lunes, 23 de mayo de 2016

LOS REQUESONEROS DE ALUMBRES

          La referencia más antigua que tengo de los requesoneros de Alumbres es a través de un pequeño relato de Federico Casal Martínez con el título de “Recuerdos. El Ayuntamiento y los músicos ingleses”, que data en 1611 y lo termina como sigue “Al día siguiente se notó en el mesón la falta de una zagala que en él servía, apodada Marica la alumbreña, hija de un popular requesonero de los Alumbres Nuevos, a la que se veía muy amartelada con uno de los músicos que tocaba el pínfano y el atambor  y chapurreaba un poco el castellano. Nadie se explica cómo la chica fue al barco. El piloto encargado de sacar fuera del puerto los barcos para evitar la peligrosa laja existente en la bocana, dijo haberle parecido ver en el navío una mujer”.  

            Se sabe que los vecinos de Alumbres eran especialistas en la fabricación del requesón desde muy antiguo y tal maestría habían adquirido en su elaboración que entre los vecinos se comentaba que tenían una receta secreta que pasaba de padres a hijos, y por lo que se cuenta, parece ser que los lecheros alumbreños nunca tuvieron quien les compitiera en la comarca de Cartagena.
            Un antiguo refrán dice:
                        Las cosas mejores de Cartagena son,
                        los palmitos, la miel y el requesón.
            Los requesoneros se apostaban en la Puerta de San José antes de salir el sol, y cargados con sus mercancías, esperaban pacientes a que la guardia militar abriera la puerta para entrar en la ciudad gritando “El rico requesón de Alumbres” que llevaban envueltos en blancas y aseadas servilletas para que el suero que quedara fuera escurriendo. Trasportaban también el peso y el cuchillo que llevaban en una cesta y el precio al que lo vendían era de cuatro reales la libra y era tanto el consumo que se hacía en la ciudad de este producto, que hacia las nueve de la mañana se quedaban sin existencias y comenzaban a volver para Alumbres.
Portada del Diario de Cartagena nº 50
La fama que alcanzaron los requesones alumbreños en Cartagena fue muy grande, hasta el punto que la mencionada industria “El Requesonero de Alumbres” fue el título que llevaron una serie de artículos que se publicaron durante casi todo el año de 1807, de carácter múltiple, científico-intelectual-burlón-satírico y moral, por el Diario de Cartagena que se editaba en la imprenta de Trinitario Hortelano, al principio en la calle de San Roque, y más tarde en la calle de la Morería Baja, y que llamaron mucho la atención porque ponían de manifiesto el alto nivel cultural del autor, pues escribía la carta del supuesto requesonero y la respuesta, que firmaron diferentes personajes de ficción, El Albéitar, El Estudiante Laurencio, Público, Señor Mayor, Pablo Remigio, El Barbero, Aficionado a Física, etc., basándose en un tema científico o intelectual que el alumbreño planteaba, siendo respondido por uno de los personajes mencionados, y que llevaban a la conclusión de que cada cual debería de dedicarse a lo que conoce y no invadir terrenos que no son de su especialidad.
            Para mostrar la riqueza intelectual y literaria de la serie de los escritos mencionados, firmados por el supuesto requesonero de Alumbres, pueden servir como muestra los fragmentos que expongo a continuación.
            Según el Sr. Casal el artículo inicial decía “Yo no soy requesonero; he colgado el cesto en el huerto de Calín y si hubiere algún incrédulo venga conmigo y en llegando al sitio le diré: ahí está el cesto” (No he podido confirmar la existencia de este ejemplar porque no se encuentra en los archivos de Cartagena y Murcia).
            El escrito del 19 de febrero de 1807, comienza como si se tratara de un bravucón que en el campo de la literatura no tuviera rival Convite fúnebre, que la piedad del requesonero de Alumbres hace a los amantes de la literatura y buen gusto, para que se sirva asistir a los funerales de D. Pablo Remigio”.  
            Y al final del mismo escribe el epitafio de su supuesto rival:
            “Aquí yace Don Remigio
            Escritor aventurero
            por querer medir sus armas
            con el buen Requesonero.
            Requiescat  in pace. Amén,
            Ya tenemos un enemigo menos; vamos ahora a lidiar con el señor F.M.C. que podrá ser que al primer tajo vaya a acompañar a su amigo, y no quede títere con cabeza”.
            En otro artículo con el siguiente título “El Caballero Newton defendido y coronado de laurel por el requesonero de Alumbres” defiende a Isaac Newton y sus tesis de la crítica de alguna prensa, como si fuera un científico más que hasta ese momento no se hubiera dado a conocer, ofreciendo datos astronómicos y hablando de planetas, de estrellas y de la gravedad como si nada de eso le fuera ajeno, sino todo lo contrario.
            Un pasaje de ese mismo escrito dice así ”Estoy como la Reyna Luisa forrado en cobre, y hecho a fuerza de bomba ; y me llevo por delante aquella bella sentencia a cuya sombra me acojo, quando chispean estos fuegos fatuos , la qual dice la crítica  de los necios, es el incienso de los talentos. Yo no lo tengo; pero lo tuvo, y lo tuvo extraordinario el célebre Newton”.
Ganado de cabras y ovejas por nuestros campos. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            El nº 54 del Diario de Cartagena ofrece la receta para elaborar el requesón: “Póngase a hervir un quartillo de leche a fuego lento, y luego que rompa el hervor añádasele el zumo de medio limón regular y apártese del fuego; cuélese el licor o suero por un lienzo espeso y exprímase bien el requesón que quede en él; cuyo peso deberá ser de cuatro onzas si la leche era pura; y a proporción del agua que contenga disminuirá la cantidad de requesón; es decir, si a tres partes de leche  se le ha echado una de agua, dará tres onzas de requesón; si un quartillo de leche contiene la mitad de agua (que es lo que comúnmente se acostumbra) dará dos onzas de requesón; y finalmente, si a una porción de leche se le han agregado tres partes de agua (lo que es muy raro) dará una onza de requesón”
            En uno de los últimos escritos defiende con énfasis su oficio de requesonero ante las descaradas burlas que le ha proferido uno de sus rivales.
            “…pero ¡qué delicio! haber tornado la pluma para tratar, con cierto desprecio aquel tratado de pabellón, caldera de hacer requesones, no es lo mismo escribir que ponerse a hacer requesones, y otros dicterios indecentes, de los que no es justo acordarme…”
            Ante tales insultos, él sigue defendiendo la dignidad de su profesión en el mismo texto “…para explicarse bien no es necesario hablar mal, que la moderación está bien vista en todas partes y mayormente en los papeles públicos.  Si soy requesonero, si tengo caldera, si los hago bien o mal, no es el asunto del día, ni mi escrito se ha dirigido a estos puntos: la suerte me ha deparado este oficio, gano honradamente mi sustento sin estafar a Vd. ni a nadie, hago todo el bien que puedo, y a persona alguna por humilde que sea le echo en cara su oficio”.

            Al final de algunos de los artículos, igual que en este último terminó poniendo después de El Requesonero de Alumbres las iniciales J.M.G. y D. en la mayoría terminaba con un, se continuará.
            La venta del requesón de Alumbres tuvo larga duración, y aunque atravesó tiempos peores llegando a prohibirse su venta a finales del siglo XIX por ciertos problemas sanitarios, producidos por la adulteración del producto en su elaboración, y por las vasijas de cobre utilizadas para ello, su venta llegó hasta 1936, año en que dejó de venderse por Cartagena, volviendo a aparecer en 1942, pero por muy poco tiempo, pues con el precio que alcanzó la leche, se ganaba con ella más que con el requesón.

Los lecheros que conocimos los de mi generación.
Antes de nada es preciso aclarar que hasta mediados los años sesenta, no todas las familias podían pagarse la leche diaria que necesitaban para sus hijos.
Por esas fechas no recuerdo haber oído nunca nombrar el requesón, sin embargo, el queso fresco sí lo elaboraban y vendían los lecheros a los vecinos que lo encargaban.
En esos tiempos la leche se vendía de casa en casa, y el pastor llevaba con él a su ganado y ordeñaba a las cabras allí mismo, a la vista del cliente. De esa época recuerdo a varios cabreros, “Alfonsico” y su hermano Andrés, Juan y Paco “el Cano”, José Antonio y su hermano “el Mudo” (le llamábamos el Mudo, y con mucha propiedad, pues el pobre hombre no podía hablar).
Durante esa tarea, y por la tarde, cuando volvían a recoger el ganado, al pasar por las fuentes aprovechaban y le daban de beber, y como en uno u otro momento se despistaban unos minutos, en ese tiempo, había chiquillos que se echaban debajo de las cabras y bebían unos tragos de leche directamente de las ubres de los animales. Otros en cambio, eran un poco más traviesos, y el despiste del lechero lo aprovechaban para levantarle el mandil al macho, con el consiguiente cabreo del pastor que cuando volvía se encontraba al animal ocupado con todas las cabras que se ponían a su alcance.

La leche de las vacas estabuladas de Mateo Molina, Gregorio de La Hoya, y Paco “el Cano” también estaba muy solicitada por los vecinos del pueblo.
El paso del tiempo y las nuevas costumbres de manipulación y salubridad de los  alimentos han hecho pasar a un rincón de la memoria esta vieja actividad.
Relacionado con la leche, creo meritorio resaltar que el alumbreño José Mendoza Lorente (fallecido hace algunos años), continuando la tradición familiar, se asoció con unos amigos del gremio y constituyeron la Cooperativa de Productos Lácteos “La Yerbera”.
La Yerbera en Alumbres 2005.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
También la marca Caprilac, un producto lácteo de elaboración tradicional es producido por personas de nuestra tierra, Antonio García Charcos, hijo del que conocemos por “Ministro” dirige este negocio y Antonio Acosta trabaja para la firma.
Caprilac en Roche 8-5-2016.  Foto: Francisco Atanasio Hernández

viernes, 13 de mayo de 2016

SOBRE LA PATRIA POTESTAD Y LA CUSTODIA COMPARTIDA

           Hace unos años, con motivo del Día del Padre, escribí el artículo que transcribo a continuación y que mientras viva tendrá plena vigencia, porque el daño ocasionado es irreversible.
            El 19 de marzo se celebra el día de los padres que felizmente pueden disfrutar de todos sus derechos como ciudadanos, y sobre todo de la compañía de sus hijos, pero los padres desposeídos de su paternidad pasamos un año más alejados de ellos.
Creo que es preciso recordar que a los niños hay que educarlos para la libertad, para una sociedad moderna de convivencia y diálogo que considere y respete a los demás como uno desea que lo respeten a él mismo, y en la ruptura de un matrimonio no se les puede ir inculcando que la culpa es del otro, porque en estos indeseables procesos, ambos son un poco culpables y víctimas a la vez, y sobre todo los hijos no tienen culpa de nada y no tienen porqué sufrir las consecuencias de la ruptura de la pareja.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
            En 1981, el Congreso de los Diputados aprobó una Ley de Divorcio, que al no disponer de otra para compararla, apareció ante la sociedad como la tabla de salvación para aquellos casos de incompatibilidad manifiesta de las parejas. Sin embargo, esa urgente necesidad ocultaba en su interior todos los ingredientes antidemocráticos, discriminatorios, y sobre todo electoralistas, de captación del voto femenino, para que en cualquier proceso de separación siempre saliera ganando la mujer. La renovación de los principios machistas más reaccionarios en este caso nunca lo protestaron los colectivos femeninos o feministas más belicosos, y eso que saben que en numerosas ocasiones, esta circunstancia ha sido la causa de muchos casos de violencia familiar, puesto que en realidad la Ley de Divorcio mencionada no fue hecha para todos, sino sólo para unos pocos que pueden pasar suculentas manutenciones a sus ex parejas y a sus hijos sin pasar estrecheces a final de mes, y además pueden rehacer sus vidas afectivas cómo y con quién quieran. Los demás, es decir, la mayoría, los trabajadores que dependen de un mísero salario, si tienen diferencias insalvables con sus parejas y se separan porque no se resignan a su mala suerte, son condenados a vivir en condiciones precarias, y si la mano ejecutora de su nueva desgracia no puede ser la de ella directamente, ya se encargará de hacerlo el juez de turno, o los picapleitos, en cuyas inhumanas redes tengas la desgracia de caer.  

           El día 5 de junio de 1990, divorciado de mi pareja desde hacía 5 años, registré la entrada de una denuncia en el Colegio de Abogados de Cartagena contra dos letrados que me habían tramitado mi divorcio en el bufete que entonces tenían abierto, porque mientras que a mí me negaban la viabilidad de denunciar a mi ex cónyuge por el reiterado incumplimiento de la Patria Potestad Compartida, así como el régimen de visitas y el disfrute del período de vacaciones con mis hijas recogidos en la sentencia de divorcio, a ella la incitaban a presentar una reclamación económica fundada en falsedades, y la animaban a continuar incumpliendo su parte, indudablemente eso lo hacían porque consideraban que todos los cabos los tenían bien atados. Después de un largo y penoso período pude evitar que la confabulación del bufete de abogados y mi ex cónyuge me exprimieran más de lo que estaba, por medios que no creo necesario explicar aquí, porque sería muy extenso el relato, no obstante, después de tantos años, aún estoy esperando una digna respuesta del Colegio de Abogados. Mientras tanto yo me había quedado sin la vivienda que tanto esfuerzo me había costado conseguir, ni siquiera la parte que me hubiera correspondido en un justo reparto de bienes, porque lo cedí todo a ella en un falso reparto de bienes, creyendo que lo hacía por el bien de mis hijas, y sin equipaje alguno con el que viajar a ninguna parte, además de la imposición de pasar una manutención que rondaba el 60% de mis ingresos íntegros, porque los hijos lo merecían todo, aunque después sólo recuerden el odio inculcado por la madre despechada.

Hay padres que siempre que les es posible, cumplen o han cumplido generosamente con sus obligaciones económicas y afectivas con sus hijos, incluso hay quienes se dejaron expoliar pensando que al fin y al cabo todo era para ellos/as, y sin embargo nunca pudieron conseguir mantener una relación estable, y mucho menos influir en una educación saludable. Sólo las madres y sus familiares pueden educar a los hijos de esos matrimonios, con consecuencias generalmente traumáticas para todos.
En este apartado podría ser ilustrativo lo que sucedió en Alumbres con al menos dos o tres padres separados, entre ellos yo mismo. Aparentemente, las relaciones entre los padres y sus hijas correspondientes eran normales, hasta que llegado el momento de las bodas, los padres fueron apartados del derecho a ser los padrinos en la ceremonia religiosa (el 4º mandamiento de la Ley de Dios dice “Honrarás a tu padre y a tu madre”, pero por lo visto nadie de allí se lo recordó) y además no pudieron asistir a la celebración de la boda de sus hijas porque había que evitar que las mamás se ofendieran por compartir ese momento con sus ex cónyuges.
Cuesta trabajo creer que una mujer de esas quiere a sus hijos cuando no duda en hacerles daño a cambio de fastidiar como sea a su ex pareja. Pero tanto o más trabajo cuesta creer que sean sinceras cuando piden igualdad de derechos para todo lo que a ellas les conviene, y a la vez le niegan a los hombres el más elemental de los Derechos Humanos, la paternidad.

Es verdad que las asociaciones de mujeres en general y la de Alumbres en particular no son responsables de las actitudes individuales de sus vecinos/as, pero sí que tienen capacidad para influir en el futuro si incluyeran entre sus actividades la realización de charlas, coloquios y cursillos destinados a la formación femenina para una sociedad en la que todos tenemos derechos y obligaciones, y en donde se mire con total normalidad que una pareja se separe porque entienden que la convivencia juntos es imposible, y ello no debe de conducir a que aquel que se quede con los hijos (con esta ley de divorcio machista los jueces siguen dando la custodia a las mujeres, sin tener en cuenta que la sociedad está cambiando permanentemente), los utilice contra el otro como si de simples muñecos se tratara, olvidando que los hijos necesitan a los dos, al padre y a la madre, y si no puede ser juntos hay que conseguir que los tengan por separado. El otro no sólo tiene la obligación de pasar la manutención, tiene además el derecho a disfrutar de la compañía, del respeto y del cariño de sus hijos, y a participar en una educación civilizada y sin traumas de éstos.
Es decir, se actúa con el padre legalmente divorciado como si se tratara de un delincuente, y el divorcio fuera un delito. Se podría decir sin exagerar la nota que se ha puesto de moda perjudicar al padre que se atreve a divorciarse de su pareja, porque en realidad, la hipocresía de la sociedad es tan grande, que a los familiares de los divorciados no les importaría que la pareja se resignara indefinidamente a dar una falsa imagen de unidad familiar y concordia de la pareja, aunque en realidad cada uno viva su vida afectiva a su manera y fuera del matrimonio, cualquier cosa antes que el divorcio.

A los de mi generación y otras anteriores nos enseñaron que bajo ningún concepto se podía perder el respeto a los padres, y muchas veces hemos podido ver a familias enteras que pedían el respeto de los hijos para un padre maltratador, alcohólico, mujeriego, con dos familias, parado indefinido sin remedio, jugador compulsivo que se jugaba el salario en el casino o en el bingo,  etc., y a pesar de que en muchas ocasiones eso suponía algún que otro desencuentro con el resto de la familia, lo cierto es que dentro del círculo familiar era respetado y considerado como tal por su cónyuge, hijos, cuñados, suegros, yernos y demás parientes que nunca le tenían en cuenta sus voluminosos defectos a la hora de relacionarse con él.
          Estas líneas están especialmente dirigidas al colectivo de mujeres, porque ellas saben mejor que los varones incluso, las razones por las que últimamente se han celebrado esas bodas que menciono, de hijas de matrimonios separados, en los que el padre no ha participado ni en la ceremonia ni en la celebración, y no porque ellos no lo hubieran deseado.

En definitiva, estoy persuadido de que no hay mayor violencia que la ejercida por los poderes del Estado que no cumplen con su cometido de salvaguardar los intereses de todos los ciudadanos por igual, y que discrimina a una parte a favor de otra en razón de los intereses, no del Estado de Derecho, sino de los partidos políticos. Los ciudadanos honrados de un Estado supuestamente democrático, que son agredidos en sus legítimos derechos se sumen en un estado de impotencia y de ansiedad de impredecibles consecuencias para los afectados.

Todo ello, y siempre en mi opinión, debería de llevar a la sociedad, y sobre todo a las organizaciones ciudadanas, a una profunda reflexión sobre la utilización de esta escala de valores y su utilidad para una sociedad de diálogo, tolerancia y entendimiento, y poner los medios necesarios para evitar que nunca más sucedan maldades de esta naturaleza, ni en Alumbres ni en ningún otro lugar de nuestra geografía, y nadie mejor que las organizaciones ciudadanas para ello. Mientras tanto quiero recordar un viejo adagio que dice así “De donde no hay no se puede sacar” y un poema de mi cosecha que también publiqué con el artículo.
                                      LA ÚNICA RAZÓN TOLERABLE
Era un día estival de un junio poco esperanzador
que amenazaba jubilar algún que otro corazón
entre las incansables estridencias de las chicharras
y el balsámico aroma de los hinojos
que inundaban de añoranzas las ansiedades.

Eran las horas del dominio de Cáncer
en un inefable cielo plagado de tempestades
y las hogueras de San Juan
habían extendido ya su magia purificadora
por la atmósfera salobre de la ciudad.

Aquel año pasaban los cincuenta
por la estación del olvido
y al viejo tren de cercanías
le empezaban a flaquear las fuerzas
para subir los empinados repechos del desamor.

En algún rincón de la tormenta estaba ella
memorizando las palabras necesarias,
sólo las palabras precisas,
que tendría que repetirle sin dudar un instante
con la seguridad de quien se sabe bien la lección
y está poseído por el sagrado poder
de la única razón tolerable.

Padre, ya sé que es a ti
a quien le correspondería ser
pero lo mejor para mí
es que no lo seas.

Nunca pudo imaginar
que el sol se apagaría de repente
pero sus sentidos dejaron de sentirlo a media tarde.

Y aquellas palabras todavía suenan en sus oídos
como el eco interminable
del metálico martillo de Vulcano
golpeando en el yunque imaginario de la memoria.

Escuetas palabras que se endurecieron
en el polo de la ausencia
y se hicieron viejas en la ceremonia del otoño
y la nieve del invierno se adelantó una estación
perdida en el tiempo y el espacio del padre.

Pero quedaba el hombre para seguir
enfrentándose a la ausencia de calor de otros inviernos
y al frío calor de otros veranos
y a las pesadillas del desamor de cada día.


            Hace muchos años, cuando más necesitado estuve de ayuda, un buen amigo, me enseñó que la mejor terapia para superar trances difíciles de digerir, era escribirlos sin temor alguno a darlos a conocer, y lo sigo haciendo como mejor puedo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

LAS AGUAS PARA CONSUMO HUMANO EN ALUMBRES

         La mayor parte del territorio ubicado al Sur del Puerto de la Cadena, y que comprende la comarca de Cartagena, Torre Pacheco, toda la Sierra Minera y el Mar Menor, está definido por la aridez, y caracterizado por un clima templado y seco de no más de 300 mm de lluvia anual, concentrada especialmente en las estaciones de otoño e invierno y algunas precipitaciones ocasionales en primavera, siendo los veranos largos y secos. Además es un espacio carente de ríos y las ramblas sólo conducen agua cuando llueve.
  Depósitos del Taibilla en Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Manantiales, pozos y aljibes
            El agua es imprescindible para la supervivencia del ser humano, pero en lugares donde lo más notable es su escasez, se hace necesaria una buena dosis de conocimiento del medio, para el mejor aprovechamiento de los recursos que la naturaleza pone a disposición de los pobladores del lugar.
Pozo del Rufo en La Parreta. Foto: Francisco Atanasio Hernández
En este rincón de la geografía española, el agua siempre fue un elemento tan necesario como codiciado, de manera que en tiempos pasados su búsqueda fue incansable, y se explotaron tanto los escasos manantiales existentes en la zona, como los pozos que el Concejo abrió para el consumo de las poblaciones, según las ordenanzas promulgadas por el Ayuntamiento en 1729, así como los que numerosos particulares abrieron en sus propiedades, además de la antiquísima utilización de los aljibes.

            En Alumbres, hubo al menos, dos pozos concejiles, y ambos estaban situados en la orilla de la rambla, uno enfrente del actual local de la Sociedad de Fomento y Cultura Minerva, y el otro al final de la calle del Duque, y como en la mayoría de los pozos del pueblo, tanto municipales como de propiedad particular, el agua estaba relativamente cerca de la superficie, a no más de 10 o 15 metros del subsuelo, y con el paso del tiempo, este agua fue perdiendo calidad, tanto por su sobreexplotación como por la contaminación de éstos por los pozos negros, por lo que su consumo se fue limitando a actividades domésticas, y con la llegada del agua del Taibilla a las viviendas, los pozos se fueron tapando.                           
                                                     
El aljibe es un depósito de almacenamiento de agua, de tradición muy antigua, especialmente la procedente de las lluvias, para lo que se canalizaban éstas en dirección al depósito con el propósito de su utilización posterior, aunque para el consumo humano no era la más apropiada si no se trataba adecuadamente.
            Las fuentes y los manantiales es otro recurso que pudieron utilizar los pobladores alumbreños. La Fuente del Comino que estaba en la falda del monte Calvario, en el camino del cementerio, era el lugar más cercano, y en períodos de sequía, dicen los más viejos del lugar que se podía estar haciendo horas de cola para recoger un poco de agua para la casa.

            La Fuente de la Peraleja era otro lugar de donde se podía conseguir el agua para beber, y estaba situada en el paraje que se conoce por ese nombre, al pie del Cabezo de las Cuneras.

            También estaba la Fuente de María la Boa, cerca del Huerto de San Pedro, aunque un poco alejado para los alumbreños, por lo que, según oí de mis mayores, quienes más la utilizaban eran los vecinos de Los Partidarios y La Esperanza.
Barranco del Canalote en la actualidad. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Por el precioso y añorado barranco del Canalote, situado entre el Pico de la Miguelota y el Cabezo de las Cuneras, más o menos a un kilómetro y medio del pueblo, discurría un arroyuelo al que se iba a proveerse de agua para beber y a lavar la ropa. Pero además era el lugar elegido por la mayoría de alumbreños para ir a merendar el día de la Candelaria.

            También se podía ir al Pozo del Rufo situado en la Parreta, aunque siempre hubo quien prefería la comodidad y como se lo podía permitir, recurría al “aguador”, que vendía agua de forma ambulante por medio de una cuba trasportada por un carro y del que tiraba un animal.  
Pozo Concejil en Roche restaurado en 2006. Foto: Francisco Atanasio Hernández
El proyecto de La Fausilla
            En la sesión municipal del Ayuntamiento de Cartagena del día 4 de septiembre de 1931, se dio lectura a una moción “…para que se dote de agua a los vecinos de Alumbres, ya que existe a cuatro kilómetros del pueblo, detrás del llamado huerto de la Fausilla un manantial, hoy sin explotar, que arroja nueve metros cúbicos de agua potable, fina y excelente, y que para ello debe el Ayuntamiento adquirir una tubería y conducir el agua al indicado lugar”. Se aprueba por unanimidad.
                
            Sin embargo, los habitantes de la diputación de Escombreras, a cuya demarcación pertenecía la Fuente de La Fausilla, se sintieron agraviados, y con fecha de 17 de marzo de 1932, elevaron una protesta al Ayuntamiento de Cartagena firmada por todos los vecinos en varios folios, porque según decían en ella, también necesitaban agua y desde mucho tiempo atrás, venían manteniendo disputas con el dueño de la finca por su derecho al aprovisionamiento de tan preciado líquido, y nunca habían tenido el apoyo de los concejales.
            Después de la protesta de los lugareños de Escombreras nunca más se supo de la proyectada conducción de aguas de la Fausilla hasta Alumbres.

            Las aguas del Taibilla
            El proyecto de dotar a Cartagena y su comarca de agua potable es antiguo, si bien empieza a tomarse en serio a partir del siglo XVIII, y especialmente desde finales del siglo XIX con la fundación de varias compañías de aguas, aunque es en 1927, fecha en que se funda la Mancomunidad de los Canales del Taibilla cuando se consolida un ambicioso y sólido proyecto, a pesar incluso de que la definición se estuvo retrasando por diferentes circunstancias hasta los años 40, y fue en mayo de 1945 cuando la Mancomunidad comenzó a dar servicio a la Ciudad Departamental y a extenderlo por la comarca.
Entrada al recinto del Parque Rafael de la Cerda-Tentegorra (Canales del Taibilla). Foto: Francisco Atanasio Hernández
            En reunión celebrada por el Comité Ejecutivo de la Mancomunidad el 22 de octubre de 1947, se adjudicaron las obras de la instalación del depósito de aguas en Alumbres y la conducción de éstas a Escombreras, a la Sociedad Entrecanales y Tábora.
            En el mes de julio de 1948, la Sociedad Francoespañola de Explosivos solicitaba permiso para realizar una derivación de la conducción de aguas a Refinería, para dar servicio a su factoría de Alumbres (Garrabino), aceptando ciertas condiciones entre las que destacaban la provisionalidad de la conexión, hasta que el Ayuntamiento de Cartagena pudiera hacerlo y sin perjuicio de las necesidades de la Refinería, además de que los gastos irían a cargo de la empresa solicitante y que el coste por metro cúbico sería de 0,60 Pts.

            Sin embargo, no sería hasta 1949, cuando el pueblo de Alumbres comenzara a utilizar las mencionadas y tan necesarias aguas. El 16 de agosto de ese año, coincidiendo con la festividad de San Roque, patrón del pueblo, tuvo lugar la inauguración del servicio de agua potable del Taibilla, cuyo memorable acto estuvo dirigido por una comitiva formada por el Alcalde de Cartagena, el Ingeniero Director de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla y la Comisión de Fiestas del momento, además del cura y el médico, como era obligado en esos tiempos.

            Lo primero que se hizo fue una misa con toda la solemnidad posible, oficiada por el cura del pueblo y cantada por el Coro de la Caridad.
            Terminada la misa, todo el cortejo acompañado de numerosos vecinos, se dirigieron a la plaza de la Iglesia donde se encontraba una de las fuentes públicas que habría de proveer de agua al poblado y tras ser bendecida por el cura y ejecutados los discursos de rigor, el alcalde abrió el grifo, dando por inaugurado éste. Posteriormente dirigieron sus pasos a la plaza de la Escuela, cuyo grifo abrió el Director de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, quedando abierto al público también.
         Pero la fiesta comenzó el día de la Virgen, con la celebración de una batalla de flores que encabezaba una carroza representando una fuente como preludio de lo que habría de venir a Alumbres, detrás iba otra titulada “Mi barca”, a esta le seguía una que representaba un patio andaluz, y finalmente, de forma humorística desfilaba un carro con un depósito que decía “Adiós Alumbres no te volveré a ver más”, burlándose del carro del Tío Borete, el aguador, que durante mucho tiempo había estado surtiendo de agua a los vecinos a un elevado precio.
Aguador en las obras de la refinería. Foto: Luis Manzanares
Tiempo después se dispusieron otros dos grifos en las casas del Portazgo, uno en la fachada lateral de la casa del “Molinero”, y otro enfrente de la tienda del “Bigotes”.

Durante la década de los ´50 se fue extendiendo la red de distribución de aguas por el pueblo y los vecinos pudieron disponer de agua del Taibilla en sus propias viviendas, mientras tanto, el agua se transportaba a las casas en cántaros de barro, a base de músculo unos y por medio de carretones otros, el caso es que nunca faltara agua en las tinajas de los domicilios.