miércoles, 24 de febrero de 2016

EL CATALINA


                Introducción
            Siempre he sentido una atracción especial por la historia, y cuando hace muchos años me sumergí en el estudio pormenorizado de ella, me sentí especialmente inclinado por la Prehistoria y la Historia Antigua, que son períodos en los que el hombre, según mi percepción, encauza todas sus luchas por un profundo sentido de supervivencia esencialmente. La Historia Moderna y Contemporánea en cambio, me produjeron una profunda desazón y angustia, porque de su estudio se descubre que la lucha del hombre contra todo lo que le rodea, ya no es por un principio vital, sino fundamentalmente por inconfesables razones de ambiciones personales o de grupos con intereses afines, y por  pura y simple maldad.
El Catalina con uno de sus 7 hijos. Foto: cortesía de Deogracias Martínez Jiménez (el niño de la foto)
Los grandes embaucadores suelen utilizar a menudo esa frase tan bonita de “La historia la escriben los pueblos”, pero después te ponen un dóberman detrás echándote el aliento en la nuca, para que recuerdes que no puedes pasarte un milímetro, si lo que cuentas perjudica su inmaculada imagen. Podría poner muchos ejemplos para ilustrar lo que digo, pero no merece la pena, porque en esta selva, cada cual tiene su escala de valores muy marcada y sólo escucha con atención aquello que más le conviene, lo demás le entra por un oído y le sale por el otro.

Por lo tanto, puestos a elegir entre una “memorable” historia sabiamente manipulada y un relato de sucesos cotidianos con anécdotas en la que los protagonistas no son grandes personajes, sino gente humilde, sencilla, ciudadanos de a pie, prefiero esto último, que hace menos daño y produce más satisfacciones a la inmensa mayoría y a los que de verdad lo necesitan, porque nunca se me olvida de dónde vengo.

Esa es la razón por la que desde hace varios años, dedico la mayor parte de mi tiempo en escribir sobre temas variados de Alumbres, en los que en general, los protagonistas suelen ser las gentes del pueblo, después de consultar libros, hurgar en los archivos públicos y documentos variados, y también en buscar en la memoria de la gente, especialmente la de nuestros mayores, esa pizca de sensibilidad humana que precisa toda narración.

            El Catalina
            Los traperos eran personas humildes que se dedicaban a comprar trapos viejos, papeles, cosas inservibles, chatarra, alpargatas, etc, por las ciudades, barrios y pueblos de nuestra tierra para después venderlas en grandes chatarrerías, y con el comercio de ese tipo de objetos se ganaban la vida y mantenían a sus familias.

        No todos los traperos utilizaban las mismas herramientas para la mencionada actividad comercial, pues mientras a unos se les veía portar un simple saco sobre las espaldas, otros empujaban un carrito cargado con el material objeto del comercio, y los menos conducían un carromato que transportaba un animal de carga, generalmente un burro.

Aquellos eran tiempos en los que la mayoría de los niños, si querían jugar tenían que aguzar el ingenio, y en muchos casos fabricarse ellos mismos sus juguetes, o tener un padre “manitas” que se los hiciera. Espadas de madera, tirachinas, arcos y flechas, hondas, etc., casi todos juguetes bélicos, salían de las manos de los zagales de la época.

En los años 50, y principios de los 60, venía por Alumbres un personaje entrañable para muchos de los críos/as de entonces. El trapero era conocido por El Catalina, porque para él todo el mundo se llamaba Catalina, bueno, en realidad establecía una distinción entre chicos y chicas, a ellas, a todas, las llamaba Catalina, y ellos eran los Bartolicos, y llevaba un carro tirado por un burrito llamado Blanco, en el que transportaba la chatarra que obtenía a cambio de los pequeños juguetes que daba a los chiquillos.

Su vida no fue fácil, pues aunque era minero, después de la guerra no quisieron emplearlo en su antiguo trabajo de Portmán, porque le tocó hacer la guerra en la zona de “los rojos”, por lo que le dijeron que allí sólo empleaban a gente de “sangre azul”, y entonces tuvo que ingeniárselas para sobrevivir a la discriminación, y al hambre de la época.

En un principio se valió de un carretón, con el que transportaba la mercancía recorriendo los caminos y carreteras de La Unión, Alumbres y Portmán, y más adelante se hizo con un carromato y un burro.
 
                                                      Trompa y piola. Foto: Francisco Atanasio Hernández                                                    
Nuestro querido trapero, Deogracias Martínez López, el trapero de Alumbres, procedía del vecino pueblo minero de La Unión, y de cuando en cuando se pasaba por las calles del pueblo con su carro cargado de ilusiones para los niños más necesitados.

Tirachinas. Foto: Francisco Atanasio Hernández   
 
Soga para saltar a la comba

Avisaba de su llegada con el sonido de una pequeña trompeta de juguete, e inmediatamente anunciaba su negocio.

            - ¡Catalinaaa! ¡Compro trapos viejos, hierros, alpargatas...!
            Y enseguida se encontraba rodeado de chiquillos, cada uno con su montoncito de trapos viejos y chatarra, estirando el cuello para ver qué era lo que llevaba en el interior del carromato para poder elegir en el cambio.
            -¡A ver que llevas ahí Bartolico! - decía el trapero a uno de ellos.
            - Muchos hierros, cobre, trapos...
            - Anda llévate este caballito de barro que parece que está vivo.

            El chiquillo le regateaba intentando sacarle algo más, pero el viejo Catalina sabía mucho y conseguía convencerlo de que había hecho un buen negocio, y se iba tan contento con su juguete pensando que para la próxima vez iba a conseguir una trompa (peonza) con su piola, o una pistola de plástico, y si se trataba de una niña, una muñeca de barro con los brazos abiertos, o una cuerda para jugar a la comba, etc.                                                                                         

          En esos tiempos de carencias, el Catalina, aunque un sencillo trapero, era en realidad un manantial de ilusiones para muchos críos, que vivían más por lo que soñaban que por lo que tenían, y esperaban su siguiente visita con ansiedad, rebuscando en los solares, en las viviendas ruinosas, en la rambla, en casa, o en los “muleares” (montones de basura y desperdicios situados frente, o al lado, de las casas de los vecinos, antes de que hubiera contenedores de basura), para conseguir su montoncito de chatarra, púas, tornillos, tuercas, trozos de plomo, cobre, latón, etc., que luego escondían en un secreto rincón como si de un tesoro se tratara. 

Sin embargo, un día cualquiera, el viejo Catalina y su carga de fantasía infantil desapareció para siempre de nuestras calles, eso sucedió cuando los alumbreños comenzaron a disfrutar de un mejor nivel de vida, y los objetos que mantenían aquel pobre negocio dejaron de tener valor comercial. Luego se dedicó a vender lotería por las calles y según he podido saber su vida se extinguió en los años 80. 


            Los Bartolicos y Catalinas de mi generación que tuvimos el placer y el honor de conocerlo no lo olvidamos, porque en el entorno de un mundo real de temores y carencias de todo tipo, nos hizo soñar y alimentó nuestra fantasía hasta límites insospechados.

lunes, 15 de febrero de 2016

SOBRE LOS SÍMBOLOS FRANQUISTAS EN ALUMBRES

En 1981, se aprobaba un Real Decreto que obligaba a retirar los símbolos anticonstitucionales de la dictadura de todas las calles, plazas y edificios públicos en un plazo improrrogable de tres años.
Luego, veintitantos años después, en el mes de noviembre de 2004, después de más de 25 años de andadura democrática, 202 parlamentarios del Congreso de los Diputados (ninguno del PP)  votaron a favor de una proposición no de ley que instaba al Gobierno a que retirara todo tipo de símbolos alusivos a la dictadura franquista.
Por esas fechas, el PSOE había estado 14 años en el Gobierno de la Nación y no había hecho nada por retirar los símbolos franquistas de las calles, y el PP 8, y tampoco se había interesado lo más mínimo por el tema.  Es decir, con ninguno de los gobiernos de los dos grandes partidos se ha querido abordar lo que en justicia se tendría que haber llevado a cabo en los primeros años del actual régimen parlamentario.
Finalmente, en diciembre de 2007 se promulgó otra Ley, pero mientras unos continuaron su política de poner trabas a la supresión de los símbolos franquistas, otros seguían poniendo parches, manifestado en el cambio de denominación de alguna calle en determinados municipios, que sólo sirvieron para dilatar la solución del problema moral de esta sociedad que pretende ser considerada democrática.
Monumento a Antonio Pérez en el cementerio de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Por otro lado, recientemente se han dado a conocer los símbolos que se pretenden eliminar de la ciudad y de los pueblos, y causa una cierta perplejidad, que en poblaciones como Alumbres no se mencione ni una sola de las calles que portan nombres franquistas, y debo de añadir, que no es por ignorancia, puesto que a los políticos de la pedanía, hace una década ya que les pedí el cambio de nombre de las calles que portan esos indignos nombres, además, no hace mucho, cuando supe que se formaba una comisión municipal para la Memoria Histórica, me dirigí a uno de sus miembros y le di la información que en este escrito publico, aunque poco después, ese mismo Sr., me comunicó que habían sido rechazadas por mayoría todas mis propuestas.
Ante una actuación de este calado, me pregunto, cuál es el criterio que se ha seguido para designar a las personas que formaron la comisión para cumplir con tan sensible Ley, y cuál es el criterio que han seguido las personas que han decidido mantener los nombres de las calles de destacados franquistas en el entorno de los pueblos como Alumbres, pues según entiendo yo, y parece que la Ley también, el nombre que se le da a las calles y plazas de un pueblo o ciudad, debe de recordar a personas o cosas que destacaron en alguna honrada faceta de la vida, y de cuya memoria se enorgullezcan los vecinos, y no produzca vergüenza y rabia de ver que los responsables de la mayor tropelía cometida en España encima se hacen rendir homenaje y eterno recuerdo.
Alumbres es un pueblo pequeño, y por suerte tiene pocos de esos símbolos que recuerden el tenebroso pasado histórico del franquismo, pero los pocos que hay son muy notables, y creo que sería apropiado y conveniente, sin ánimo de revanchas, sólo con la idea de borrar de nuestras calles todo vestigio de ese horrendo pasado, cambiar el nombre de la plaza de Primo de Rivera,  calle Pla y Deniel y calle Antonio Pérez, y de éste último también, eliminar el monolito que hay en su honor en el cementerio.
Plaza Primo de Rivera en el centro de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
La plaza Primo de Rivera, por un lado, recuerda a la dictadura de Primo de Rivera 1923-1929, y por otro a su hijo José Antonio Primo de Rivera, fundador de  Falange Española, y no sé quién de los dos personajes me produce más escalofríos y es menos merecedor de ser recordado. Además fue aquí, en esta plaza, donde estuvo el local de Falange Española, y posiblemente sea esa la razón por la que se llama así ahora. Esta plaza debería de cambiar su nombre por el que tenía antes de la dictadura franquista, que era  “Plaza del Billar”.
Calle Pla y Deniel en la zona de los Chalet de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
La calle Pla y Deniel rinde homenaje al Cardenal Primado que justificó la rebelión franquista como una cruzada con frases tan poco constructivas y tan poco piadosas como esta “En el desarrollo de nuestra guerra hay mucho de providencial y milagrosa”. A esta calle se la podría denominar “Alunita”, que es la roca de donde se extrae el alumbre.
 Calle Antonio Pérez en la zona de los Chalet de Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
La calle Antonio Pérez recuerda a los caciques de Alumbres y a la represión del período franquista, al sometimiento de la voluntad de los ciudadanos a sus caprichos si no querían ser castigados con la retirada de la cartilla de racionamiento, los pelados al cero, el aceite de ricino, u otras penalidades por el estilo.
¿Qué es lo que Alumbres le debe a Antonio Pérez para que haya en el pueblo una calle con su nombre, y en el cementerio un monolito en su honor?
Durante el franquismo fue concejal en el Ayuntamiento de Cartagena, alcalde de Barrio o Pedáneo del pueblo de Alumbres, y presidente por designación de la primera A. VV. del pueblo, pues la convocó él mismo.
Todos esos años son los que se le deben, por no haber hecho nada para solucionar la cloaca en la que estuvo transformada la rambla hasta 1991, año en que se entubó, permitió la instalación de los depósitos de carburantes alrededor del pueblo a principios de los años setenta, los barrizales de las calles, la falta de iluminación del pueblo, la construcción de la vía del tren de transporte de mercancías peligrosas en la década de los cincuenta por en medio de la población, la inexistencia de teléfono en Alumbres mientras la línea de Repsol pasaba por las fachadas de la calle Mayor, o los cuarenta años de fidelidad falangista al dictador, sin entrar en detalles propios de la represión franquista. Me quedan algunas otras cosas, tanto o más importantes que las mencionadas, pero creo que con los méritos relacionados es suficiente, para que su nombre sea cambiado por otro que recuerde cosas más nobles, como podría ser calle Manganeso, y que el monolito que hay en su honor en el cementerio sea retirado o derruido, pues ocupa un espacio público del lugar.
 


Escrito registrado en el Ayuntamiento y del que di copia a dos grupos políticos



jueves, 4 de febrero de 2016

NACIMIENTO Y DISOLUCIÓN DE LA SALLE MINERVA 1973-2000

Del nacimiento de La Salle Minerva a 1978
El origen de La Salle Minerva se encuentra en una serie de conversaciones previas a su fundación realizadas entre los directivos del Minerva y los de La Salle Enpetrol, que concluyeron en un acuerdo de fusión entre las dos sociedades deportivas, por medio del cual, La Salle pagaría los arbitrajes y proveería al club de jugadores, y el Minerva ponía el vestuario del equipo, las instalaciones deportivas y además pagaría los desplazamientos.
1ª Directiva de La Salle Minerva. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
L. S. Minerva 1973-74. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
Pedro Rubio Francés, José Ojados Roca y Francisco Martínez Albaladejo, por el Minerva, así como José Valverde García y Antonio Llor Bueno, profesores del Instituto de La Salle, fueron los principales artífices de esta importante obra deportiva.
Los Estatutos del Club llevan fecha del 15 de junio de 1973, y entre otras cosas de interés dice que el uniforme reglamentario será camisa azulgrana con pantalón azul.
Los objetivos que se habían marcado los promotores de esta nueva etapa deportiva estaba fundamentada en la atención y desarrollo del fútbol base, hasta alcanzar las máximas cotas en la categoría de juveniles. 
Y tenían razones para albergar esperanzas, pues Alumbres disponía de una afición al fútbol envidiable y unas instalaciones deportivas que se podían ir mejorando de acuerdo a las necesidades, y el Instituto de Escombreras de La Salle adscrito al Isaac Peral, sin duda alguna, era una fuente inagotable de futbolistas en perfecto estado para su explotación.
La década de los ´70, fue el inicio de la etapa más brillante del fútbol alumbreño a nivel nacional, nada menos que 27 años en la cima del fútbol juvenil de la región.
La aventura deportiva empezó en la temporada 73/74, en la que La Salle Juvenil quedó Campeón en el Grupo 5º  del Campeonato Regional de 2ª Categoría, pero fue el Petrelense quien ascendió al ganarle la promoción de ascenso a dos partidos.
En el verano de 1974 se fundó el S. Luis, una de las obras más determinantes para llevar a buen término los planes de futuro que albergaban los dirigentes.                                             
La campaña 74/75 compitieron en 2ª Categoría el S. Luis y L. S. Minerva, y éste volvió a proclamarse Campeón del Grupo 1º, y además, esta vez sí consiguió ascender a 1ª División de Juveniles tras derrotar al Águilas en la promoción de ascenso disputada a doble partido.
En la clasificación final de la competición de 1ª División de la 75/76 queda en 4ª posición pero una reestructuración en la competición juvenil nacional por parte de la Directiva de la Federación Española de Fútbol del Sr. Porta hace posible que Murcia, Elche, Hércules y Minerva asciendan y disputen por primera vez la Liga Nacional de Fútbol Juvenil.  La Salle Minerva tuvo el honor de ser el primer equipo de la comarca que participó en la Liga Nacional de Juveniles de 1976/77 y también en la siguiente de 1977/78.
L.S. Minerva 1975-76. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
Por esas fechas, el equipo de Alumbres se había convertido en el centro de atención de los jóvenes futbolistas de toda la zona, y en sus filas había ciento y pico chavales repartidos entre cuatro o cinco equipos, juveniles en Liga Nacional, juveniles de 2ª Categoría Regional, infantiles y alevines.  
L. S. Minerva 1976-77. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
L. S. Minerva 1977-78. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández

De 1978 a 1988
La década de los ´80 está marcada por el purgatorio que hubo que pasar desde 1978, año en que La Salle Minerva descendió de la Liga Nacional tras la memorable derrota ante el Granada por 0-2 en El Secante, hasta 1988 que volvió a ascender, y en esos diez años milita en 1ª Categoría Regional.
Es la época en la que el Kalise Frinca sustituirá al San Luís y convivirán equipos filiales que ostentarán la nueva denominación con otros de La Salle Minerva. En esta etapa hay renovación de directiva y Anastasio Oliver Meroño será el nuevo presidente hasta 1993.
El primer equipo de Alumbres había bajado de categoría sí, pero nadie podía quitar ya los méritos contraídos por el club y los jugadores que protagonizaron ese corto pero intenso período que empezó hacía entonces solamente cinco temporadas, y además nada indicaba que se hubiera acabado aquí la historia de La Salle Minerva, sino todo lo contrario, porque había razones para creer que se podía volver a la Liga Nacional en un breve espacio de tiempo.
L. S. Minerva 1979-80. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
L: S. Minerva 1987-88.  Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
Diez años de competición regional en los que La Salle Minerva dejó también su sello, pues la mayoría de las temporadas quedaba clasificado entre los cinco mejores del campeonato. La primera oportunidad de  ascender la tuvo la temporada 78/79,  pero sucedieron algunas cosas extrañas y en el último encuentro del campeonato perdió su partido y las opciones de ascender a favor del Imperial y quedó en 2º lugar de la clasificación final. De manera que hubo que esperar a la temporada 1987/88 en la que conseguía proclamarse Campeón del Grupo II y ganaba la promoción de ascenso al Júver que fue Campeón del Grupo I consiguiendo así volver a la Liga Nacional.

De 1988 al año 2000  
Las dos primeras temporadas, la de 1988/89 y la 89/90, estuvo militando en Liga Nacional, la 90/91 en División de Honor, categoría ésta en la que también le cupo el honor de ser el primer equipo de la comarca que participaba en la máxima competición Juvenil Nacional, y tras descender a la Liga Nacional volvió a subir a la siguiente, permaneciendo la 92/93 y la 93/94 en la División de Honor.
Fue en el mes de mayo de 1991 cuando se firmó un acuerdo entre el Ayuntamiento de Cartagena (PCAN) y la empresa DUERNA S.A., por el que se permutaban unos terrenos de Los Nietos en suelo urbanizable a cambio de dos parcelas rústicas situadas en los alrededores de Alumbres, una de las cuales tendría como destino la construcción de un campo de fútbol, y la otra para instalar el repetidor de la televisión. Con el repetidor no hubo problema, se instaló enseguida, sin embargo, 14 años después, en 2005, cuando el dinero obtenido por los terrenos en Los Nietos ya estaría a buen recaudo, lo del campo de fútbol estaba olvidado y no había ni siquiera proyecto, por lo que desde que tuve conocimiento del contenido del documento, no he desaprovechado ninguna ocasión para recordar por todos los medios que me ha sido posible, entre otros en mis libros de Alumbres, que había que darle al pueblo lo que se acordó ante notario, el compromiso incumplido, hasta que a finales de 2009 se inició la construcción de un polideportivo cubierto que fue entregado en mayo de 2015.
L. S. Minerva 1988-1989. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
En esta misma época asoma su sombría cabeza la gran crisis económica que padece la comarca y que se manifiesta nítidamente en las depauperadas arcas del club de fútbol alumbreño, por lo que en 1993 Anastasio Oliver Meroño abandona la presidencia y es sustituido por Pedro Villada, además,  patrocina el club Frigoríficos Morales, por lo que el equipo adoptaría el nombre de Frigoríficos Morales Minerva.
L. S. Minerva y El Español. Temporada 1991-92. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
L. S. Minerva 1992-93. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández 
L. S. Minerva 1993-94.  Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
Dato deportivo de interés es que, el 31 de octubre de 1993, el R. Madrid juvenil, en partido del campeonato de la División de Honor, ganaba al Minerva en el viejo Secante 0-4 y 3 de esos goles fueron marcados por Raúl González que ya empezaba a pedir un sitio en el primer equipo.
En 1994 La Salle Minerva descendió a la Liga Nacional y permaneció en ella hasta 1998, año en que bajó por última vez a 1ª Categoría Regional de juveniles y en el verano de 2000, después de 27 años de historia, el club desaparecía de Alumbres y todos sus efectivos se trasladaban a la vecina ciudad de La Unión, donde adoptaría el nombre de Asociación Deportiva La Unión Minerva, con cuyo nombre competiría la 1ª temporada 2000/01, en la categoría de 1ª Regional Juvenil donde le correspondía competir al Relesa Galvame Minerva de Alumbres.
El documento de disolución de la Salle Minerva lleva fecha del 24 de julio de 2000 y el de fusión con La Unión del 27, tres días después, y ofrecen la paradoja, de que alguno de los que firmaron para la desaparición de La Salle Minerva, y que antes no reclamó la ejecución del acuerdo mencionado de 1991, entre DUERNA y el Ayuntamiento de Cartagena para la construcción de un campo de fútbol, luego se presentaría como salvador del fútbol alumbreño fundando la Escuela de Fútbol de Alumbres en 2004.
L. S. Minerva 1996-97. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández
L. S. Minerva 1998-99. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández

Equipo de la temporada 1999-2000. Foto: Archivo Francisco Atanasio Hernández