen. 

Santa Bárbara.
Es la patrona de las fábricas de explosivos, del arma de artillería, mineros, electricistas, etc., y cada año se celebra el día 4 de diciembre. Cada uno de los gremios tiene su propia canción dedicada a la Santa, y Garrabino no iba a ser menos.
Trabajadores varones de Garrabino el día de Santa Bárbara en el cine de verano de Alumbres en 1957
Garrabino ocupaba a muchos hombres y mujeres del pueblo, por lo que en Alumbres, se celebró el día de la patrona durante muchos años, a cuya fiesta, según me han contado, estaban invitados todos los empleados de la fábrica a un convite de confraternidad, en uno de los locales disponibles del pueblo, y el cine de verano fue uno de esos lugares que se recuerdan.

La imagen de Santa Bárbara era muy venerada por los trabajadores de la fábrica por lo que en su onomástica se sacaba en procesión, y durante el recorrido se cantaban canciones dedicadas a la patrona. Después se realizaba una misa en su honor.
Santa Bárbara. Foto: Francisco Atanasio Hernández 2014
Dedicadas a Santa Bárbara se conocen algunas versiones distintas, pero quizás la más popular es la de los mineros.

 Santa Bárbara bendita (himno de los mineros)
En el pozo María Luisa,                                                                           
tranlaralará, tranlará, tranlará.
murieron cuatro mineros.
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.
murieron cuatro mineros.
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.

Traigo la camisa roja
tranlaralará, tranlará, tranlará.
de sangre de un compañero.
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.
de sangre de un compañero.
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.

Traigo la cabeza rota,
tranlaralará, tranlará, tranlará.
que me la rompió un barreno.
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.
que me la rompió un barreno.
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.

Santa Bárbara bendita,
tranlaralará, tranlará, tranlará.
Patrona de los mineros.
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.
Patrona de los mineros.
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.

Mañana son los entierros,
tranlaralará, tranlará, tranlará,
de esos pobres compañeros,
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.
de esos pobres compañeros,
Mira, mira Maruxina mira,
mira cómo vengo yo.

Almanaque de 1901 con Santa Bárbara

El 4 de diciembre del pasado año 2014, por iniciativa de un grupo de vecinos, antiguos trabajadores de Garrabino y familiares de otros que ya no viven, se realizó una misa en honor a Santa Bárbara, en un intento de recuperar la memoria de los que trabajaron en Garrabino, y a ser posible recuperar la tradición de hacer una misa y sacar en procesión a la Virgen, y por lo que sé este año lo van a repetir con procesión incluida.
Aunque los más mayores no se ponen de acuerdo con la fecha exacta, parece ser que la última vez que se sacó en procesión a Santa Bárbara en Alumbres, fue en los años finales de la década de los 60 del pasado siglo XX, por lo que al menos, hace ya 45 años que no se procesionaba a la Patrona de Garrabino.

Según he oído, el programa de actos elaborado por los “Amigos de Santa Bárbara”, un grupo de alumbreños/as formado para la consecución de los objetivos propuestos, la procesión con la imagen de la santa saldrá de la iglesia a las 5 de la tarde y después de pasar por algunas calles del pueblo, volverá a ella por la calle Mayor.

Luego se celebrará una misa y para finalizar, los organizadores han preparado el local de la 3ª Edad para invitar a chocolate y bollos a los asistentes, rememorando las comidas de confraternidad que también celebraban los trabajadores de la factoría. 

La referencia más antigua que tengo de la celebración de este día data de 1918. Ese día de Santa Bárbara, D. Camilo Calamarí que además de ser propietario de la Fábrica de Explosivos de Alumbres, era Cónsul de Italia en Cartagena, (los cartageneros recordarán la Villa Calamarí, que fue residencia de éste señor), obsequió con un banquete a todos los empleados de su casa y a gran número de amigos, entre ellos al Cónsul de Francia, Mr. Valet y al ex alcalde Miguel Tovar.
Directivos y jefes de Garrabino en las escalinatas de Villa Calamarí 1919. Foto: Concepción Raja Álvarez

            LOS ACCIDENTES MÁS TRÁGICOS EN GARRABINO

El día 30 de marzo de 1926, a poco más de la una de la tarde, se producía una tremenda explosión en la fábrica de Unión Española de Explosivos de Alumbres (Garrabino) que se pudo escuchar en toda la sierra minera.

            Al lugar de la explosión se personaron numerosos alumbreños, hombres, mujeres y niños ofreciendo su colaboración en lo que pudiera hacer falta (aunque no pudieron pasar al recinto de la fábrica por estar prohibido) entre los que se encontraba el médico del pueblo, que de inmediato se dedicó a auxiliar en lo posible a las víctimas del trágico accidente.

            También hay que destacar la benéfica labor de la Cruz Roja de La Unión, El Llano del Beal y Cartagena que pronto se pusieron en camino hacia Garrabino y antes de media hora ya estaban allí rescatando de los escombros a las víctimas, asistiendo a los heridos, y trasladándolos al hospital de la Caridad de La Unión.

            El efecto de la explosión era impresionante, donde estaba el taller de lavado de nitroglicerina sólo había un tremendo socavón humeante y entre los escombros algunas víctimas. La onda expansiva también acabó con todos los cristales de la fábrica y con las cubiertas de los demás edificios.
 
Socavón en el lugar donde se produjo la explosión. Foto: Casaú
            En este accidente murieron 9 trabajadores y resultaron heridos 6 hombres y 5 mujeres.

            Las víctimas mortales del fatal accidente fueron: Emilio Grossi; José Aranda Hernández; José Palazón Nicolás; José Legaz; Juan Hernández (hijo); Pedro Fuentes; José Conesa Pedreño; Pedro García Conesa y Juan Martínez.

            Consecuencia de este desgraciado accidente fue la fundación de la Cruz Roja de Alumbres el día 7 de noviembre de ese mismo año.

            El 6 de julio de 1943 una tremenda explosión procedente de la fábrica de Garrabino volvió a estremecer a la población alumbreña, cuyo resultado fue la muerte de Elías Torres Martínez y herido leve Pedro Caparrós Galindo. Según la escueta noticia que la prensa le dedicó, al lugar acudieron las autoridades y el Juzgado de Instrucción de La Unión.

En 1947 sucedieron dos accidentes graves.
            El 4 de marzo explotó una estufa en el laboratorio y Antonio Caparrós Morenilla de 14 años que estaba trabajando allí sufrió herida contusa con fractura del maxilar superior teniendo que ingresar en el Hospital de la Cruz Roja. El rostro le quedó marcado para siempre.                                                
            El 15 de octubre a primeras horas de la tarde, al poner un clavo en un tamiz de nitroglicerina se produjo una explosión alcanzando a José Cabezos García de 53 años, viudo, que sufrió múltiples heridas en su cuerpo, y a Avelino Benzal Conesa de 31 años, casado, que padeció la amputación traumática de la mano izquierda y varias heridas más.
En la imagen se aprecian los cristales rotos. Foto: Proyecto Carmesí

A las 4 de la tarde del sábado día 15 de noviembre de 1952, cuando estaba terminando la jornada, varias mujeres trabajaban en el pabellón nº 6 dedicado a la fabricación de cartuchería para la industria minera, y de pronto se produjo una tremenda explosión que según se dijo se escuchó en la misma Cartagena.

En aquel horrible accidente cinco mujeres perdieron la vida: Josefa Ros Ros, Josefa Boscada García, las hermanas Josefa y María Sánchez Avilés, y Ana Rodríguez Rojo.

Según la prensa los heridos fueron más de 30 personas, y los que se mencionan son: Josefa Avilés Martínez (madre de las fallecidas Josefa y María Sánchez Avilés); Eulalia Pérez Corbí; Ginesa Rabal Valverde; Juana Ros Gómez; Pascuala Valero Hernández; Aurelia Soto García; Juana Barcelona López; Fulgencia Egea Valero; Ana López Valero; Josefa Meca Martínez; Rafael Saldaña Bea y Marcos Barcelona Ojados.

Al siniestro acudieron los equipos de emergencia de la Refinería de Petróleos,  los de la Unión Española de Explosivos, y la Cruz Roja, además de algunas autoridades de Cartagena, y como siempre que ocurría alguna desgracia, también se acercaron allí todos los vecinos del pueblo que se encontraban en casa, a ver en qué podían prestar auxilio, y a consolar en lo posible a los familiares de las víctimas.

Otro triste día, el 23 de abril de 1962.
Algo después de las dos y media de la tarde, se escuchó una terrible explosión, la gente del pueblo alarmada salió a la calle, y al ver la columna de humo y polvo procedente de Garrabino, todos los alumbreños, una vez más, salieron corriendo hacia las puertas de la fábrica a interesarse por lo sucedido, pues acababa de explotar la unidad de nitroglicerina, en cuyo accidente murieron Carmelo Aranda Vidal  de 70 años, viudo, y Elías García Martínez de 29 años, que dejaba una niña de 4 años y a su esposa Juana Hernández Jiménez, embarazada de 4 meses de su segunda hija.

En ese puesto de trabajo, que desapareció por completo, solían haber 4 empleados, pero en el momento de la explosión se encontraban las dos víctimas mencionadas, cuyos cuerpos quedaron totalmente destrozados, y al lugar del suceso acudieron la Guardia Civil de La Unión, el jefe de la Policía Municipal, los Bomberos de Cartagena y La Cruz Roja.

La fábrica de Explosivos de Garrabino dejó de fabricar Nagolita en 1997 y cerró sus puertas.



jueves, 19 de noviembre de 2015

GINÉS VALERO MARTÍNEZ (EL CHINCHE), HISTORIAS Y VIVENCIAS


Ginés Valero, nació en 1930, y no es ni un rico industrial ni un artista famoso, ni siquiera un prestigioso político acostumbrado a los aplausos.

Tampoco tiene títulos académicos de los que poder alardear ante los vecinos, eso sí, sabe leer y escribir, y se sabe las “cuatro reglas”, lo suficiente para salir adelante.
En las minas de la Parreta 2012. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Sin embargo, todas esas carencias clasistas y culturales no le han impedido participar en la mayoría de las organizaciones del pueblo con lo que él humildemente puede aportar, voluntad y trabajo.
En los años sesenta participó junto a Pepe “el Sespero”, Francisco Valera “el Rubio” y José Ojados Roca “el Voltios” en la fundación y preparación de los equipos infantiles y juveniles del Minerva y del TAKATAK de la época.

Formó parte de la primera Junta Directiva de La Salle Minerva desde 1973 a 1980.
Estuvo varias veces en la Comisión de Fiestas de San Roque.
Fue miembro de la Junta Directiva del Casino.
Fue vocal de la Asociación de Vecinos con Patricio Mercader.
En la actualidad forma parte de la directiva de la SFC Minerva.
Nació en una época convulsa en el seno de una familia compuesta de 4 hermanos, huérfanos de madre, y un padre anciano, sin trabajo y sin jubilación, porque entonces no había Seguridad Social y sufrió los rigores de la guerra siendo muy niño.

Durante su larga vida laboral se buscó la vida de leñador, minero, albañil, haciendo arena en las ramblas, de acomodador en el cine,…y finalmente se jubiló en ADHER.

Ginés es un amigo a quien tengo mucho afecto y muchísimo respeto porque antes que nada tiene un afán de superación verdaderamente envidiable, y es una buena persona, abierta a los demás y a compartir sus conocimientos, sus experiencias y sus fantasías, aunque reconoce que es muy, muy miedoso. 
Temporada 2012-13. Foto: Francisco Atanasio Hernández
         El apodo del Chinche.
         Fue puesto por su padre, el Tío Chon o el Tío Popeye, como se le conocía, que cuando lo retiraron sin paga de jubilación de Garrabino, durante un período de tiempo se dedicó a pedir por las calles de Cartagena y solía ir acompañado de su hijo menor Ginés Valero. Con el producto obtenido de la caridad de los vecinos se compraba higos secos que los consumía en el viaje de vuelta al pueblo llevando detrás al crío que le decía ¡Papá dame un higo que tengo hambre! a lo que el padre le contestaba ¡No tengo higos! ¡No digas que no que te los vas comiendo! y él volvía a contestarle ¡Calla que vas detrás de mí como un chinchico!

Durante mucho tiempo, Ginés Valero “el Chinche”, y sus tres hermanos, “el Pedrolo”, “el Crietas y “el Negrín”, estuvieron dedicados a la labor de recolectar leña en donde la hubiera para luego venderla en los hornos y fraguas de las cercanías.

Cuenta Ginés que cuando terminó la guerra retiraron del trabajo a su padre, “el Tío Popeye”, y que con las 3000 pts. que Franco le daba a los jubilados de una sola vez, ya no había más pensión, se compraron un burro para transportar la leña de los pinos, acebuches (olivos silvestres), encinas, lentiscos, tetraclinis (ciprés de Cartagena), retamas, baladres, palmitos, y otras especies vegetales abundantes, susceptibles de ser transformadas en leña comercializable que recogían en los montes de Escombreras, La Miguelota, La Fausilla, La Peraleja, Los Rincones, etc.


El trabajo de la leña
Cuando iban a por leña era habitual “hacer bola”, que significaba comerse todo lo comestible que llevaran de una vez, para no tener que parar de nuevo hasta la hora de acabar el trabajo. Dice Ginés que a su hermano Negrín no se lo podían dejar solo con la comida, porque cuando acababa con lo que llevaban para todo el día abandonaba al burro en medio del monte o donde le pillara y se iba a su casa.

Muchas veces eran sorprendidos por los guardias forestales de los cotos, “el Cabila”, o “el Pericaca”, y tenían que evitar que los detuvieran.
Mientras tanto el padre, como era muy mayor para ir al monte se dedicaba a realizar labores propias de lo que hoy se denominaría agente comercial, y buscaba compradores de la leña en los hornos de La Unión, Santa Lucía, La Media Legua, Las Tejeras, y las fraguas del Portazgo  (la de “Perico el Fragüero”) y la de Los Partidarios.

Lo que corre el miedo y el hambre.
En esos tiempos en los que no se sabe bien si el miedo corría más que el hambre o al revés, cuenta Ginés Valero, que una noche, él y sus tres hermanos, “el Pedrolo”, “el Crietas” y “el Negrín”, que según dice eran tan miedosos como él, se afanaban en hacer una sémola en el hogar de su casa que estaba en el camino del cementerio, cuando de pronto cayó en medio de la sala la escoba que estaba en el rincón donde descansaba atado el burro, y sin mediar palabra alguna los cuatro huérfanos salieron de la casa corriendo aterrorizados, y no pararon hasta que estaban bien lejos de la vivienda.
Cuando se tranquilizaron un poco y se reunieron de nuevo, se preguntaron por el extraño acontecimiento, pero ninguno de ellos encontraba una explicación lógica que aplacara sus temores, entonces recordaron que se habían dejado una sémola haciéndose en la sartén y se fueron a casa animados por la idea de calmar el hambre, pero cuando llegaron allí, había desaparecido la sartén con la sémola que contenía, que seguramente se apropió alguien a quien el hambre le hizo correr más que el miedo a los hermanos.

Otra noche, cuando las puertas carecían de las cerraduras mecánicas actuales y sólo se cerraban por dentro con una tranca, bajaron a las Fiestas de San Roque y dejaron la puerta de la casa entornada, y cuando volvieron a media noche se la encontraron totalmente abierta.
- ¡Chinche entra tú! – dijo el Crietas.
- ¿Yo? sí claro – entra tú Negrín.
- Anda Pedrolo pasa tú.
- Yo no paso.
Finalmente,  como todos tenían miedo se fueron en busca del sereno para que entrara en la casa él delante de los hermanos, no fuera a ser que hubiera alguien dentro.

Creencias sobrenaturales
Hasta no hace mucho todavía, existía la creencia entre nuestros mayores, y aún quedan algunos que lo siguen creyendo, de que cuando alguien que se encontraba en el último momento pedía que tras su muerte se realizara algo en su nombre, la persona elegida para el encargo no podía dejar de cumplir la promesa, si no quería que el muerto se le apareciera en el momento menos esperado para reclamarle el cumplimiento de lo prometido, porque el ánima del difunto no podría descansar hasta entonces.

De ahí quizás se deriven ciertas situaciones extrañas de difícil explicación lógica para generaciones posteriores, y que nuestros mayores relataban envueltas en un halo de misterio y superstición, aderezadas de alguna enraizada creencia religiosa que heredaron de sus ancestros.
 
Días antes de la inauguración del césped en El Secante en 2012. 
Foto: Francisco Atanasio Hernández
La Casa del Duende, era una vieja vivienda rodeada de chumberas que había al Sur de la rambla de Los Cucones, justo en el camino de la fuente de La Peraleja. Para llegar a ella había que pasar por al lado del campo de fútbol El Secante, y de los extraños sucesos que ocurrían en su interior se contaban muchas historias, todas ellas impregnadas de cierta dosis de superstición y fantasía, motivadas en mayor o menor medida por el miedo a lo desconocido y al más allá que el ser humano en general y algunos en particular suelen padecer.

Dice Ginés, que Juan “el Castaño”, que vivió en la Casa del Duende, contaba que las puertas de la casa se abrían y cerraban solas, y que mandaba a su hijo a que las cerrara, pero volvían a abrirse de nuevo, y de noche se escuchaban ruidos extraños en su interior.

Cuenta también que cuando “Perico el del Burro” vivió en aquella casa se quejaba amargamente de que su burro no paraba de moverse y de dar golpes de noche, y que en muchas ocasiones se escuchaban extraños ruidos en la casa, lo que con frecuencia les impedía conciliar el sueño y descansar adecuadamente.

Aparición demoníaca
Añade Ginés, que Paco “el Marañón” contaba que una noche, cuando volvía de La Peraleja de ver a la novia, que era sobrina de Juan “el Cano”, vio un extraño bulto que no pudo distinguir bien en la portería del Secante del lado del camino, (por entonces las porterías del campo de fútbol estaban orientadas de Este a Oeste, y no de Norte a Sur como están ahora) y que la aparición se repitió varias veces llegando incluso a patearle, hasta que le realizó una misa en su nombre y ya nunca más volvió a aparecérsele.

Quizás esta expresión de “llegó incluso a patearle”, tenga algo que ver con la aparición demoníaca del choto, cabrito o carnero que surge en los relatos de las historias que se cuentan de otros pueblos de la comarca.

         Sobre este mismo tema, dice que su sobrino Juan López venia una noche de La Unión y se encontró en el camino un borrego y se lo echó a cuestas y que conforme iba andando aquello iba creciendo y como cada vez le pesaba más, lo tiró al suelo y salió corriendo porque aquel animal lo persiguió con muy malas intenciones.

         Otras historias
Una noche, el Chinche bajaba de La Unión y se le salió la cadena de la bicicleta cuando pasaba a la altura de una cruz que hay en la orilla de la carretera entre La Esperanza y Los Partidarios, y cómo él es muy miedoso no quiso parar allí y siguió sin poder pedalear hasta Los Partidarios donde paró para colocar la cadena en su sitio.

Un sábado había una función de teatro en alumbres “La chica del gato” y pidió permiso en el trabajo para ir a verla y el encargado le dijo que cuando terminara la función que fuera a su puesto de trabajo. Estando ya en el tajo, el jefe lo mando a que cogiera el carburo y se fuera a ver cómo estaban los pantanos. Fue donde lo mandaron, pero antes de llegar al lugar, algo desconocido se le cruzó por el camino, y fue tal el susto que recibió que se le cayó el carburo y lo dejó allí tirado saliendo despavorido hasta el lugar de origen.

Tenía una vecina que tendía la ropa en el terrado y una noche que hacía mucho viento, cuando volvía del trabajo y mientras esperaba a que le abrieran la puerta de su casa, le cayó en la cabeza una boina, y empezó a gritar ¡abrir que me cogen!

         Un día le pregunta a su hermano ¿Qué vamos a comer hoy? vamos a hacer gachas, le dijo, y entonces el Chinche se fue a comprar harina, pero en lugar de comprar un kilo compró menos cantidad, con la idea de quedarse con parte del dinero para comprarse la comida al día siguiente, sin embargo cuando se puso a hacer las gachas estas no se espesaban y cuando llegó uno de los hermanos gritó ¡A esto le falta harina! y se cabreó tanto que le pegó un golpe a la sartén y hubieron gachas para todo el contenido de la casa menos para los que esperaban calmar su hambre.

Otra noche le dijo un hermano ¿Qué vamos a cenar?
Pepe el Narciso tiene unas sardinas de bota muy buenas, compramos un kilo y cenamos. Entonces carecían de corriente eléctrica en su casa y cuando llegó de la tienda se pusieron a comerse las sardinas, pero el chinche se comía una y se guardaba otra en los bolsillos. Claro, antes de lo esperado se quedaron sin comida y empezaron los mosqueos de los hermanos que pronto preguntaron ¿Oye tú, cuantas sardinas entran en un kilo que me he comido solamente dos o tres y ya no quedan?

Se podrían contar muchas más historias del Chinche, porque él no para de contarme todo lo que conoce y algunas cosas que le han pasado, pero como no se trata de escribir un libro, sino de que quede constancia de que el amigo Ginés Valero es un hombre sencillo, alumbreño, comunicativo, amable, generoso,… y que tiene amigos como yo que están siempre dispuestos a darle una satisfacción, creo que por el momento con esto es suficiente.
Directiva SFC Minerva 2012-2013. Foto: Francisco Atanasio Hernández



       

lunes, 16 de noviembre de 2015

HACE 200 AÑOS ALUMBRES TUVO AYUNTAMIENTO (2ª etapa)

              El Coronel Rafael del Riego se encontraba en Cabezas de San Juan (Sevilla) al frente de una compañía esperando su marcha hacia la guerra en las colonias americanas, cuando el 1 de enero de 1820 decidió sublevarse y recorrió Andalucía proclamando la Constitución de 1812, y con el apoyo que la oposición liberal le dio en las ciudades y la actitud pasiva del ejército descontento, el Rey Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución el 10 de marzo de 1820 “…he jurado esta constitución por la cual suspirabais y seré siempre su más firme apoyo…Marchemos francamente y yo el primero por la senda constitucional.”      
Monumento en memoria del Coronel Rafael del Riego en Cabezas de S. Juan

           Comenzaba así el llamado Trienio Liberal 1820-1823 y se volvían a instalar los ayuntamientos que en 1814 fueron disueltos. El Ayuntamiento de Alumbres fue restituido y Antonio Valero y los regidores del anterior Ayuntamiento Constitucional fueron designados de forma interina con la misión de promover elecciones municipales.

            En la sesión del 29 de abril se nombra la corporación surgida de las elecciones, que sólo tienen mandato hasta final de año: Alcalde, Antonio Barcelona; Regidores, Antonio Valero, Francisco Martínez, Domingo Martínez, Ginés González, Francisco Luengo y Francisco Pérez; Síndico, Fernando de Mula.
En 1821 el alcalde fue José Nondedeu, en 1822 Juan Gómez y en 1823 Francisco Avilés.

            Esta nueva etapa del Ayuntamiento de Alumbres comenzará como terminó la anterior, sin medios económicos con los que afrontar los mínimos gastos, y con el agravante de que el Ayuntamiento de Cartagena no tardó en comunicar al de Alumbres que “…sólo habrá una Tesorería General.” Así en la sesión de la corporación de Alumbres del 1 y 2 de abril de 1821 se dice que “…no hay fondos para evacuar correspondencia”, y que “…la escuela carecía de maestro porque éste se había despedido al no recibir sueldo.” Más adelante se volvería a tener maestro de escuela.

            En la sesión del 21 de junio de 1821, se acuerda informar a la superioridad de que se ha formado la Junta de Sanidad pero que se carece de medios económicos para sufragar los gastos.
            Y no es de extrañar que la situación económica fuese caótica, el listado de deudores de Propios, de dueños de tierras y otros, en diciembre de 1820 era de 114, por lo visto eran muy pocos los que pagaban contribuciones y demás impuestos.

El Alcalde Antonio Valero convoca a los vecinos para elegir nuevo Ayuntamiento 10-4-1820.
Archivo Municipal de Cartagena
               En noviembre de 1820 se mandó crear la Milicia Nacional Local, en cumplimiento de la real orden de 2 de octubre, “…sin que ningún pretexto pueda servir de excusa…” por lo que tuvieron que pedir al Ayuntamiento de Cartagena 100 fusiles para poder dotarlos de armas, y ello a pesar de las lamentaciones de la corporación que según decía, sólo podían contar con 26 útiles de 190 hombres que había en el pueblo.
            No eran muchos los que aceptaban ser reclutados sin oposición, por lo que siempre había varios que reclamaban por alguna circunstancia personal o familiar con la que le dieran por no apto. Así Francisco Gómez reclama que él no da la talla, porque lo midieron con mucha cabellera, y efectivamente, ”…una vez cortado el pelo y habiéndose medido de nuevo a vista de todos los mozos se ha dado por falto de talla…”
        Otros en cambio no consiguieron su objetivo, a pesar de alegar situaciones familiares complicadas.

            Pero los asuntos a resolver en Alumbres se multiplicaban y los problemas que tuvo que afrontar esta corporación innumerables, algunos bastante desagradables para los responsables del Ayuntamiento, como el de tener que enviar informe de embargo al ex alcalde Antonio Valero por deudas tributarias en 1822, o el de la segregación del Algar.

              En sesión celebrada en la tarde del 5 de abril de 1821en casa de Bartolomé Benzal, vecino del Algar, adonde se había desplazado todo el Ayuntamiento de Alumbres, y con la presencia del  Alcalde 1º de Cartagena portando el expediente promovido por los vecinos del Algar, se dio lectura al escrito siguiente: “Diputación Provincial de Murcia, 14 de marzo de 1821, vista la presentación de José Ruiz y otros vecinos de la población del Algar, feligresía y término del Ayuntamiento de Alumbres y partido de Cartagena en que solicita la formación de Ayuntamiento con arreglo al Artº. 310 de la Constitución acreditando con certificación del cura de aquella iglesia D. Ignacio González hallarse en esta población y su comarca o diputación el número de 245 vecinos con 1011 almas, solicitando al mismo tiempo se haga extensivo su término a la diputación de San Ginés que se halla al levante del Algar cuya población está situada en el intermedio de las demás sujetas al Ayuntamiento de Alumbres y enterada la diputación acordó dar comisión al Alcalde 1º de la ciudad de Cartagena D. Nicolás Martínez Fortun, quien con el comisionado que elija forme expediente quedando suficiente número de almas para la existencia del Ayuntamiento de Alumbres, separadas las que contenga las dos diputaciones del Algar y San Ginés, procediendo a la instalación de Ayuntamiento en El Algar…”

Ilustre Ayuntamiento Constitucional de la Villa de  Alumbres. Archivo Municipal de Cartagena

            La corporación alumbreña estuvo en contra de  la separación del Algar desde el primer momento, así que cuando días después la Diputación Provincial le mandó un oficio reclamándole la mitad de las dietas del comisionado para la instalación del Ayuntamiento del Algar, el Alcalde de Alumbres le contestó”…y en su vista debe manifestar a V.E. que por lo que respecta a que por la división del término satisfaga este pueblo la mitad de las dietas que tocan al comisionado, le hace presente no estar en disposición los vecinos a pagar nada por la infelicidad en que se encuentran…”. Parece que costó asumirlo, pero poco a poco se fueron enfriando los ánimos y cada cual se dedicó a lo suyo.

            Otro asunto delicado que tuvo que abordar el Ayuntamiento en esta nueva etapa, sobre todo después de la separación del Algar, es el absentismo de los regidores, de manera que el jefe político provincial llega a acusar al Alcalde de Alumbres de que en un mismo día todos los miembros estuvieron ausentes, y apercibe de multas si vuelve a suceder. A tal punto llegó el absentismo que  se dispuso en el acta de la sesión del 14 de septiembre de 1821  “…que el individuo que falte al Ayuntamiento los miércoles sin comunicarlo y sin licencia se le multe con 4 ducados y en los días que sean extraordinarios deben dar cuentas.” Pero más adelante hubo de volver a actualizar.

            Además, el Alcalde tenía que realizar sesiones de conciliación para que se pudieran aceptar a trámite las denuncias de lo civil, sin cuyo requisito no se admitían denuncias en el juzgado, y para la realización del trámite conciliador en 1820 en Alumbres, se habían fijado los lunes.

Cartagena Nueva

            Un hecho histórico relevante es el de la Lápida de la Constitución. El día 15 de agosto, víspera de San Roque, Patrón de Alumbres, la lápida que había sido realizada en Cartagena, fue paseada por las calles de la ciudad tirada por una carreta y escoltada por la Milicia Nacional Local armada de escopetas y llevada hasta Alumbres, donde se colgó en la fachada de la iglesia al día siguiente, enmarcada en un ambiente festivo generalizado que duró hasta altas horas de la noche.

            Sin embargo, los gastos de la lápida y los festejos trajeron como consecuencia un cruce de acusaciones entre el médico del pueblo Fernando Jiménez –que había sido el responsable de encargar la lápida y de organizar los festejos- y un extranjero afincado en Alumbres llamado Nicolás Robado que les llevó a dirigir escritos al Alcalde y finalmente parece que a los tribunales.

            Según la relación de gastos que presentó Fernando Jiménez al Alcalde en un escrito con fecha de 17 de agosto “Incluyo los 4 recibos  por los que demuestro haber gastado en solo la lápida y su adorno veinte y tres  duros y nueve reales, de los que rebajados 4 duros, única cantidad que he recibido resultan gastados de mi bolsillo 19 duros y 9 reales, sin contar más de ocho duros en viajes que he hecho con solo el fin de llevar a efecto la colocación de la lápida.”

            Finalmente tras la intervención de “Los cien mil hijos de San Luís” mandados por el Duque de Angulema en nombre de las potencias europeas, con el único fin de devolver a España al absolutismo, el 30 de septiembre de 1823, Fernando VII firmó un decreto en el que entre otras cosas decía: “Declaro en mi libre y espontánea voluntad, y prometo bajo la fe y seguridad de mi real palabra que si la necesidad exigiese la alteración de las actuales instituciones políticas de la monarquía adoptaré un gobierno que haga la felicidad completa de la nación afianzando la seguridad personal, la propiedad y la libertad civil de los españoles”.

            Luego se vería que todo era mentira, y al igual que en 1814, vendría la despiadada represión contra todo lo que oliera a liberal, demostrando una vez más que su palabra carecía de dignidad.

            Sin embargo, la última reunión del Ayuntamiento de Alumbres lleva fecha de 18 de octubre de 1823, y es natural, no solo por lo que tardaban las noticias en llegar, sino porque había que cumplir con las obligaciones hasta que la superioridad ordenara el cambio.


viernes, 6 de noviembre de 2015

ALUMBRES TUVO AYUNTAMIENTO (1ª etapa)

        En el mes de junio de 1813, la Diputación Provincial de Murcia cursa una orden al Ayuntamiento de Cartagena en la que hace constar que Alumbres y su comarca supera el número de almas que fija la Constitución para la instalación de Ayuntamiento propio, por lo que se ordena proceda a la elección de los sujetos que hayan de componerlo, para cuyo cometido se nombra al Regidor Felipe Sánchez como comisionado.
            El informe que el Ayuntamiento de Cartagena había enviado a la Diputación Provincial no deja lugar a dudas, el padrón de Alumbres en el mes de marzo de ese año era de 681 vecinos y 2584 almas.

Constitución de 1812

Informe del Padrón de Alumbres del mes de marzo de 1813.
Archivo Municipal de Cartagena

          Según consta en el acta municipal levantada al efecto, en la tarde del día 4 de julio de 1813, reunidos en la casa del cura de la parroquia D. Bernardino Ruiz, tomaron posesión de sus cargos los miembros de la corporación municipal de Alumbres en cumplimiento de la Constitución de 1812, la cual señalaba que aquellos territorios que tuvieran más de 1000 almas, podían constituir su propio ayuntamiento. 
La primera corporación de Alumbres estuvo formada por los Sres. siguientes:
            D. José Conesa Francés – Alcalde
            D. Antonio Valero Heredia – 1º Regidor
            D. Domingo Martínez Rodríguez – 2º Regidor
            D. Juan Martínez García – 3º Regidor
            D. José Conesa Marín – 4º Regidor
            D. Ramón Martínez Sánchez – 5º Regidor
            D. Bartolomé Benzal – 6º Regidor
            D. José Gómez Mula – Procurador Síndico.
            Después se tomó juramento al alcalde, corregidores y procurador síndico según el protocolo de la época “Guardar la Constitución política de la Monarquía española, observar las leyes, ser fieles al Rey y cumplir religiosamente las obligaciones de su cargo” y el comisionado entregó al alcalde “una vara de justicia de 9 palmos.”

            Las actas eran firmadas por los miembros de la corporación asistentes a las sesiones,  pero como el alcalde no sabía escribir, el secretario acababa el acta con la frase     siguiente “Por no saber firmar el Sr. Presidente D. José Conesa pone un +.”                                                              

         Esta circunstancia tendría consecuencias, pues dos meses después de formado el Ayuntamiento, el Alcalde se quejaba en el acta de la sesión del día 22 de septiembre de que le imitaban la firma y en un intento de evitarlo dictó medidas, pero la sospecha y la desconfianza habían anidado ya en el espíritu de José Conesa y al poco presentó la dimisión. Informadas las autoridades provinciales se promovieron nuevas elecciones para el nombramiento de alcalde y en la sesión extraordinaria del 2 de octubre ya aparece Antonio Valero como alcalde y la sustitución también del hasta entonces secretario del Ayuntamiento y maestro de la escuela del pueblo a la vez, Pedro José de León, por Francisco González.

Acta donde constan los cargos municipales. Archivo Municipal de Cartagena

            Durante el breve período de tiempo de una semana, la Junta Municipal se estuvo reuniendo en la capilla de bautismo de la iglesia, pero por lo visto no era el lugar más adecuado, no solo por el escaso espacio que se disponía para las reuniones, sino, quizás también, por el lenguaje utilizado, por lo que se pasó a realizarlas en el domicilio del cura, pero se observó que tampoco era el lugar que convenía para el consistorio, y finalmente se ocupó una vivienda en Alumbres en concepto de alquiler, propiedad de D. Vicente Faquineto, Comendador de la Merced, que residía en Cartagena, y hubo que apremiar al inquilino Antonio García para que la desalojara a final del mes de julio.

Foto: Francisco Atanasio Hernández
Calle Faquineto en Cartagena 2014. Foto: Francisco Atanasio Hernández

            Todo se desarrolló muy rápido, pues en la sesión municipal del 11 de agosto, un mes después de constituirse el Ayuntamiento de Alumbres, se realiza la 1ª reunión “…en la Casa Consistorial del Rdo. Comendador de la Merced de Cartagena…”

          El período de gobierno del Ayuntamiento de Alumbres fue corto pero muy laborioso, de manera que estuvo en activo desde el 4 de julio de 1813 hasta el 10 de agosto de 1814, y en ese tiempo su actividad fue muy intensa, pues realizó, al menos, una sesión ordinaria cada semana, y unas 15 extraordinarias aunque en algunos períodos como Navidad aparecen varias seguidas, en total unas 60 sesiones, pero lo que destaca sobre todo es la gran voluntariedad con que realizaron su labor estos hombres, a pesar de los escasos medios económicos y materiales que dispusieron. 

             La depauperada economía del Ayuntamiento fue el mayor rompe cabezas de la corporación. Consta en el acta del 13 de octubre de 1813 que “…solicita al jefe político la creación de un fondo de 400 reales en calidad de reintegro…y permiso para que esta corporación proceda a exigir a los vecinos de su jurisdicción un préstamo forzoso con que subvenir a los gastos precisos y hasta que tenga fondos”. En esa misma sesión “…se acuerda que para poder socorrer al secretario con alguna libranza a cuenta…y subvenir a los demás gastos necesarios se contribuya con 50 reales por cada uno de los individuos de esta corporación.”

            Una muestra más de la escasez de recursos se puede ver en el acta de la sesión extraordinaria de 31 de diciembre de 1813 “…que esta corporación se halla totalmente exhausta de fondos sin tener ni para soportar los costes de la correspondencia, razón por la cual había determinado que desde primero del año próximo se despache en papel común por no poder pagar la imprenta.”

            Pero la inexistencia de fondos no fue obstáculo para el desempeño de sus obligaciones con la mayor de las ilusiones, y entre otros temas de interés se eligieron los Alcaldes de Barrio, siendo los primeros: Marcos García Gómez para Alumbres; Francisco Cobacho para Garbanzal y Roche; Amador Celdrán para Rincón de San Ginés hasta Mar Menor, y  para El Algar y resto de San Ginés a José Albaladejo.

            Crearon y pusieron en funcionamiento la Junta de Sanidad, de la que formaron parte tres de los miembros del Ayuntamiento, además del secretario. Entre otros asuntos esta Junta atendió una epidemia de viruela, contagiada al parecer,  por un ganado lanar procedente de África, y que se tuvo en cuarentena en Escombreras. Se combatió también una plaga de langosta que azotó a los sembrados de El Algar, Rincón de San Ginés y Roche sobre todo. Se nombró Celador de montes para evitar que el esparto y otros productos del monte como la leña y la palma fueran esquilmados sin autorización, y sin la correspondiente contribución: “1 cuartillo de real a cada carga de leña de toda clase; 2 reales cada carretada y 4 siendo carro o galera de mulas. Cada haz de esparto de 30 manos sin curar medio real y 1 real del curado”. A los segadores y leñadores de palma también se les impuso contribución a su labor.

            Además se pusieron premios a la caza de alimañas, 8 ducados por lobo, 16 por loba, y 4 por lobezno.

            También es de destacar la formación de una Partida de 14 hombres para “…el exterminio de ladrones, asesinos y desertores,…” según orden del Jefe Político de la Provincia. 

            Pero su más dura tarea fue el cobro de contribuciones, que si al principio de su mandato fue complicado porque se carecía de medios de todo tipo y sobre todo de un listado adecuado de contribuyentes, por lo que se tuvo que depender de la tutela y colaboración del Ayuntamiento de Cartagena la mayor parte del tiempo, en los meses finales del gobierno de este Ayuntamiento, supuso una empresa imposible porque la mayoría de los campesinos se negaban a pagarla, sobre todo cuando supieron que se restauraba el absolutismo con el régimen señorial anterior.

          Tan mal estaba la economía municipal en esos meses finales, que cuando el Sr. Vicente Faquineto, por medio del Comandante General de Murcia, requirió el cobro del alquiler de su vivienda, porque hasta entonces nada había cobrado, el Alcalde  respondió “...se repita al Sr. Comandante se sirva prevenir cómo y de qué modo se ha de verificar el referido débito y otros cuando esta corporación no tiene fondos ningunos.” 
              
            A finales de 1813, la guerra en Europa no le iba nada bien a los franceses, por lo que Napoleón decidió acabar con la guerra en España por medio del Tratado de Valençay, mediante el cual reconoció a Fernando VII como monarca legítimo, permitió su vuelta al país y retiró las tropas invasoras del territorio español.

            Fernando VII mostró en principio voluntad de someterse a la Constitución, pero por poco tiempo, pues el 4 de mayo de 1814, aprovechando la debilidad del sector liberal, traicionó sus promesas promulgando el Real Decreto por el que declaraba nulos y de ningún valor y efecto la Constitución y los decretos de Cádiz, y anunció la vuelta al absolutismo, y por esa razón, en la última sesión de este Ayuntamiento del 10 de agosto de 1814 se lee el comunicado que el Ayuntamiento de Cartagena envía al de Alumbres y se escribe en el acta”… que se ha instalado allí el antiguo Ayuntamiento, en virtud del cual acuerda oficiar a esta para que dentro de segundo día cese en sus funciones como también el Alcalde su presidente, remitiéndole a la mayor brevedad posible los libros de oficios, de conciliaciones, de cuentas y demás documentos."