lunes, 6 de marzo de 2017

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES DE TEMÁTICA VARIADA

Un rayo en El Zaraiche.
El día 28 de agosto de 1786 hubo en este pueblo una nube que cuajó una exhalación en la casa que hay al otro lado del puente que llaman de la Tía María Manuela, y una nieta de esta que se encontraba en la sala del entresuelo, la que hay en la parte de poniente, limpiando una cómoda, le dio sobre la cabeza quedando muerta en el sitio: la víctima tenía 21 años y era hija de D. Salvador Mercader”.
Curiosamente, en la primera mitad de los años cincuenta del siglo pasado, hacia 1955, en una vivienda del Zaraiche que hay subiendo al molino, justo en la parte de arriba de la vía, una madrugada lluviosa acompañada de aparato eléctrico, vino a caer un rayo y abrió un impresionante boquete en el terrado del dormitorio, y toda la instalación eléctrica quedó carbonizada, el estruendo se escuchó en el pueblo como una bomba, y la mayoría de los vecinos, lloviendo y todo, se acercaron por allí a ver qué había pasado. A pesar de la peligrosa espectacularidad del accidente producido por la naturaleza, no hubo víctimas humanas que lamentar, sólo las pérdidas materiales. En la actualidad esta vivienda, totalmente reformada, es propiedad de la familia de Loli Mercader y Jesús González.

Hasta la implantación del ferrocarril Cartagena-La Unión el 14 de octubre de 1874, el transporte de los minerales en toda la sierra minera se realizaba por medio de carros y animales de carga, y aunque al principio ambos sistemas coexistieron y se complementaron, poco a poco, el tren fue sustituyendo el transporte por otros medios, por lo que no a todo el mundo le agradó la idea del tren, sino todo lo contrario, y generó  numerosos casos de agresión con piedras y otros objetos.
Máquina “Alumbres”. Foto: Ángel Roig Meca
En la edición del 16 de marzo de 1899, El Eco de Cartagena publicaba:
”Anoche ocurrió en el camino de La Unión un caso de verdadero salvajismo, una mano criminal disparó un tiro al último tren descendente, que no tuvo, por fortuna, consecuencias funestas. La bala penetró por un cristal del vagón de primera y atravesando el ancho del carruaje fue a salir por el cristal opuesto. No es esta la primera agresión que contra el tranvía se comete. A pedradas ha sido acometido en ocasiones varias, pero la de anoche constituye el colmo de tan criminales atentados.
El susto de los viajeros fue tan tremendo como natural, porque el vagón iba ocupado por veintiséis personas. El atentado se verificó en las inmediaciones de la estación de Alumbres. Llamamos la atención de la policía sobre este asunto y esperamos que encontrará a los delincuentes para que lleven su merecido.”

La edición del Eco de Cartagena del 12 de septiembre de 1892 decía así “En el colegio establecido en Alumbres no pudo constituirse la mesa por no haber concurrido los interventores ni asistir elector alguno al colegio. Hoy lo ha sido con el Presidente y cuatro de aquéllos sin que se haya presentado a votar ni un solo elector”.

La caza furtiva con lazo y con hurón era una práctica habitual entre muchos de los vecinos aficionados, sobre todo por lo fácil y silencioso que suponía la consecución de unos conejos con los que aportar un complemento alimenticio a la baja dieta familiar de aquellos años cincuenta y principios de los sesenta del siglo XX pasado.
Cazadores habituales de estos métodos recuerdo al Manzanera y al Negrín.

Las nevadas en Alumbres y el año 1957.

            El día 21 de enero de 1957 nevó en Alumbres, y todas las calles, los terrados, los montes, los campos incultos, y los cultivos, se vistieron de blanca y fría nieve, y los críos jugamos con ella tirándonos bolas y amontonándola en forma de monigotes, mientras que los mayores recordaban aquello que dicen en otros lugares donde son más frecuentes las nevadas: “Año de nieves año de bienes”.

Alumbres nevado 1957. Foto: Pedro Nieto García
            Tuvieron que pasar 48 años para volver a ver nevar en Alumbres, Escombreras, Portmán, Cabo de Palos, La Manga del Mar Menor, y Playa Honda, y aunque parezca extraño, en Cartagena no llegaron a cuajar los copos de nieve que cayeron pues se derretían antes de tocar el suelo. El día 27 de enero de 2005, algo después de las 7’30 de la mañana, comenzaron a caer copos de nieve en Alumbres, y lo hizo durante más de cuarenta minutos, dejando su blanca huella para el recuerdo encima de los coches, en los terrados, en el molino, en las plantas y en los montes, y aunque no fue de la misma intensidad que la anterior, lo cierto es que la emoción embargó muchos de los corazones de aquellos que medio siglo atrás fuimos testigos también de la otra nevada.
            Después de la de 2005 no tuvimos que esperar otros 50 años para ver nevar de nuevo en nuestra tierra, pues el 18 de enero de este 2017 cayó una fuerte nevada en toda la zona incluyendo Cartagena.
Alumbres nevado 18-1-2017
            Una curiosidad más relacionada con las nevadas es que, tanto el año 1956 como el 2004, y el 2016, que son los que precedieron a los años en que nevó en Alumbres son de los llamados bisiestos, o lo que es lo mismo, aquellos que se repiten cada cuatro años y que el mes de febrero tiene 29 días, y el año 366 en lugar de 365.

El cacho de pan de los mineros.
Hasta principios de los años sesenta en que se cerraron las minas del Gorguel y de La Parreta, algunos de nuestros mayores estuvieron trabajando en ellas hasta el final, y siguieron manteniendo la costumbre de que cuando volvían a casa después de las duras jornadas de trabajo a las que estaban sometidos, siempre lo hacían con un cacho de pan de reserva y un trocito de companaje (embutido), con sabor a pirita y manganeso en el trapo, para que los hijos, que no iban muy sobrados de alimentos precisamente, pudieran disfrutar encontrando algo que llevarse a la boca cuando buscaran en su interior. Ahí pongo una octavilla relacionada con el tema que compuse hace muchos años.

PARA LLENAR EL PUCHERO
Qué triste sales minero
de casa para el trabajo
silencioso y cabizbajo
para llenar el puchero
y al llegar al agujero
recuerdas que más abajo
mal comido y con andrajos
te dejas el mundo entero.
El Rosita.
Pedro “el Rosita” era natural de Alumbres, pero en los años sesenta trabajaba en Francia y tenía en el pueblo a su familia en una vivienda solitaria que había junto a la vía, antes de llegar al puente que hay camino de la finca del Levita. Cada año, por lo menos, venía a ver a los suyos y en innumerables ocasiones, los jóvenes adolescentes de aquellos años tuvimos la oportunidad de escucharle contar historias extrañas y costumbres diferentes a las que estábamos habituados, pero sobre todo le escuchábamos muchas veces cantar en francés y en castellano el Himno Nacional de Francia, La Marsellesa, que entonces sonaba en los oídos de los jóvenes alumbreños como algo ininteligible que inclinaba a la diversión y a la risa, porque a veces, la ignorancia de aquellos a los que no les dejan ver más allá de la punta de sus narices, suele transformar en humorísticas las cosas más serias.
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Los relatos que siguen a continuación proceden del libro de Anselmo J. Sánchez Ferra “El cuento folclórico en Cartagena” -Revista de Antropología Murciana, a quien le agradezco que me haya permitido utilizarlos.
Los relatos los he transcrito con el lenguaje que se utiliza en el libro.

235. PLEITO POR EL SOL (Cuesta Blanca- pág. 299)
Con los de Alumbres también tuvieron los perineros un conflicto, pos bajaban los de Perín por las mañanas a Cartagena y llevaban el sol de cara. Subían por la tarde, otra vez el sol de cara. Y se discutían con los de Alumbres porque los de Alumbres iban por la mañana pa Cartagena, el sol d’espaldas, y por las tardes también lo tenían d’espaldas. Y no estaban conformes.

Nota: En El Albujón terminan diciendo que se metieron en juicio y que salió diciendo el abogado:
-Nada, nada, esto está solusionao.
Pagaron cada uno su duro que le correspondió y entoses el juez sentenció que tenían que hacerlo al revés, ir a Cartagena por las tardes y venirse por las mañanas.

615. ¡POCO TOCINO PARA MUCHA OLLA ! (Alumbres-Perín-págs. 628-629)
Era un noviaje. Ella era una buena señora, una buena jaca, ¿no? Y él era pequeñajo, ¿no? Y cuando estaban galanteando, como se galanteaba entonses en la entrada de las casas, vigilaos por toa la familia, pasaba el padre d’ella y desía:
-¡Je! ¡Poco tosino pa muncha olla!
Cada vez que pasaba. Y él ya estaba cabreao. Y llega el día que se casan, se casan y ponen una habitasión en la casa de los padres d’ella. Claro, la primera noche pues había quejíos, había gimoteos:
-¡Ay!- Que tal y cual.
Y desía la madre d’ella:
-¡Nene! ¿No oyes a la nena? ¿No oyes a la nena?
Y desía él:
-Bueno, sí, pero a mí déjame, déjame.
-¡Levántate a ver qué le pasa, que a lo mejor le pasa algo!
El marío va y toca en la puerta, dise:
-¡Nena! ¿Pasa algo, hija?
Y dise el marío, dise:
-¡No, que s’a hinchao el tosino y ahora no coge en la olla!
Foto: Francisco Atanasio Hernández 
278. QUEVEDO ENCIENDE EL NABO (Alumbres / Pilar de la Horadada págs. 364-365)
Se trata de D. Francisco Quevedo Villegas, qu’era un escritor. Sabía siete idiomas el tío. Bueno, pero claro, como vivía en la corte pues claro, él se invitaba a una resesión que daba la alta aristocracia de Madrí, y va allí a los salones aquellos, los criados le despojan del gabán, le cogen la chistera.
Pero claro, todavía la eléctrica todavía no estaba por las calles, y entonses la gente pudiente pos para alumbrarse por la calle pos llevaban una espesie de linternas que funsionaba por un cabo de vela, y muy adornaditas con las inisiales de cada uno. Porque claro, iban a una resesión de esas y a lo mejor había treinta, cuarenta o sincuenta linternas ¿no?; para identificarlas pos en fin, ponían sus inisiales, algunas con plata, otras iniciales de oro y tal.
Bueno, él está allí, atendiendo allí a los invitaos y tal, y había mujeres, claro. Y
donde hay mujeres, pos perdonen pero, no es que sean malas, pero son muy ocurrentes.
Y entonses, al ver a Don Fransisco allí disen:
-¡Oy mira, está Don Fransisco ahí! ¿Qué vamos a haser?
Para que dijera algo, ¿no? Y entonse va la más espabilá y dice:
-¡Ya está!
Van a la cocina de la mansión aquella, cogen un nabo, lo pelan, le dan forma de una vela, van a la linterna de Don Fransisco, le cambian el cabo de vela por el nabo aquel y lo dejan allí. Bueno, pues llega la hora de irse Don Fransisco, le ponen los criados su gaban, su chistera y tal, saca cerillas para encender y se da cuenta que aquello no era la vela, ¿no?, que era un nabo, y claro, se vuelve y estaban las mujeres por allí, pero nada, disimulando, y dise:

-La gran ocurrensia alabo
y merese alabansa eterna
la c’a puesto en la linterna
endeves de vela un nabo.
Yo sin reparar cogia al cabo,
pero al no querer arder
dije: nabo es en mi poder.
Presumo vuestra ansiedá,
pero no tengo facultá
para nabos ensender.
El nabo no hay que dudar
que está muy bien colocado.
La que l’a puesto es probado
que lo sabe manejar.
Pero si quisiera afinar
nabo de mejor paterna
y tiene la mano tierna,
pues venga a usar de su primor,
que tengo yo uno mejor
qu’el que ha puesto en la linterna.

544. LAS HERMANAS RE PARTEN EL TRAJE (Alumbres-págs. 565-566)
Eran tres hermanas que s’abían casao las tres con el mismo traje de novia y una vez casadas las tres pos las tres querían el traje. Desía la mayor:
-No, porque es que la mamá me lo compró a mí, porque soy la mayor.
Y la pequeña desía:
-Es que yo he sío la última y debería ser pa mí.
Bueno, pues dice la madre:
-Mirad, arreglarse vosotras, yo no quiero saber .
Y entonses acuerdan las tres de que la que hisiese cabrón al marido más a la vista y que no se enterase el marido, claro, que para esa era el traje. Claro, se ponen de acuerdo las tres y dise la mayor:
-¡Yo empiezo mañana!
Bueno, pues empieza mañana. Vivían en la plaseta de la iglesia,¿no?, vivían enfrente y ya se había puesto de acuerdo ella con el cura. Y llega el marido de trabajar del campo, hecho un adefesio, y dice:
-¡Ven p’acá, ven p’acá que me estás…! ¡Me untas las almohadas y a eso no hay derecho! ¡Ven p’acá!
Se ponen allí en la misma puerta, en la calle, ¿no?, en el portal, se ponen allí de frente a asearse. El cura qu’estaba preparado va corriendo:
-¡Pero bueno, esto qué es! ¡Esto es una sinvergoncería5! ¡Vamos, aquí en la calle hasiendo uso de matrimonio aquí! ¡Es que no tienen ustedes ahí su casa!
Dice el marido:
-¡Oiga, oiga, oiga usté, que yo no estoy haciendo !
-¿Cómo que no está hasiendo na? ¿Cómo que no? ¡Vaya usté p’allá! ¡Mire usté desde la iglesia p’acá!
Claro, el marido se va p’allá y el cura pos claro, lo hasía de verdá. Y llega disiendo:
-Perdone usté padre, pero sí parecía, paresía.
Esa ya era una. La segunda se había puesto de acuerdo con el médico, pues se finge enferma del vientre y le dise al marido que le había dicho el médico que tenía que ir a haserse un lavao vaginal y que tenía que ir el marido, porque claro…
Bueno, el marido va y le dice el médico al marido:
-Bueno, mire usté. Su señora no es que tenga na de importansia, pero necesita haserle un lavado con este líquido que yo tengo preparao aquí y tiene usté que ponerse este hisopo, esta brochita, ¿no?, tiene que ponérsela con este ungüento que yo le doy. Usté se lo pone ahí y hace usté uso de matrimonio y le toca usté, pero cuidao, no le toque usté por tal sitio porque la deja usté ahí, en el sitio.
Dice el marido:
-¡No, no, mire usté, hágalo usté porque yo, no sea el demonio que le toque algo
y la mato!
Dice el médico:
-¡Bueno!
Pos el médico la tiende allí en la cama y el médico se sube ensima y desía el marido:
-¡Si no fuera por el hisopo y la miel, yo diría qu’eso es joder!
El hisopo lo había mojao en la miel, dijo que había que mojarlo en miel.
Entonces quedaba la pequeña, ¿no? La pequeña se pone de acuerdo con el molinero, de un molino de los de antes, y cuando llega su marido le dice:
-Oye mira, tenemos que ir por harina que nos hemos quedao sin harina para comer.
-¡Bueno! ¡Mia que venir de trabajar yo y ahora ir por la harina!
-Vamos en un momento, hombre.
Cogen el burriquillo que tenían, se van al molino, el molinero les prepara una saca de harina y el marido no podía echar l’arina al burro.
-¡Me apuesto lo que vale l’arina a que yo os hecho a los tres, al saco, a tí y a tu mujer al burro!
Y claro, el marido, viendo l’apuesta ganá dise:
-¡Venga!
-¡Ven p’acá!
Lo tiende boca abajo ensima del saco.
-¡Tú, ven p’acá!
A ella, bocarriba, ensima del marío. Y hasía el molinero así (abrazando por debajo de la saca). Y desía ella:
-¡Maridito, que nos carga!
Y desía él:
-¡No será mientras haya marvas!
Porque se agarraba a unas marvas que había por allí pa que no los levantaran.
Así que ahora dime: ¿para cuala fue el traje? Pa la del molinero, porque lo hiso siendo colchón el marido.

Bibliografía:
-Anselmo J. Sánchez Ferra. El cuento folclórico en Cartagena-Revista de Antropología Murciana.
-Francisco Atanasio Hernández. Alumbres en el siglo XX.
-Francisco Atanasio Hernández. Lo que me quedó de Alumbres en el siglo XX.