jueves, 30 de junio de 2016

FUNDACIÓN DE LA CRUZ ROJA DE ALUMBRES (1ª PARTE)

            La fundación de la Cruz Roja de Alumbres tuvo como precedente un trágico accidente laboral que costó la vida de 9 personas y que puso de relieve las deficiencias que el pueblo padecía, porque estaba totalmente abandonado por las autoridades políticas del municipio. Sin duda alguna, la mejoría que obtuvo el pueblo lo había pagado ya con un precio muy alto.
Foto: Proyecto Carmesí
        El día 30 de marzo de 1926, a poco más de la una de la tarde, se producía una tremenda explosión en la fábrica de Unión Española de Explosivos de Alumbres (Garrabino) que se pudo escuchar en toda la sierra minera.

       Al lugar de la explosión se personaron numerosos alumbreños, hombres, mujeres y niños ofreciendo su colaboración en lo que pudiera hacer falta- aunque no pudieron pasar al recinto de la fábrica por estar prohibido- entre los que se encontraba el médico del pueblo que de inmediato se dedicó a auxiliar en lo posible a las víctimas del trágico accidente.

           También hay que destacar la benéfica labor de la Cruz Roja de La Unión, El Llano del Beal y Cartagena que de inmediato se pusieron en camino hacia Garrabino y antes de media hora ya estaban allí asistiendo a los heridos, rescatando de los escombros a las víctimas, y trasladándolas al hospital de la Caridad de La Unión.

El efecto de la explosión era impresionante, donde estaba el taller de lavado de nitroglicerina sólo había un tremendo socavón humeante y entre los escombros algunas víctimas. La onda expansiva también acabó con todos los cristales de la fábrica y con las cubiertas de los demás edificios.
Explosión en Garrabino 30-3-1926 Foto: Casaú
En este accidente murieron 9 trabajadores y resultaron heridos 6 hombres y 5 mujeres.
            Las víctimas mortales del fatal accidente fueron: Emilio Grossi; José Aranda Hernández; José Palazón Nicolás; José Legal; Juan Hernández (hijo); Pedro Fuentes; José Conesa Pedreño; Pedro García Conesa; Juan Martínez.

            En aquellos cutres años de la dictadura de Primo de Rivera, Alumbres, era un pueblito más de la sierra minera, y los políticos sólo aparecían por aquí cuando sucedía alguna desgracia colectiva o en campaña electoral, por eso no es de extrañar que a los caciques y su coro de palmeros los veamos dirigiendo todo tipo de organizaciones, y las benéficas eran muy importantes para hacer carrera política y para que no se escapara nada a su control y llegado el caso, estar en el lugar oportuno en el momento oportuno, y cada vez que realizaban una mejora en el pueblo, por pequeña que fuese, allí se montaba el día de Acción de Gracias y de discursos políticos correspondiente ¿No sé porqué me sale esta frase, ahora que no hablo de los políticos de la actualidad? ¿Será porque la falta de escrúpulos y el oportunismo de los políticos de aquélla época se manifestaba de la misma manera que la podredumbre institucional y política actual?  Quizás.

El caso es que, de resultas del trágico accidente de Garrabino se generó un torbellino de declaraciones que duró varios días en la periódicos de la época, en las que se trataba sin rubor el afán de protagonismo de unos y otros personajes de la farándula, incluso el alcalde de Cartagena, Alfonso Torres, se dignó visitar el pueblo, prometiendo la realización de diversas reparaciones de calles, rambla, puente, iglesia, etc., etc., ya que su situación era caótica, producto del total abandono, además de la habilitación de una vivienda del pueblo como Casa de Socorro que estaría a cargo de la Cruz Roja, ya que el pueblo carecía incluso de farmacia.
Garrabino 1926. Foto: Casaú
            El día 7 de noviembre de 1926, en el tren de las dos y media de la tarde llegaron a la estación de Alumbres diversas autoridades militares, religiosas y de la Cruz Roja de la ciudad portuaria, así como varios miembros de la Cruz Roja de La Unión y del Llano del Beal, y allí les esperaban, el párroco del pueblo Sr. Fernández Cano, el médico Sr. Luciano Estrada, así como otras personalidades. También esperaban allí la Sección Ciclista de la Cruz Roja de Cartagena.

Desde la estación se dirigieron todos a la casa del Sr. Estrada que era donde debía de celebrarse la reunión que iba a presidir el Arcipreste D. Pedro Gambín Pérez, acompañado por los Sres. Fernández Cano y Luciano Estrada.

            Después de los discursos protocolarios de rigor, se iba a fundar La Cruz Roja de Alumbres, la cual estaría dirigida por la Junta Directiva que se nombró al efecto: Presidente: D. Luciano Estrada Maureso (médico del lugar); Vicepresidente: D. Juan José Fernández Cano (cura párroco); Secretario: D. José Martínez Madrid; Tesorero: D. Andrés Martínez Cao; Contador: D. Antonio Ruiz Laguna; Vocales: D. Francisco Maruenda; D. José Hernández Ojados; D. Francisco Pérez Vidal; D. Fernando Raja Hernández; D. Lorenzo Pérez; D. Pedro Caparrós Galindo; D. Ángel García; D. Antonio Maciá Sánchez; Ambulancia. Practicante: D. Amalio Martínez; Auxiliar: D. Vicente Samper; Oficial: D. Pascual Martínez; Sargento: D. Ginés Morales; Cabo: D. Juan Conesa; Camilleros: 16 personas (cuyos nombres no menciona la prensa de la época).
         Terminado el acto, el Sr. Estrada invitó a los presentes con dulces y licores, y después marcharon a visitar el local donde se iba a instalar la Casa de Socorro a cargo de la Cruz Roja de Alumbres y que se pensaba ubicar en la Plaza del Dr. Estrada, recientemente bautizada como tal.

            Posteriormente, el día 19 de noviembre, la prensa publica una nota en la que la Reina Victoria Eugenia de Battenberg, ratificaba el nombramiento de Luciano Estrada Maureso como presidente de la Cruz Roja de Alumbres.

            No obstante, la toma de posesión de la Nueva Junta Local de la Cruz Roja de Alumbres, se llevaría a cabo el 23 de enero de 1927, durante un acto protocolario realizado en la casa del Dr. Estrada y al que nuevamente asistieron diversas personalidades de la Cruz Roja.
Local propiedad de la Cruz Roja en plaza Dr. Estrada. Foto: Francisco Atanasio Hernández
Finalmente el día 3 de julio de 1927 se inauguraba la Casa de Socorro de Alumbres, con presencia de personalidades de la Cruz Roja de Cartagena, La Unión y Llano del Beal, y autoridades civiles, políticas, militares y religiosas de la ciudad departamental y del pueblo, nuevamente en un acto solemne, donde cada una de las personalidades de la mesa dedicó un discurso cargado de emoción y buenas intenciones a los presentes.
          Como siempre que se celebraba algo en aquellos tiempos, no faltó a la cita una banda de música haciendo sonar los acordes de La Marcha Real y otras piezas de igual naturaleza.
            El local de la Cruz Roja fue bendecido, como era de obligado cumplimiento en la época, por el Arcipreste Pedro Gambín, auxiliado por el párroco del pueblo Juan José Fernández Cano.


miércoles, 22 de junio de 2016

TERESA CASTA AMEDIAS

Dedicado a ti,                              TERESA CASTA AMEDIAS
con toda mi desconsideración.

            -¡Aleluya!, ¡albricias!, ¡eureka!, ¡hemos triunfado!, ¡ídem...!, digo... eso, ¡lo mismo que antes! Joder tú, con la emoción me he hecho un lío que para qué contar.
            La Santa, como se conocía a Teresa Casta Amedias, gritaba y saltaba lo que su orondo y pesado cuerpo le permitía, porque no es fácil mover alrededor de 120 Kg de peso repartidos en no más de 120 cm. de altura. Las medidas de la mujer ideal, 90-60-90 guardaban una respetuosa distancia con las de Teresa, las cuales se aproximaban más a las de los modelos de Botero, 130-150-140, pero aún así ella se mostraba feliz y jovial, porque su hallazgo iba a dar mucho que hablar, y posiblemente supusiera para ella la tan ansiada inmortalidad.
 Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
            Y no era para menos, la Santa, acababa de encontrar la clave del misterio de las tres marías, pues todos los testimonios escritos, de la amplísima documentación que había consultado en su ya larga y hasta ahora ingrata labor de altruista investigación, le confirmaban con certidumbre meridiana, la veracidad de los principios rectores de la doctrina que desde hacía mucho tiempo venía propagando entre sus fieles seguidoras, en su abnegada actividad apostólica. Y es que, la primera mujer que se entregó a la lucha, cuerpo a cuerpo, y en todas las posiciones conocidas e inimaginables, contra el poder omnímodo de los hombres, fue una tal María, aunque eso sí, aún no había conseguido  saber a ciencia cierta, si se trataba de aquella María que anunciaba las sabrosas galletas María, y que en su día llamaron María la Portalera, o María la de las Madalenas, más conocida como María Magdalena en círculos femeninos, por su amplísimo historial de renuncia y dedicación, e incluso se especula con la posibilidad de que se tratara de una tal María Mariguana, como se la conocía  por entonces a ésta,  porque al parecer padecía potentísimas obnubilaciones orgásmicas en el acto. No obstante, la Santa, aún no había dado por concluidas sus investigaciones, y continuaba estudiando la calavera de María, y lo que quedaba de algo parecido a un rudimentario preservativo de esparto picado, hallado entre los restos óseos de las entrepiernas del cadáver en cuestión, encontrado en las prospecciones que la misma Agrupación Pastoral de Mujeres de la Magdalena venía llevando a cabo en el conocido Patio de los Olivos, propiedad de ella misma. 
            Por eso, la Santa, se sentía muy molesta con los arqueólogos del lugar que le tomaban el pelo, menospreciando su trabajo de investigación y sus sabias deducciones. Pero ella insistía en que, ni mucho menos, se podían desdeñar sus grandes conocimientos sobre las gentes de aquellos tiempos, de hecho, el hallazgo del preservativo de esparto picado no era un caso aislado, porque había que recordar aquel otro hallazgo de un rótulo en granito en el que se podía leer: “FÁBRICA DE CHUBASQUEROS DEL PITO”. Y que dicho sea de paso, fue la causa que motivó a tantos tragaldabas, de esos que siempre están al acecho para traducir en votos, sus gestas sociales con el bolsillo de todos, para apoyar económicamente sus investigaciones, a pesar incluso, de la abierta oposición del Colegio de Arqueólogos, que pretendía entrar allí ¡en propiedad particular, tú!, a realizar las prospecciones y los análisis que consideraran necesarios. Por lo tanto, era inevitable relacionar ambos asuntos, porque todo ello, venía a confirmarle las sospechas de que ya por entonces existían controles de natalidad, y una industria adecuada a las necesidades y a las posibilidades de la sociedad de su tiempo, así lo demuestra la documentación, y otros testimonios encontrados hasta la fecha.
-Aquellos sí que eran hombres inteligentes. Entonces deseaban a las mujeres entradas en carnes como yo, y no flacuchas como las prefieren ahora  -murmuraba con cara de nostalgia.
            El fervoroso ingenio de la Santa, parecía tener respuestas para todo, incluso había elaborado una teoría sobre la evolución del preservativo a lo largo de la historia, -que ella deseaba poder publicar algún día en un libro memorable- según ésta, el primer condón conocido era precisamente este de esparto picado, de muy larga tradición entre nuestros ancestros. Posteriormente, parece ser que los cristianos de las catacumbas, descubrieron la eficacia anticonceptiva de los preservativos de tripas de cabrito o de jabalí, aunque a decir verdad, parece ser que entre los antiguos fueron más aceptados los de tripas de cabrito por su mayor sensibilidad, de hecho, este condón supuso una auténtica revolución, porque en muy poco tiempo, no sólo desplazó totalmente al primitivo condón de esparto picado, sino que además, se puso de moda el cabrito, la carne de cabrito, los cuernos de cabrito, las patitas de cabrito, la piel de cabrito, etc. Las gentes más progresistas tomaron como mascota a un cabrito, para que nunca faltara en casa una de esas tripitas tan estimadas como necesarias, si bien, su fabricación tuvo que ser puramente artesanal y clandestina, pues su producción, venta y distribución, estuvo igual de prohibida y perseguida como los antiguos cristianos y su doctrina, aunque los más progres siempre supieron escaparse de las poderosas fauces de los leones. Pero la verdadera revolución de este popular producto, comienza en la primera mitad del siglo XVIII, con el descubrimiento de la vulcanización del caucho, que extendió por toda Europa la utilización de los primeros preservativos modernos, hasta la actualidad en que ya se pueden adquirir condones de diversa naturaleza, desde los de talla estándar hasta los de longitud y diámetro súper, o desde el condón de color a gusto del consumidor hasta los de sabor a manzana, naranja, frambuesa, cereza,  limón, etc. 
Los amplísimos conocimientos teóricos de la Santa sobre la historia, desarrollo, e incluso de la gran diversidad de calidades sobre el condón eran inigualables, sólo que hasta el presente, ningún hombre le había ofrecido la oportunidad de probar uno de ellos, así que, siempre que hablaba de condones terminaba proclamando con cierto orgullo su peculiar virginidad. 
            Singularmente humilde, siempre decía a sus muchachas que todos esos magníficos descubrimientos, nunca les tenían que hacer perder de vista la generosa misión que las había puesto en la senda del esclarecimiento del sagrado misterio.
            -De momento, es conveniente recordar que esta mujer fue un ejemplar único, hasta el punto, de que la mayoría de las polémicas que se han desatado, lo han sido, en torno a la difícil comprensión de su peculiar personalidad, tres historias diferentes para los restos de un solo cuerpo, y un único espíritu verdadero -decía jubilosa la Santa.
            -¡Los que hoy nos odian, mañana nos adorarán! No os quepa duda de que algún día, este pueblo, tendrá que reconocer el inmenso esfuerzo, los muchos sacrificios que nos ha supuesto la grandiosa obra  de desvelar uno de los más antiguos misterios de la humanidad. Ya lo estoy viendo, aquí mismo, en nuestro Patio de los Olivos, harán esculpir un grupo escultórico con tres imágenes femeninas que representarán a cada una de nosotras, y debajo un rótulo dorado que dirá, “A la eterna memoria de la Agrupación Pastoral de Mujeres de la Magdalena”.
 Dibujo: Francisco Atanasio Hernández

            El misterio estaba ahí, habían tres historias diferentes y el denominador común de un espíritu aventurero y combativo, que impregnaba hasta la médula las tres vidas del único esqueleto humano que podía sustentar la teoría elaborada por Teresa Casta Amedias, a partir de un texto biográfico de María -que sólo ella había visto- hallado entre los restos arqueológicos de la antigua biblioteca de Alejandría, y cuya autoría se atribuye a una tal Ambrosia Patraña -contemporánea de Judas Iscariote y Pilatos, se cree que es la escritora más antigua-, es cortito pero muy clarificador.

            María la Portalera, es la primera María que aparece en la biografía de Ambrosia Patraña, y al parecer, se la conocía así, porque entre otras virtudes, tenía la de conocer la vida y milagros de sus convecinos, hasta el punto de que disponía de un archivo, organizado en orden alfabético, de  todos y cada uno de los vecinos del pueblo, y contenía  nombre y apellidos, dirección, profesión, trabajo, ideología, gustos artísticos, tendencia sexual y vicios.
            En un principio, María y sus convecinas, aprovechando que sus respectivos esposos estaban enviciados en el casino y se pasaban la mayor parte del tiempo jugándose el dinero al julepe, comenzaron a matar el tiempo con un inocente juego al que llamaron “Plantar nabos en el bosque”. Y todos los días se iban a uno de los pocos vergeles que había por allí cerca a jugar con varios amigos del barrio, los cuales se turnaban con sumo placer en todo, incluso en la menos grata labor de garantizar el adecuado entretenimiento de los viciosos maridos. Todo sacrificio estaba bien empleado con tal de asegurar el placer y la tranquilidad colectiva.
            Pero esta María, tenía muchas más virtudes, y la mayor de ellas era su fanática afición a las lapidaciones masculinas -nunca asistía a las lapidaciones de mujeres-, de donde procede su obra más edificante, pues fundó la “Sección Femenina para la Lapidación Varonil”, con las otras dos inseparables vecinas de su mismo rellano. Instaló la sede social en una de las habitaciones de su propio domicilio, y según parece, salvo un corto período conflictivo, nunca faltó a una lapidación, y siempre lo hacía acompañada de sus dos abnegadas  discípulas y la pancarta de rigor que las identificara entre el mujerío, además de una buena selección de puntiagudas piedras en el zurrón, para la activa participación en el espectacular ajusticiamiento.
            Un día, las mujeres de la Sección Femenina para la Lapidación Varonil, pensaron que había llegado el momento, de que su perseverante e ingrata lucha por la defensa y mantenimiento de la más clásica de las tradiciones populares, obtuviera un reconocimiento de los poderes públicos, y creyeron que podían empezar por dejarles entrar gratis al recinto, pero el portero, que era un hombre sencillo y cabal que sólo quería cumplir con sus obligaciones a rajatabla, se negó rotundamente a ello, en tanto no recibiera instrucciones precisas que así se lo ordenaran, y entonces se enzarzaron en una agria discusión que pronto degeneró en un cruce de insultos, con resultado claramente desfavorable para los intereses del portero.
            -¡Vamos a casa! -dijo imperativamente María a las suyas.
            Cuando llegaron, se fue directamente a por su archivo particular, y buscó con manifiesta ansiedad la ficha de Rafael Izquierdo.
            -¡Aquí está!, ¿A ver qué tengo aquí?, ¡Caramba! Pues parece que no tiene nada importante en su historial.
            -Bueno y qué, María, tú nos enseñaste, que cuando el enemigo no tiene ninguna podredumbre que ocultar se le inventa, ¿o no es así?
            -Pues claro chicas, hasta ahí quería yo llegar, que sea él, si es capaz, quien demuestre que no es verdad lo que le vamos a imputar.
            Durante los cuarenta días siguientes, María y las suyas, estuvieron yendo a la puerta del lapidatorio a repartir panfletos y desplegar una pancarta que decía así: “PORTERO VIOLADOR QUEREMOS JUSTICIA”. El cuadragésimo día llegaron allí dos alguaciles muy serios, y después de leer una circular por la que se comunicaba que a partir de aquel momento y en adelante, la entrada al lapidatorio sería gratuita para todas las mujeres, detuvieron al portero y lo condujeron hasta el lugar donde iba a ser apedreado hasta la muerte, por un enfervorecido ejército de mujeres que clamaban venganza inmediata.
            Poco más se sabe, unos dicen que las luchas internas por el control de la dirección condujeron al grupo a su autodisolución, otros, que se incorporaron a un grupo más numeroso donde las tres amigas siguieron ocupando cargos de dirección en su Comisión Ejecutiva, los más, piensan que a María la Portalera la hicieron funcionaria, con la condición de disolver el molesto grupito.
Cannabis Sativa
            María Mariguana, era natural como la vida misma, como lo son los verdes campos, como lo son las montañas, los mares, los vientos,... Le gustaba la vida tal cual venía y apuraba cada instante como si fuera el último que le quedara por consumir. Todo lo verde lo escudriñaba con fervorosa devoción, todo lo verde lo disfrutaba con verdadera ansiedad.   Le encantaba recolectar amapolas y zambullirse lujuriosamente en el manto de colorados capullos que salpicaban los verdes trigales. Le gustaba perderse de cuando en cuando en lo más intrincado del bosque, para emborracharse de verdes y fantásticos sueños.
            Sin duda alguna, la mayor originalidad y contribución de esta virtuosa mujer, está en que fue la primera que ejerció un derecho fundamental, como el del trabajo, en pie de igualdad con los hombres. La oportunidad se le presentó un día que se encontraba en el bosque, fumándose unas hermosas hojas de cannabis, que ella misma recolectaba por allí, cuando llegó un fornido caballero montando un blanco corcel, y aprovechando que no se veía a nadie más por el lugar, sin cortarse un pelo, se bajó rápidamente del caballo y abrazando decididamente a María, le propuso hacer el amor allí mismo y en ese preciso instante, a lo que María no opuso resistencia alguna sino todo lo contrario, y retozaron y gritaron de placer en el mullido colchón de hojarasca, una vez, y otra, y otra vez más,... durante todo el día, hasta que estando fumándose uno de los liados de María, él pensó que era hora ya de echarle algo de alimento al desfallecido cuerpo, y la invitó a su rica mansión. Allí estuvieron recluidos largo tiempo, jodiendo y jalando cuanto tuvieron gana, pero el caballero se hartó de joder y jalar siempre lo mismo.
Amapolas
                -Oye María, ¿tú qué otra cosa sabes hacer bien?
            -Yo sé hacer muchas cosas, pero como me encantan las armas de fuego y el bosque, me gustaría ser guarda forestal.
            -¡Eso está hecho María! En adelante, te vas a encargar de guardar aquel bosque donde nos conocimos, y te asignaré el mismo salario que al guarda que tengo en el bosque de más al Sur. Allí te haré construir una cabaña y nunca me olvidaré de ti.
            El tiempo fue transcurriendo perezosamente entre los cuelgues de María y los polvos del caballero sobre la mullida hojarasca del bosque, que por cierto cada vez eran menos frecuentes. Pero María era una mujer de muchos recursos, y en despecho al manifiesto abandono del que estaba siendo objeto, creó un sindicato al que llamó “Comisión de Guardabosques”, y lo primero que le reivindicó al señor, fueron garantías sindicales para los del gremio, y licencias retribuidas para los representantes. Ya no tuvo tiempo de más, porque, sin saber cómo, se desató un descomunal incendio que calcinó todo el bosque, y con él se esfumó también todo vestigio posterior de María Mariguana.
Pozo artesano en las Escarihuelas.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
            María Magdalena, es la mujer de la que Ambrosia Patraña habla más extensamente y con más precisión. Se pasaba el día trabajando de sol a sol,  en las cercanías de un pozo artesano que había en el borde del camino, para alimentar a su numerosa prole. Paseo para arriba, paseo para abajo, hasta que veía llegar a un posible cliente. Entonces se le acercaba despacito, y sacando pecho le tentaba palpándose los senos hacia arriba.
            -¿Oye mozo, quieres beber de estas fuentes?
            -Claro que sí, pero, ¿cómo te llamas hermosa?
            -No te preocupes, ya verás como cobro menos de lo que me merezco.
            Y lo conducía zalamera hasta una pequeña cueva que había en la rambla cercana, donde vendía amor a los necesitados. Así, una vez, y otra, y otra vez más, y un día, y al otro, y todos los días del año se corría como una jibia por el ramblizo la virtuosa mujer.
            El inagotable manantial de generosidad de la Magdalena era todo un prodigio. Allí fueron expresamente, a beber de las fuentes de la Magdalena, hombres llegados de muy lejos, y de muy diferente naturaleza, y a ninguno le faltó nunca su relajante sorbito de amor a un precio  realmente asequible.
            Un día de esos, pasaba por allí un rico mercader y pensó descansar un rato mientras abrevaban los animales de carga, cuando se percató de la presencia de la hermosa María apoyada en el brocal del pozo, y entonces decidió echar una cana al aire, pero por lo visto echó muchas más de una, porque estuvo con María siete días y siete noches, al término de los cuales, le propuso un lucrativo negocio.
            -María, si tú quisieras, podríamos hacernos de oro. Yo te construyo, aquí mismo, un edificio de dos plantas con veinte o treinta habitaciones, y un bar recreativo que sirva a los viajantes de lugar de ocio y distracción, y tú te encargas de que estén bien atendidos.
            -Pero un negocio así supondría dedicación plena durante las veinticuatro horas del día, y serían necesarias más personas para atenderlo.
            -Efectivamente, pero de su dotación humana y organización práctica del trabajo te  encargarías tú, y los beneficios los repartiríamos a medias.
            -Me parece bien, si tú pones el dinero yo me encargo de lo demás.
            -Entonces no se hable más y manos a la obra.
            Un mes más tarde se inauguraba el “Hostal de la Magdalena”, y aquel mismo día comenzaba a dar suculentos frutos, el intenso trabajo al que habían estado sometidas las 16 mujeres -15 contratadas y la propia María-, para calmar la insaciable sed de los beduinos.
            Mucho tiempo después, una de las chicas, contrajo una extraña enfermedad venérea y no se pudo hacer nada por salvar su vida, y luego comenzaron a caer enfermas, una tras otra, todas las demás mujeres, incluida la propia María Magdalena, y aquella especie de plaga, empezó a diezmar el ejército de mujeres y la clientela, y llamaron a un reputado curandero, pero desconocía el remedio para combatir la rara enfermedad.
            Desesperadas como estaban, con el negocio cerrado, esperaban resignadas el desenlace final de cada una de ellas, cuando llegó por allí un hermoso joven que dijo conocer el remedio para su enfermedad.
            -Si os arrepentís de vuestro pecaminoso pasado sanaréis de inmediato.
            -¿Quién eres tú, para ofrecer tanto por tan poco?
            -Yo soy el profeta Tutías y si confiáis en mí seréis recompensadas.
            -Bueno chicas, como no tenemos nada que perder podemos arrepentirnos, y a ver qué pasa.
            -De acuerdo, de acuerdo -dijeron todas a una.
            -Entonces, durante siete días tenéis que beberos, cada una, un vaso de este brebaje que os he preparado. Y ahora, decid todas conmigo: “Yo me arrepiento de todos mis pecados”.
            Y cuando el profeta terminó de murmurar las últimas palabras mágicas, que seguían a las anteriores, se fue de allí sin más.
            Siete días y sus correspondientes bebedizos después, aquellas mujeres recuperaban su salud y sus muchas ganas de vivir.
            -¡Milagro!, ¡Milagro! -gritaron todas.
            En aquel mágico momento, María Magdalena y sus muchachas, juraron servir en cuerpo y alma al profeta, y transformaron el burdel en un santuario, en honor de Tutías, y un obligado lugar de peregrinación anual para las fieles devotas de la doctrina feminista de las Mujeres de la Magdalena.

Un día de aquellos que esperaba encontrar su colosal e inmortal foto en la portada de los periódicos más importantes del país, y pasar a la posteridad con el reconocimiento social de su generosa aportación a la ciencia, a la teología y al feminismo sobre todo, la Santa, se levantó muy tempranito, como casi siempre, porque ella decía que “A quién madruga Dios le ayuda”, y adormilada como iba pasó por el kiosco de José y pidió su periódico, se lo metió bajo el robusto brazo izquierdo, -porque ella era diestra, eh- mientras sacaba dinero del monedero para pagarlo. Así llegó al “Bar Estupefacción”, del que era cliente habitual, buscó su mesa favorita y gritó:
-¡Pepe, lo mío!
-Enseguida va.
Y con toda tranquilidad, se dispuso a esperar el servicio, mientras miraba curiosa por la ventana a la gente que pasaba de un lado para otro a toda prisa y se dijo,
-Yo no sé cómo alguna gente puede derrochar tanta energía antes de desayunar.
En ese preciso instante hacía acto de presencia el camarero cargado con un vaso de café con leche de un palmo y dos raciones de porras, que casi no llegaron a emparentar con la mesa, porque antes, cuando aún no habían llegado a su destino, ya le había echado la mano al plato.
-Que le aproveche señorita -le dijo el camarero.
-Gracias -respondió la Santa, con la boca llena de un apetitoso churro.
Cinco minutos después, el superdesayuno, había sido trasegado a sus sebosos michelines.
-Bueno, ahora ya se puede incluso pensar.
            Cogió el periódico y comenzó a leer el titular.
-El profesor Saturnino, califica de fantasmada esperpéntica el supuesto descubrimiento de los restos de María, puesto que este esqueleto, tiene exactamente cien años nada más. ¿A saber de dónde habrán sacado esos huesos? Por lo tanto, añadió, esa tal Teresa que se atribuye la gesta científica, es tan sólo una farsante embaucadora, porque no está cualificada para tales investigaciones, ya que el único título académico que posee es el de, Certificado de Estudios Primarios, que como también se ha podido comprobar, le fue expedido hace dos años sin que conste en ningún centro de estudios la realización del preceptivo examen de aptitud.
            -Este periódico ha tratado de ofrecer la opinión de la señorita Teresa Casta Amedias, pero no ha sido posible dar con su paradero.


            La Santa, realizó una extraña mueca con la boca, y en el mismo instante en que movía sus grasientas caderas para acomodarse, se escuchó el fuerte chasquido de la silla de madera al romperse, e inmediatamente, retumbaba en el recinto el estrepitoso golpe de sus inmensas nalgas y todo lo que arrastraban consigo en el enlosado suelo, y allí se quedó, con el culo al aire, unos interminables segundos, en los que pensó en la poca educación y las malas entrañas que tenía alguna gente, que en lugar de ayudarle a levantarse se reían de ella.
 Dibujo: Francisco Atanasio Hernández

lunes, 13 de junio de 2016

LA ERMITA DEL CALVARIO DE ALUMBRES

 Preámbulo.
         Durante muchos años he sentido la necesidad de desentrañar el misterio que escondían las ruinas del lugar que siempre hemos llamado la Ermita del Calvario, sin embargo, hasta no hace mucho tiempo seguía sin tener ni un solo indicio que me condujera a la búsqueda de su origen y razón de ser.

            Es verdad que como la mayoría de los críos del pueblo de mi generación, alguna que otra vez estuve allí arriba por cualquier razón, pero sólo recuerdo haber visto una pequeña construcción ruinosa, el techo derruido y las paredes medio derribadas, donde tiempo atrás hubo un oratorio según decían nuestros antepasados.

            A los historiadores que nos gusta ceñirnos a la verdad, aunque a veces no la digamos toda porque entre otras razones queramos evitar herir ciertas sensibilidades, a la hora de escribir sobre un acontecimiento o lugar, procuramos hacerlo desprovistos del apasionamiento que puede conllevar el relato de un hecho o lugar entrañable que te señala directamente al corazón, o sencillamente a tu forma de pensar, todo ello con el fin de ser lo más fiel y correcto posible en el relato histórico.
Ermita del Calvario de Cartagena. Foto: Francisco Atanasio Hernández
A todo esto, no se puede negar que Alumbres es uno de los pueblos más antiguos de la comarca, y que para llegar hasta aquí, casi cinco siglos después de iniciarse el poblamiento, ha tenido que atravesar por difíciles momentos que a veces amenazaron su existencia, y ello le ha hecho acreedor de cierto respeto y simpatía de los pueblos de alrededor y por extensión del Ayuntamiento de Cartagena, aunque a veces no se manifieste con la nitidez que se merece.  
            El caso es que, la comunicación oral sobre todo y alguna que otra publicación escrita, indujo a la mayoría de los alumbreños a realizar su propia interpretación sobre el origen y la historia religiosa de la construcción del Calvario deseosos de que se valoren sus cosas, su historia, su contribución al progreso y su sacrificio solidario.

            Sinceramente nunca he sido amigo de las historias sin argumentos, y por ello he guardado mucha cautela con  un asunto de una naturaleza tan sensible como la que trato en el presente artículo.

            Siempre he procurado tratar con el máximo respeto a las personas y sus ideales, sobre todo si ese tratamiento es correspondido, y me consta que muchísimos, la inmensa mayoría, de esos alumbreños/as que son fieles creyentes y no descreídos como yo, respetan mis opiniones y mis escritos como yo lo hago con ellos y con sus ideas, aunque siempre haya alguna excepción.
Virgen de la Soledad-Rincón de la Soledad en Cartagena.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Valga este preámbulo para introducirme en el fondo del artículo que no es ni más ni menos que el origen y la historia del santuario del Calvario de Alumbres.

            Precedente devocional a la Virgen de la Soledad
El domingo 22 de marzo de 1874, al poco de terminarse la guerra del Cantón, se celebró una procesión que salió desde la iglesia de Alumbres, donde al parecer estuvo custodiada la imagen de la Virgen durante la contienda, pasando por Escombreras hasta su altar en la ermita del Calvario de Cartagena.
            Ese día fue una fiesta, y en Escombreras la procesión acompañada de banda de música de Alumbres, fue recibida por las autoridades del barrio y las personas más destacadas de la localidad, y sus calles y fachadas estaban engalanadas de colgaduras, banderas, gallardetes, flores y arcos de triunfo, y hubo suelta de palomas a su paso por las calles del pueblo y misa de Acción de Gracias en la capilla preparada por los Sres. de Aguirre y Salafranca.
Virgen de la Soledad en la fachada de la ermita del Calvario de Cartagena.  
Foto: Francisco Atanasio Hernández
Luego la procesión siguió su camino hasta el destino de la Virgen de la Soledad en el monte Calvario.

Conflicto con la Iglesia
Antes que nada voy a abordar un conflicto que hubo entre los vecinos feligreses de Alumbres y el Obispado entre el mes de mayo de 1885 y agosto de 1888, y que para mí es el origen del santuario, bien para utilizar el edificio construido para otra misión, bien para cauterizar las heridas causadas durante el conflicto, lo que supondría una pronta reconciliación.

En mayo de 1885 después de 40 años en Alumbres, se destinaba al cura D. José María Pérez, a Alpera, y como consecuencia se iniciaba una controversia entre el Obispado y los feligreses alumbreños que intentaron evitarlo por todos los medios. El hecho lo he conocido porque dos vecinos del pueblo, J. A. Soriano Hernández y P. Martínez Sánchez publicaron en El Eco de Cartagena una carta pidiéndole al Director del periódico que les ayudara a evitar el traslado de tan querido cura.
Sin embargo, la decisión de la autoridad eclesiástica fue inflexible y días después mandaba un nuevo cura al pueblo, que fue recibido con “…ruido de cacerolas, cencerros, caracoles, almireces y latas de petróleo y al día siguiente, aparecieron por la mañana en las esquinas unos letreros que decían: ¡Fuera el Cura!”
La respuesta de represalia del Obispado fue inmediata y trasladó al cura a La Unión, cuya parroquia dependía de la de Alumbres hasta ese momento, haciendo a la parroquia de Alumbres depender de la de La Unión a partir de entonces.
Tanta tensión se generó entre los fieles alumbreños, que según el Eco de Cartagena de junio de ese año, se publicó una carta de Alumbres en Las Provincias de Levante, en la que “…se aseguraba que aquellos vecinos han acordado, separarse de la Iglesia Católica y abrazar el protestantismo, para lo cual parece ser que está habilitando una capilla y buscando un ministro de aquel culto.”
Las represalias del Obispado siguieron creciendo y el 18 de agosto cuatro parejas de la Guardia Civil trasladaron desde Alumbres a La Unión el archivo parroquial.
El mismo periódico, tres años después, en agosto de 1888, publicaba “El archivo de la parroquia de Alumbres que se hallaba provisionalmente en La Unión, ha sido restituido a aquella por orden del Sr. Obispo.”

Origen de la Ermita del Calvario.
           Me he permitido la licencia de realizar un dibujo de lo que yo creo que fue la planta del edificio religioso del que hablamos y que sólo es una idea personal según los restos que he visto.
Dibujo del santuario según los restos de los cimientos. Elaboración propia
            Los restos del oratorio, según mi punto de vista, ofrecen los siguientes datos:
            Se trataba de una construcción de planta rectangular, de unos 6 m de largo por 4 de ancho, (el interior es de algo menos 5,20 x 3,20 aproximadamente) levantada sobre muros de piedra y cal de unos 40 cm de grosor, a la sala principal estaba adosado un pequeño compartimento en la esquina noroeste de 1,70 x 2,30 aproximadamente.
El interior de la construcción estaba enlucido con gruesa capa de yeso. Por los restos de teja que hay esparcidos por el lugar, el techo debió de estar cubierto de ese material.
Restos del santuario lado Noreste.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
Tuvo dos vanos abiertos en la pared orientados al Sureste, y otro mirando al Norte, y aunque todo indica que uno, o los dos huecos del Sureste debieron de ser puertas de acceso, no tengo claro qué función pudo tener el de la pared Norte, y por tanto, esto que digo, hay que tomarlo como una conjetura. 
Según los resultados de las investigaciones que he realizado sobre el Calvario, este oratorio fue construido por iniciativa de un grupo de mujeres que fueron calificadas como “Asociación de Mujeres Piadosas” a finales del siglo 19, siendo párroco del pueblo Fernando Gallego Pérez y coadjutor de la parroquia Miguel Puche.
Restos parte del camarín adosado.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
Días antes de su inauguración diversos medios informaban de la construcción del edificio religioso en lo alto del Monte Calvario sufragado por medio de “…limosnas de aquellos vecinos y especialmente  del Sr. Cura…”    
El sábado 8 de noviembre de 1890, sería un día importante para los fieles alumbreños, pues ese día “…tuvo lugar la bendición del nuevo oratorio dedicado a la Virgen de la Soledad, ante la inmensa concurrencia de fieles que a presenciar dicho acto acudió al monte”.
            Al día siguiente, domingo, fue un día de júbilo y gozo para estos alumbreños, después de celebrada una función religiosa en la iglesia del pueblo con toda la solemnidad que estos casos requieren “…salió una magnífica procesión con dirección al monte, llevando en andas a la nueva y preciosa imagen de la Soledad, acompañada del clero, autoridades y la mayor parte de los vecinos del pueblo”.
            Durante todo el trayecto de la comitiva hacia el monte, se escucharon el constante repicar de las campanas mezclado con los acordes de la banda de música del Regimiento España y los repetidos estampidos de los cohetes que se lanzaban al aire “El inmenso gentío que a la Virgen acompañaba, y el aspecto del monte cuajado de innumerables personas, formaba un maravilloso concierto y daba al pueblo un aspecto nunca visto de alegría.  Hasta la naturaleza parecía formar parte en esta fiesta luciendo un espléndido sol, y sin que la más ligera nubecilla se atreviera a aparecer sobre el horizonte por temor de empañar el hermoso color azul de la bóveda celeste”.
            Cuando la procesión llegó a la ermita ésta se encontraba engalanada en abundancia con llamativos adornos y profusamente iluminada, y después de colocar  a la Virgen en su camarín se le dedicó un cántico de acción de gracias (Te Deum) y una salve a cuatro voces con acompañamiento de armonio (armonium). Por la tarde volvió a repetirse la salve a cuatro voces y el lunes por la mañana se celebró una misa a tres en el nuevo santuario.
            El cronista terminaba su informe con palabras de elogio a las devotas mujeres que habían hecho posible el oratorio y el acto de exaltación religioso y cómo no, al cura del pueblo “Loor al virtuoso párroco D. Fernando Gallego y al joven y digno coadjutor D. Miguel Puche, que infatigables en el desempeño de su sagrado ministerio, procuran a toda costa librar a esta población del indiferentismo religioso, que cual enfermedad contagiosa invade pueblo tras pueblo, comprometiendo la tranquilidad y bienestar de sus vecinos”.
            De esta manera tan poética terminaba el cronista su relato, manifestando su total satisfacción con la fiesta religiosa que había contemplado en esos días, seguramente de forma activa.

            Después de ésta no he encontrado ninguna otra noticia de la Ermita del Calvario de Alumbres, lo que me induce a sospechar que el experimento no tuvo mucho éxito y a los pocos años pudo abandonarse el oratorio, aunque de la lectura de algunos párrafos del escrito se pueden sacar algunas conclusiones.

Por último, quiero decir que, vendedores de humo siempre los hubo, y en períodos de crisis económica, moral y espiritual, como la que acabo de tratar, y que no por casualidad, se parece mucho a la que actualmente estamos viviendo, estos profesionales del confusionismo se multiplican, rebuscando en la basura del pasado fantasías que ilusionen a los parroquianos, e  investidos de falso patriotismo y sobrados de inmoralidad, en su afán de confundir el respeto por la tradición con el más exacerbado conservadurismo, no es de extrañar que hagan resurgir una “Asociación de Mujeres y Hombres Piadosos”  de esos que te rechazan y desprecian, discriminan y censuran porque no piensas como ellos, o te enseñan los músculos y te amenazan con “reventarte” en cuanto les llevas la contraria (los matones son muy tradicionales), pretendiendo reconstruir un pasado que solo fue un ejercicio ilusionista más.

miércoles, 1 de junio de 2016

DE LOS ORÍGENES Y EL FINAL DE LA MINERÍA

             Con este trabajo, solo pretendo presentar un resumen del origen del poblamiento de Alumbres y la sierra minera, y el fin de esta antigua actividad con el desastre ecológico como telón de fondo, pues existen extensos trabajos realizados por especialistas que pueden aportar más claridad para aquellos que deseen profundizar sobre el tema.

La explotación de los recursos mineros de la sierra de Cartagena-La Unión es muy antigua, confirmado por los numerosos pecios encontrados en nuestras aguas, entre los que se puede destacar el de un barco de origen fenicio del siglo VII a. C. hundido en la Isla Grosa, que transportaba plomo, estaño y manufacturas púnicas. Además disponemos también de un testimonio arqueológico singular, y es el yacimiento del poblado ibérico del siglo V a.C. en Los Nietos, donde se encontraron piezas metálicas junto con cerámicas ibéricas y áticas, que por la ubicación costera del poblado y su cercanía a la sierra minera de La Unión le confiere un carácter comercial, donde se intercambiaban productos derivados de la minería por mercancías procedentes de Grecia, Sur de Italia y el Mediterráneo Oriental.
El Cabezo Rajao al fondo de la imagen. Foto: Francisco Atanasio Hernández
           
El Cabezo Rajao. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            El dominio cartaginés de la comarca supuso también una primera fase en la explotación de las minas de plomo y plata de Cartagena-La Unión, que al parecer sacaban del Cabezo Rajao.
            Los romanos explotaron las minas en galerías y a cielo abierto, por lo que se cree que es de esta época la explotación de un filón de galena argentífera en el Cabezo Rajao. A finales del siglo II se abandonaron las minas al considerarlas agotadas.

            En otro tiempo, a este entrañable lugar para los pobladores de la zona, se le llamaba el Cabezo de la Raja o de la Granada, y además de plata proporcionó también otros minerales entre los que cabe destacar el plomo, zinc y alunita.
            La alunita, es el mineral por el que, después de un proceso de transformación se fabrica el alumbre, y cuyas propiedades eran ya conocidas en la antigüedad. En el siglo IV a.C. el filósofo griego Teofrasto mencionaba ya el alumbre, y los romanos conocían sus propiedades cicatrizantes, antibacterianas y desodorantes.

El Cabezo Rajao cuna del poblamiento de Alumbres
El Cabezo Rajao es ante todo un emblema del pueblo de Alumbres, pues aunque hubo otras minas de alumbre en las cercanías y en el resto de la comarca, todo indica que es aquí donde se encontraba el mineral más puro y en cantidad rentable.
            Cuando en 1445 las minas de alumbre de Bizancio caen en manos de los turcos, se produce un encarecimiento del producto en el mercado, y tanto en España como en el resto de Europa se buscan yacimientos que puedan sustituirlos.
Es hacia 1520 cuando se descubre un yacimiento de alumbre en el Cabezo Roche, en las cercanías de Alumbres, cuya explotación fue concedida a D. Francisco de los Cobos por el Rey Carlos I, y por medio de varias provisiones reales, fechadas finalmente el 8 de enero de 1535, se le eximía de la obligación del pago de las Alcabalas, Almojarifazgos y otros derechos. Además se le autorizó a cortar la madera que hiciera falta y acarrear y acercar el agua necesaria para la fabricación del alumbre.
            El monarca le concedió también la construcción de un poblado formado principalmente por cristianos viejos, a cuyos pobladores les otorgaría el derecho a sembrar, pacer y cortar en los términos del poblado como vecinos del Obispado de Cartagena, e igualmente les eximiría del pago de Alcabalas de todo lo que se vendiera en el poblado para el mantenimiento, vestido y calzado de la gente, además de todas las preeminencias, franquezas y libertades que disfrutaban los vecinos de la ciudad de Cartagena, y también le autorizó a construir todo lo que fuera preciso para la fabricación del alumbre.
Mina La Manolita- La Parreta.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Poco a poco se comenzaron a construir viviendas para los obreros y sus familiares y para el personal encargado de la explotación minera, así como lo necesario para la fábrica del alumbre. Con el incremento de la industria, Los Alumbres Nuevos que era como se le llamaba entonces para distinguirlo de Los Alumbres Viejos de Mazarrón, fue desarrollando y diversificando su actividad con otras de carácter ganadero y agrícola en la que el trabajo del esparto ocupaba ya un espacio laboral.
La actividad minera se reduce de forma notable a partir de 1575, y  hacia 1591 se deja de producir el alumbre por el cierre de las minas. El memorial de Martín Cifuentes de 1599 es muy clarificador al respecto, ”…ahora, como las dichas fábricas han parado totalmente más de 8 años, ha venido el dicho pueblo en tanta disminución y menoscabo que ni las torres son de provecho ni hay vecinos en él, sino dieciocho o veinte que solo viven de buscar plomo y coger esparto, sin tener como no tienen otras haciendas ni labores.”
Posteriormente, hacia la segunda década del siglo XVII, se explotaría la almagra, que era un residuo resultante de la fabricación del alumbre, y que se utilizaba para la pintura artística, para la fabricación de cerámica y también para la fabricación del tabaco.
A finales del siglo XVII se empiezan a explotar las minas de plomo de La Parreta, y posteriormente, en el nuevo auge que tomó la minería en la zona, a partir de mediados del siglo XIX contó con varias minas dentro del Complejo Minero de La Parreta. La Manolita, La Lolita, S. Simón, S. Camilo, S. Eloy, La Despreciada, S. Roque, S. Antonio…y dispuso de Lavadero (S. Ignacio), y fundición.
Logo de la empresa en la fachada de las oficinas.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
De las más cercanas al pueblo se podría mencionar también la denominada Celestino, porque aún se pueden ver sus huellas a la entrada del pueblo por El Portazgo, aunque desde hace unos años, sus terreras, se están poblando de plantas autóctonas sobre todo.
En 1825, durante el reinado de Fernando VII, se promulgó la ley de minas que liberalizó el sector y por la que se pudo iniciar prospecciones mineras sin necesidad de obtener licencia real.
A mediados del siglo XIX,  en 1840 concretamente, D. Agustín Juan, registró las minas a su nombre para explotar el alumbre, bajo la denominación de Esperanza, San Antonio y Santa Catalina, e instaló una pequeña fábrica al Norte del Cabezo de la Raja. Al principio obtuvo buenos resultados, pero la falta de agua le obligó a transportarla desde largas distancias, por lo que no le fue posible continuar la fabricación del alumbre a causa de la poca rentabilidad que obtenían sus productos.
Por lo tanto nuevamente se abandonaron y fue D. Francisco Dorda quien en 1852 las adquirió en propiedad para la extracción de plomo y otros minerales.
Este nuevo período minero daría lugar al establecimiento de nuevos poblados en la sierra minera como El Garbanzal, La Unión y El Llano del Beal.
Terreras de la mina Celestino en Alumbres, pobladas con plantas autóctonas principalmente.
 Foto: Francisco Atanasio Hernández

Primera mitad del siglo XX.
A principios del siglo XX, los medios de vida de la mayoría de la población alumbreña dependían principalmente de las minas de La Unión, El Gorguel y La Parreta, aunque también había algunos empleados en el Arsenal, en La Maquinista de Levante de La Unión, y en la Fundición de San Isidoro de Escombreras, además, Garrabino ocupaba a muchos hombres y mujeres del pueblo. Por supuesto, tampoco faltaban las labores agrícolas y ganaderas, aunque en menor cuantía.

Los sueldos de los mineros eran muy pequeños, pero los empresarios, en sus ansias de enriquecerse lo más rápidamente posible, se ingeniaron un sistema de retribución por medio de vales, los cuales tenían que ser canjeados por artículos en los almacenes o tiendas que, o eran de su propiedad, o el propietario era un familiar, o amigo, que recibía una comisión por la venta, con lo que crearon un círculo por medio del cual, los obreros que cobraban por este sistema veían reducida la capacidad adquisitiva de sus salarios de forma alarmante. Por tanto, los trabajadores que cobraban su salario en dinero, podían considerarse satisfechos respecto a los que cobraban con vales.
Los bajos salarios de entonces, no les permitía a los obreros derrochar el dinero, e iban y venían del trabajo en el medio más económico, aunque eso les supusiera un esfuerzo añadido al duro y penoso trabajo que tenían que realizar en las largas jornadas laborales. Cuando los mineros que trabajaban en las minas del Gorguel, volvían a sus casas de Alumbres de madrugada, se les veía bajar por la Cuesta Agria, por las teas que llevaban para alumbrarse en los difíciles caminos de la sierra.
Los minerales eran transportados por caminos de tierra, por recuas de mulas hasta el puerto de Cartagena, y aunque el ferrocarril redujo el transporte de minerales en carromatos, al principio coexistieron y se complementaron.

La crisis de la minería y las movilizaciones obreras.
La crisis de la minería comienza con la guerra de 1914, y alcanzó magnitudes dramáticas en 1927, pero en ese intervalo de tiempo se había producido un fuerte movimiento migratorio de la mayoría de la población minera hacia lugares como Barcelona, Orán, Argentina, etc.
En 1913, se fundó en Alumbres la Sociedad Obrera de Socorros Mutuos “Armonía”, que tuvo mucha importancia en un momento en que no existían seguros sociales para los trabajadores, eran las Sociedades de Socorros Mutuos o mutualidades, las que cubrían la asistencia médica y farmacéutica, e incluso algunas cubrían un seguro de vida.
El inicio de la Primera Guerra Mundial, trajo como consecuencia incremento de paro, incremento de la inflación y pérdida del poder adquisitivo de los salarios, movilizaciones obreras y emigración.
Desde mediados de 1915, hasta cerca de 1920, los trabajadores de la Comarca adoptaron posturas reivindicativas más radicales, coincidiendo con el incremento de la conflictividad laboral a nivel nacional, son dirigidos por la unidad de acción de las dos grandes centrales sindicales proletarias del momento, UGT y CNT.
La fuerte inflación y el incremento de paro en 1916 se hace insoportable para los trabajadores, pues la subsistencia se convierte en una empresa muy difícil de conseguir.
Durante este año de 1916, en la sierra minera se van a suceder huelgas y manifestaciones continuamente. Entre todas ellas cabe destacar la huelga general de febrero a marzo de 1916, durante la cual se dio lugar el luctuoso acontecimiento del Descargador de La Unión.
Aquel día estaba toda la sierra en huelga y los trabajadores se habían reunido en asamblea en la Casa del Pueblo del Llano del Beal. A la vuelta a casa los obreros de Alumbres y La Unión, al pasar por el Descargador y ver salir humo de la fábrica de Pío Wandosell, pretendieron saber si los trabajadores que había dentro lo hacían voluntariamente o coaccionados, pero el teniente Mancebo de la Benemérita que mandaba la guarnición, primero los engañó haciéndoles esperar, y más tarde, en lugar de permitir tan noble y civilizado requerimiento como es el de la información, mandó a los suyos disparar despiadadamente sobre los trabajadores indefensos, matando a 7, e hiriendo a decenas de ellos. Entre los fallecidos se encontraba un alumbreño, Valentín Escobar Callejón de 46 años.
En 1980, se puso el nombre de Siete de Marzo a una calle de La Unión para que no se olvide.

Por entonces las movilizaciones obreras fueron cuantiosas con resultado ciertamente variado, si bien, en la mayoría de los casos en los que los trabajadores consiguieron arrancar mejoras a los empresarios, inmediatamente después pudieron ver de qué poco les servía, porque casi ninguna empresa cumplía los pactos alcanzados con los trabajadores.
La escasa voluntad de las empresas de cumplir los acuerdos con sus obreros, porque eso les reducía sus descomunales beneficios, junto con la proliferación de los sindicatos amarillos en la sierra minera, propició la inutilidad de las luchas obreras por mejorar sus condiciones de vida y trabajo.
Así, en 1918, se constituyó en La Unión, la sección unionense del “Sindicato Católico Obrero de Mineros Españoles”, cuyo lema era “Unos para otros y Dios para todos”, y el día 20 de diciembre del mismo año, le tocó constituirse en Alumbres, que entonces ni siquiera disponía de local, el cual se inauguró en 1919. Tenían muchas prisas por descabezar al movimiento obrero combativo de la sierra minera, y no podían esperar a tener un sitio donde reunirse. 
Por esas fechas los sindicatos católicos estaban considerados por los trabajadores como sindicatos amarillos, no sólo porque eran fomentados por la Iglesia, sino por las similitudes que existían entre los planteamientos sociales de estos sindicatos y la patronal, o con los de los sindicatos creados por los propios empresarios como “La Legalidad”, obra sindical exclusiva de Maestre, que ofrecía a los trabajadores que se afiliaran a ese sindicato descuentos en las compras de su almacén, y regalos como el carburo y otros beneficios nada desdeñables para las economías de aquellos tiempos, que sin duda, hacía fácil presa de los trabajadores más necesitados.
El 21 de enero de 1919, se creó en Alumbres la Sociedad “Los Intransigentes”, una de las más importantes asociaciones obreras de la época en el pueblo, que después pasó a llamarse “La Envidiable”, y estaba ubicada en donde estuvo el Casino del Parrandero. En 1931, se levantó un edificio en la misma calle para la organización a la que se le denominó “Casa del Pueblo”, y que posteriormente los franquistas requisaron tras la rebelión militar. Por cierto, un amigo alumbreño nonagenario, me contó que en el local había una foto que recordaba a los mineros fallecidos el 7 de marzo de 1916, y un dirigente de los fascistas alumbreños de la época se ensañó con ella y tras tirarla al suelo la pisoteó hasta destrozarla.
Después de 1919, la etapa se caracteriza por el descabezamiento de las organizaciones obreras, y un descenso de las movilizaciones que se prolonga a lo largo de la década de 1920.
Sin embargo, se tiene constancia de una huelga en agosto de 1923 llevada a cabo por los trabajadores de La Parreta, al parecer con resultados positivos.

La dictadura de Primo de Rivera
La desmovilización de los trabajadores se agudiza durante la dictadura de Primo de Rivera de 1923-1929, que persiguió y reprimió duramente a los comunistas y a los anarquistas de CNT, cuya importancia como vanguardia en el mundo laboral de esos tiempos, era indiscutiblemente superior a la de otras organizaciones obreras como los amarillos y la UGT, que en lugar de oponerse a la dictadura se aprovechó de ella para fortalecerse.
            Entre los años 1924 y 1926, se recurrió a la intensificación de la producción utilizando para ello la superexplotación del obrero por medio de la prolongación de la jornada.
Se cree que de 1924 a 1925 creció en 2000 personas la población de La Unión, no obstante, todo era en parte, pura fantasía, porque a partir de 1927 la crisis de la minería se manifestó con toda su crudeza. La mayor parte de su población, al quedarse sin trabajo, empezó a abandonar la sierra y se marchaban a otras regiones, o se embarcaban en el puerto para otros países. Los dueños de las viviendas al quedarse desalquiladas las derribaban para vender los materiales, y el Ayuntamiento, para evitar que se siguieran destruyendo casas, puso un impuesto que gravaba el derribo de viviendas.
La crisis minera se intensificó desde principios de 1927, y sin embargo, la actitud obrera de resignación ante esta difícil situación contrastaba con la actitud combativa que había estado manteniendo en años anteriores. En el cuartel de la guardia civil se elaboraban listas de trabajadores en paro, con el propósito de llamar primero a los trabajadores de la localidad anotados, y evitar que se metieran antes a obreros de otros lugares.
Después de la crisis económica mundial de 1929, la ciudad de La Unión continuó su declive a pasos agigantados, cerraban los comercios y todo tipo de negocios, y la gente se marchaba de allí en masa. Pero la crisis de la sierra minera de La Unión afectó también a sus alrededores, de tal manera que en la ciudad de Cartagena cerraron también empresas de prestigio.
Sirvan como datos meramente orientativos que ilustren los efectos de la crisis de la minería en la población alumbreña, que a principios de 1900, había más de 3700 habitantes en la diputación, y a mediados de siglo unos 2200 en la diputación y 1300 en el pueblo.

El final de la minería.
En 1946, Peñarroya compró su participación en la Sociedad Zapata Portman, a la familia Maestre Zapata (descendientes de D. Miguel Zapata Sáez, más comúnmente conocido como el Tío Lobo, legendario minero que a finales del siglo XIX llegó a ser propietario de la mayor parte del negocio de la minería) y entonces comenzó la explotación a cielo abierto, y el mayor desastre ecológico de España y el Mediterráneo, con los vertidos al mar de los estériles mineros a partir de 1958.
Mina Nuestra Sª. de las Mercedes en La Hoya.  Foto: Francisco Atanasio Hernández

El cacho de pan de los mineros.
En la década de 1950 quedaban muy pocos trabajadores en Alumbres que se dedicaran a las labores de la minería, y a principios de la década de 1960 cerraban todas las minas del Gorguel y de La Parreta.

Algunos de nuestros mayores estuvieron trabajando en las minas hasta que cerraron y mientras tanto mantuvieron la costumbre de que cuando volvían a casa después de las duras jornadas de trabajo a las que estaban sometidos, siempre lo hacían con un cacho de pan de reserva y un trocito de companaje (embutido), con sabor a pirita y manganeso en el trapo, para que los hijos, que no iban muy sobrados de alimentos precisamente, pudieran disfrutar encontrando algo que llevarse a la boca cuando buscaran en su interior. Mi padre fue minero en su juventud y lo recuerdo con el poema siguiente.
CON TU ESTIGMA
Voy tras tus huellas
pegado al suelo
como una sombra.
Y descuelgo del archivo
de mi intimidad
la videohistoria
que aún conservo
con marca registrada
de una imagen infantil estereotipada.

Rastreo en las galerías
donde el barreno te hizo hombre
y rebusco ansioso por el trapo,
como un cachorro entusiasmado,
un cacho de pan de reserva
rebozado de pirita y manganeso.

Encuentro tus ansias
brillando en la blenda
y un día tras otro
pisándote los talones
me encuentro colgando
la luna a tu puerta.

Voy tras tus huellas
pegado al suelo
como un peregrino.
Y me aferro a las cadenas
de tu infortunio
como un fantasma impenitente.

Te encontré en el aire
practicando el vuelo libre,
pero era tarde
en el reino del oscurantismo,
y las tinieblas
se abatieron despiadadas
sobre tus despojos.

Busco en el aire un alivio
pido a los astros
su infinito entendimiento
y un torbellino de pasión
desenfrenado, me estremece
las entrañas.

Y respiro por fin
el influjo denodado
de un algo de libertad
indomable, que guareció
la envoltura
de tu sereno semblante.

Voy tras tus huellas
portando tu estigma
sin temor al fuego.

La desaparición definitiva de las labores propias de la minería en la sierra de la comarca llegó después de que Peñarroya España, presentara un Plan Estratégico de Adaptación Competitiva en el Ministerio de Industria en 1987, en cuyo momento comenzó el último episodio de ésta actividad.
Ya en 1988, Peñarroya – España, vende la explotación minera a Portman Golf, S.A. que en esos momentos, se suponía que se trataba de un grupo de voluntariosos empresarios de la tierra, que se hacían cargo de la empresa con la intención de mantener la actividad minera y los miles de empleos que en ese momento estaban siendo amenazados, entre directos, indirectos y por el llamado efecto dominó, pero todo fue un espejismo, incluso hoy, después de lo visto, se podría decir que en realidad, se representó una obra de teatro en la que los teloneros mejor pagados de la historia se llenaron los bolsillos en un solo acto.  
Ahí se puede ver el chorro de estériles y la zona de alrededor +- 9 m. de profundidad colmatada ya
 
En 1990, el Lavadero Roberto, cesó de verter estériles al Mar Mediterráneo, con la bahía de Portman colmatada y totalmente desconocida, y en 1991, Portman Golf, que era en esos momentos el nuevo propietario de la Sociedad, decidió cerrar sus instalaciones, previa negociación de las indemnizaciones por despido de los trabajadores, pero sin obligación de poner un duro para la recuperación del medio.

Entonces terminó definitivamente la más larga tradición laboral de la sierra de Cartagena-La Unión, y por la que algunos oscuros personajes con pocos escrúpulos amasaron grandes fortunas, a costa de la salud y de la vida de los obreros, y la irreversible degradación del ecosistema, todo ello con la inestimable colaboración de los poderes públicos de turno.